La Razón descalifica hoy las manifestaciones de ayer contraponiendo el número de votantes, 22.971.350, con el de manifestantes, 125.000.
Es una comparación fácil que no creo que estuvieran dispuestos a sufrir en las manifestaciones organizadas por su cuerda (muchos de cuyos miembros, por otra parte, están de acuerdo con varias de las reivindicaciones del #15M, aunque no se sumen a ellas por motivos éticos o estéticos).
El problema es que ese número de votantes, 22.971.350, representa sólo a algo menos de 2 de cada 3 españoles con derecho a voto, y la suma de votantes de PP, PSOE, PNV y CIU (por sumar aquellos que en las generales de 2008 obtuvieron el segundo o tercer puesto en alguna comunidad autónoma) es de 15.855.897 votantes, cifra poco mayor que la de 11.710.762 personas que se abstuvieron. Teniendo en cuenta que medio millón de votantes (exactamente, 584.012) votaron en blanco y casi 400.000 (389.506) votos fueron nulos, esto arroja aproximadamente (*) la asombrosa cantidad de 28.540.177 votantes que no estaban de acuerdo con el PP, con el PSOE, con el PNV o con CIU... En una relación de más de 1,25 a 1 con los votantes de los partidos mayoritarios de cada circunscripción.
(*) Aproximadamente... usando los datos del ministerio del interior, donde no cuadran las cuentas: Votos totales=22.971.350; votos de todos los partidos elegidos + resto=21.993.987; votos a todos + resto + blanco=22.577.999; votos de todos los elegidos + resto + blanco + nulos=22.967.505, que excede la cantidad de votos totales.
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lunes, 20 de junio de 2011
viernes, 31 de diciembre de 2010
Prensa y Coherencia, esa dicotomía.
Del mismo modo que no tendríamos por qué elegir entre la hamburguesa y las patatas, entre el pan y el jamón serrano, entre el autobús y el asiento, tampoco deberíamos tener que elegir entre la prensa y la coherencia. Pero en lo que desde Larra hasta la transición ha venido en llamarse "este país", es difícil encontrar un diario coherente con sus propias afirmaciones.
En el último mes, en medio de esa furia legisladora que caracteriza el cierre del año (la ley orgánica de acompañamiento de los presupuestos, últimamente llamada de economía sostenible, es el embudo a través del cual se introducen anualmente las principales reformas de las normas existentes), se ha estrellado contra los muros parlamentarios la ley Sinde. Una norma que buena en sus intenciones, pero, sostenían los internautas, mala en cuanto a sus procedimientos.
Dejando aparte la disputa sobre si era necesario o no reformar por enésima vez en la década la ley de derechos de autor, merece la pena examinar la actitud de las líneas editoriales frente a la misma.
He de reconocer que no leo absolutamente toda la prensa española. Pero hasta prácticamente la mitad del año, La Razón, El Mundo, 20 minutos y ADN han estado disparando bajo la línea de flotación de la ley Sinde, concediendo más espacio a los argumentos de los internautas y menos a los de la Sgae. Irónicamente, para los mismos diarios que eliminaron el derecho de cita, para los mismos que acusan a Google de beneficiarse de los enlaces hacia sus webs, la actitud de las entidades de gestión era intolerable y causaba graves daños a los pequeños empresarios y a las telecos.
Y, de repente, todo cambia. A partir del verano empieza a concederse cierto espacio a los representantes de las entidades de gestión, si bien siempre equilibrado con el de los internautas. Se comienza a enviar un doble mensaje. Pero, hasta que no fracasa la ley Sinde, ningún diario se atreve a mostrarle su apoyo con grandes titulares.
Como en el caso de los grandes hombres, el reconocimiento llega tras la muerte.
No sé si la actitud de los diarios tiene que ver con alguna campaña de concienciación hacia la prensa lanzada por los autores o es que de repente los consejos de administración han llamado al orden a los redactores. Pero se ha perdido la ocasión de mostrar coherencia. Es cierto que (afortunadamente) la coherencia es un valor de izquierdas, y los diarios mencionados pertenecen a la derecha, cuando no a la reacción. Pero uno esperaría que sobre ciertos temas hubiera una línea editorial.
En el último mes, en medio de esa furia legisladora que caracteriza el cierre del año (la ley orgánica de acompañamiento de los presupuestos, últimamente llamada de economía sostenible, es el embudo a través del cual se introducen anualmente las principales reformas de las normas existentes), se ha estrellado contra los muros parlamentarios la ley Sinde. Una norma que buena en sus intenciones, pero, sostenían los internautas, mala en cuanto a sus procedimientos.
Dejando aparte la disputa sobre si era necesario o no reformar por enésima vez en la década la ley de derechos de autor, merece la pena examinar la actitud de las líneas editoriales frente a la misma.
He de reconocer que no leo absolutamente toda la prensa española. Pero hasta prácticamente la mitad del año, La Razón, El Mundo, 20 minutos y ADN han estado disparando bajo la línea de flotación de la ley Sinde, concediendo más espacio a los argumentos de los internautas y menos a los de la Sgae. Irónicamente, para los mismos diarios que eliminaron el derecho de cita, para los mismos que acusan a Google de beneficiarse de los enlaces hacia sus webs, la actitud de las entidades de gestión era intolerable y causaba graves daños a los pequeños empresarios y a las telecos.
Y, de repente, todo cambia. A partir del verano empieza a concederse cierto espacio a los representantes de las entidades de gestión, si bien siempre equilibrado con el de los internautas. Se comienza a enviar un doble mensaje. Pero, hasta que no fracasa la ley Sinde, ningún diario se atreve a mostrarle su apoyo con grandes titulares.
Como en el caso de los grandes hombres, el reconocimiento llega tras la muerte.
No sé si la actitud de los diarios tiene que ver con alguna campaña de concienciación hacia la prensa lanzada por los autores o es que de repente los consejos de administración han llamado al orden a los redactores. Pero se ha perdido la ocasión de mostrar coherencia. Es cierto que (afortunadamente) la coherencia es un valor de izquierdas, y los diarios mencionados pertenecen a la derecha, cuando no a la reacción. Pero uno esperaría que sobre ciertos temas hubiera una línea editorial.
domingo, 8 de marzo de 2009
La (para muchos, inexistente) clasificación por edades de los videojuegos
Admirable el artículo de Paloma Pedrero este sábado en la trasera de "La Razón". Admirable, digo, como ejemplo de la ignorancia que una generación entera tiene acerca del mundo de los videojuegos: "¿No llevan las películas una recomendación de edad?¿Por qué, entonces, los videojuegos violentos no la llevan?"
Me pregunto si habrá acompañado alguna vez a sus hijos a comprar videojuegos. Pues, en ese caso, sabría que no sólo llevan recomendaciones de edad, sino que —a diferencia de lo que ocurre en el cine— se indican los motivos que han llevado al fabricante a clasificar el juego: violencia, palabrotas, desnudez parcial, etcétera. Si compramos a nuestro hijo un videojuego que en los iconos de clasificación PEGI lleva un "+18", un puño y una jeringuilla, no podemos quejarnos si luego se trata de un juego hiperviolento.
PEGI es un sistema de autocontrol, al igual, por cierto, que ocurre actualmente con el cine. Y es cierto que no aparece en los videojuegos "independientes", por limitaciones evidentes de su productor —tampoco podemos esperar que estén clasificados muchos cortometrajes—, como tampoco en las descargas ilegales de cualquier tipo de contenido. Para este último caso, mis recomendaciones coinciden con las de Paloma: nunca deje al chaval "aparcado" frente al ordenador... y procure no cederle el puesto de administrador único de la computadora.
Para más información: http://www.pegi.info/es/index/
(Por cortesía, se ha enviado una copia de este artículo al diario citado).
Me pregunto si habrá acompañado alguna vez a sus hijos a comprar videojuegos. Pues, en ese caso, sabría que no sólo llevan recomendaciones de edad, sino que —a diferencia de lo que ocurre en el cine— se indican los motivos que han llevado al fabricante a clasificar el juego: violencia, palabrotas, desnudez parcial, etcétera. Si compramos a nuestro hijo un videojuego que en los iconos de clasificación PEGI lleva un "+18", un puño y una jeringuilla, no podemos quejarnos si luego se trata de un juego hiperviolento.
PEGI es un sistema de autocontrol, al igual, por cierto, que ocurre actualmente con el cine. Y es cierto que no aparece en los videojuegos "independientes", por limitaciones evidentes de su productor —tampoco podemos esperar que estén clasificados muchos cortometrajes—, como tampoco en las descargas ilegales de cualquier tipo de contenido. Para este último caso, mis recomendaciones coinciden con las de Paloma: nunca deje al chaval "aparcado" frente al ordenador... y procure no cederle el puesto de administrador único de la computadora.
Para más información: http://www.pegi.info/es/index/
(Por cortesía, se ha enviado una copia de este artículo al diario citado).
domingo, 16 de noviembre de 2008
cuando seis es igual a diez
Se trata de uno de esos casos que me desesperan, me irritan y me hacen pensar: "esto va directo al blog". Luego los dejo reposar y, dependiendo del nivel de irritación que me produzcan al segundo o tercer día, se quedan fuera.
No sé si alguno de vosotros vio el telediario del viernes en la primera. Podría dejar un vínculo aquí, pero puesto que caducará en cuatro días, no creo que sirva como prueba. El caso es que la periolista dijo algo así como "En los casi diez años que llevamos con el euro, es la primera vez que la eurozona entra en recesión". En realidad, creo que no dijo "en los casi diez años", sino "en la década".
Me resulta muy curioso el cálculo, puesto que 2008-2002=6, que son "algo más de cinco" y no "diez". Pero, claro, el problema es que los periodistas han redondeado en todos los pasos intermedios:
"2002 son casi 2000, y 2008 son casi 2010, o sea que 2008-2002 son casi 2010-2000, es decir, 10". Está claro lo erróneo del cálculo. El redondeo no goza de la propiedad transitiva (precisamente eso provocó el famoso fallo de los primeros procesadores Pentium) y sólo debe aplicarse como último paso del proceso. Por otra parte, usar "el siguiente número redondo" cuando se trabaja con una reducida serie de 10 números es demasiado.
Imaginen lo que pasaría si los profesores redondeásemos así la nota: todo el mundo sacaría un 0 o un 10.
No sé si alguno de vosotros vio el telediario del viernes en la primera. Podría dejar un vínculo aquí, pero puesto que caducará en cuatro días, no creo que sirva como prueba. El caso es que la periolista dijo algo así como "En los casi diez años que llevamos con el euro, es la primera vez que la eurozona entra en recesión". En realidad, creo que no dijo "en los casi diez años", sino "en la década".
Me resulta muy curioso el cálculo, puesto que 2008-2002=6, que son "algo más de cinco" y no "diez". Pero, claro, el problema es que los periodistas han redondeado en todos los pasos intermedios:
"2002 son casi 2000, y 2008 son casi 2010, o sea que 2008-2002 son casi 2010-2000, es decir, 10". Está claro lo erróneo del cálculo. El redondeo no goza de la propiedad transitiva (precisamente eso provocó el famoso fallo de los primeros procesadores Pentium) y sólo debe aplicarse como último paso del proceso. Por otra parte, usar "el siguiente número redondo" cuando se trabaja con una reducida serie de 10 números es demasiado.
Imaginen lo que pasaría si los profesores redondeásemos así la nota: todo el mundo sacaría un 0 o un 10.
jueves, 31 de enero de 2008
¿Un "instituto" americano?
La mala traducción, o el desconocimiento de los diferentes matices que una misma palabra tiene en distintas lenguas, es decir, la ignorancia, hacen su aparición diariamente en las noticias. Quienes traducen font por fuente o library por librería (caso memorable en El Mundo: crónica sobre la esposa de Bush visitando a la "librera" del congreso) abundan. También los hay que cometen errores similares en la lengua de Molière, pero lo que llama la atención de quienes meten la pata en la parla de Shakespeare es que casi todos ellos han estudiado inglés.
Esto lo digo porque me ha parecido escuchar (no tenía a mano un grabador con timeshift para asegurarme) que en los titulares del informativo vespertino de La Sexta llamaban "profesor de instituto" a un señor que aparecía haciendo el ganso (aunque no tanto, pues la cosa parece que le funciona) ante un anfiteatro sobre un fondo de al menos seis pizarras. Vaya, la cosa no parecía lo que en España (La Sexta, aunque participada por un importante capital latinoamericano, sigue teniendo como destinatario a un público español) llamamos instituto.
Cuando, diez minutos más tarde, la presentadora ha desarrollado la notica, diciendo que se trataba del (para mí, asimoviano) Instituto Tecnológico de Massachusetts, el (chomskiano) Emaití, el MIT en suma, ha quedado más que claro que no era un instituto cualquiera, sino el lugar donde alguien puede hacer el ganso a sus anchas porque, si lo hace, seguro que tiene una buena razón para hacerlo. Y no hablemos del talento, claro.
En España, la voz instituto, sin ningún calificador, se usa para referirse a los que en tiempos fueron de bachillerato y hoy de Enseñanza Secundaria. Es cierto que también son institutos los del CSIC y otras instituciones (generalmente académicas), pero al citar éstos siempre se menciona la especialidad correspondiente: Instituto de Astrofísica, Instituto de Estudios Madrileños, Instituto Clínico Forense, Instituto Armado (=Guardia Civil).
Del mismo modo que, cuando decimos un colegio de Madrid no nos referimos (normalmente) a un colegio mayor, ni al Colegio de Odontólogos... Y sin embargo a menudo vemos College traducido como Colegio.
Esto lo digo porque me ha parecido escuchar (no tenía a mano un grabador con timeshift para asegurarme) que en los titulares del informativo vespertino de La Sexta llamaban "profesor de instituto" a un señor que aparecía haciendo el ganso (aunque no tanto, pues la cosa parece que le funciona) ante un anfiteatro sobre un fondo de al menos seis pizarras. Vaya, la cosa no parecía lo que en España (La Sexta, aunque participada por un importante capital latinoamericano, sigue teniendo como destinatario a un público español) llamamos instituto.
Cuando, diez minutos más tarde, la presentadora ha desarrollado la notica, diciendo que se trataba del (para mí, asimoviano) Instituto Tecnológico de Massachusetts, el (chomskiano) Emaití, el MIT en suma, ha quedado más que claro que no era un instituto cualquiera, sino el lugar donde alguien puede hacer el ganso a sus anchas porque, si lo hace, seguro que tiene una buena razón para hacerlo. Y no hablemos del talento, claro.
En España, la voz instituto, sin ningún calificador, se usa para referirse a los que en tiempos fueron de bachillerato y hoy de Enseñanza Secundaria. Es cierto que también son institutos los del CSIC y otras instituciones (generalmente académicas), pero al citar éstos siempre se menciona la especialidad correspondiente: Instituto de Astrofísica, Instituto de Estudios Madrileños, Instituto Clínico Forense, Instituto Armado (=Guardia Civil).
Del mismo modo que, cuando decimos un colegio de Madrid no nos referimos (normalmente) a un colegio mayor, ni al Colegio de Odontólogos... Y sin embargo a menudo vemos College traducido como Colegio.
viernes, 11 de enero de 2008
Nuevo Himno.
Si los curas y frailes supieran
la paliza que les van a dar,
subirían al coro cantando:
"Libertad, libertad, libertad!"
Las líneas que preceden a la actual recogen un himno que, como la bandera del "pato", podría ser perfectamente calificado como "no oficial" o incluso "preconstitucional". Y estoy seguro de que nadie lo pondría en duda. Sin embargo, las mismas voces admiten para nuestro "chin, chin" (así se llamaba popularmente el Himno de Granaderos en los primeros años del siglo XX) una letra que no ha sido aprobada por ley orgánica, ni lo será, previsiblemente, hasta después de las elecciones generales.
¡Mierda de patria, vendida a la SGAE y al COE...!
la paliza que les van a dar,
subirían al coro cantando:
"Libertad, libertad, libertad!"
Las líneas que preceden a la actual recogen un himno que, como la bandera del "pato", podría ser perfectamente calificado como "no oficial" o incluso "preconstitucional". Y estoy seguro de que nadie lo pondría en duda. Sin embargo, las mismas voces admiten para nuestro "chin, chin" (así se llamaba popularmente el Himno de Granaderos en los primeros años del siglo XX) una letra que no ha sido aprobada por ley orgánica, ni lo será, previsiblemente, hasta después de las elecciones generales.
¡Mierda de patria, vendida a la SGAE y al COE...!
lunes, 12 de noviembre de 2007
2007-1429=1000, según periodista digital.
Leo una noticia sobre un libro que habla de la historia de los Alba. Me llama la atención la reivindicación de esta familia, que uno de mis profesores de literatura, Diego Catalán, encuadraba en la renovación nobiliaria de los últimos siglos de la reconquista.
Por eso me llama todavía más la atención que se hable de «un libro en el que narra 1000 años de historia de una de las sagas familiares más celebres de nuestro país: “La Casa de Alba”». Qué raro, yo pensaba que los Alba, quizá hidalgos, no habían levantado cabeza hasta el siglo XIV o XV.
Veo el vídeo para ver qué nos dicen. Y, a continuación, el presentador, sembradito:
"Pocas familias españolas tienen tan documentada su historia a lo largo de... 10 siglos; en 1429 fue cuando se concedió el señorío de Alba a un arzobispo..."
En lugar de contraponer en su frase los diez siglos de historia documentada (de una familia de hidalgos anterior al título, o de lo que sea), el locutor elige una construcción y una entonación que no pueden sino indicar la equivalencia. 2007 menos 1429 son, evidentemente, diez siglos.
Por eso me llama todavía más la atención que se hable de «un libro en el que narra 1000 años de historia de una de las sagas familiares más celebres de nuestro país: “La Casa de Alba”». Qué raro, yo pensaba que los Alba, quizá hidalgos, no habían levantado cabeza hasta el siglo XIV o XV.
Veo el vídeo para ver qué nos dicen. Y, a continuación, el presentador, sembradito:
"Pocas familias españolas tienen tan documentada su historia a lo largo de... 10 siglos; en 1429 fue cuando se concedió el señorío de Alba a un arzobispo..."
En lugar de contraponer en su frase los diez siglos de historia documentada (de una familia de hidalgos anterior al título, o de lo que sea), el locutor elige una construcción y una entonación que no pueden sino indicar la equivalencia. 2007 menos 1429 son, evidentemente, diez siglos.
martes, 30 de octubre de 2007
Erratas...
El fin de semana pasado, se celebró una "caza de erratas" para dignificar la profesión de los correctores, profesionales cada vez menos requeridos por las empresas, que fían en su capacidad (y la de los actuales correctores automáticos) para salir del paso, sin tener en cuenta que a veces se nos escapan auténticos gazapos. A mí mismo, a veces, se me han escapado faltas tremendas en los enunciados de un examen, sólo ligeramente corregidos en pantalla antes de su impresión. En papel suelo detectarlos, pero a veces es ya demasiado tarde.
Y personalmente, he experimentado en carnes propias la dificultad de la tarea del corrector en unas pruebas de selección de "becarios" para la tarea que organizó el diario "El Mundo" allá por 1996. Dejando aparte el tema de las mayúsculas acentuadas (para la redacción de aquel periódico daba lo mismo el INGLÉS que las INGLES, con tal de escribirlo en caja alta), era agotador pasar la vista por una página entera y localizar todas y cada una de las erratas, gramaticales, tipográficas o de contenido (por ejemplo, un socialista vasco convertido en pepero) que figuraban en la hoja prueba. Y no creo que la versión real, que diariamente lleva más de 50 páginas, fuera muy distinta.
Dicho todo lo anterior, he aquí como homenaje a estos profesionales un gazapo aparecido hoy en el diario La Razón. Estoy seguro de que el origen de la errata ha sido un motor de texto-a-voz para el dictado telefónico, o incluso un programa de revisión ortográfica con un diccionario muy limitado. En cualquier caso, felicito a la DGT por proceder contra aquellos que se hallan bajo la influencia de sustancias filantrópicas, pues su consumo, ya se sabe, puede acarrear consecuencias terribles para la sociedad: tanto que, a veces, es recompensado con un Príncipe de Asturias o incluso un Nobel.
Y personalmente, he experimentado en carnes propias la dificultad de la tarea del corrector en unas pruebas de selección de "becarios" para la tarea que organizó el diario "El Mundo" allá por 1996. Dejando aparte el tema de las mayúsculas acentuadas (para la redacción de aquel periódico daba lo mismo el INGLÉS que las INGLES, con tal de escribirlo en caja alta), era agotador pasar la vista por una página entera y localizar todas y cada una de las erratas, gramaticales, tipográficas o de contenido (por ejemplo, un socialista vasco convertido en pepero) que figuraban en la hoja prueba. Y no creo que la versión real, que diariamente lleva más de 50 páginas, fuera muy distinta.
Dicho todo lo anterior, he aquí como homenaje a estos profesionales un gazapo aparecido hoy en el diario La Razón. Estoy seguro de que el origen de la errata ha sido un motor de texto-a-voz para el dictado telefónico, o incluso un programa de revisión ortográfica con un diccionario muy limitado. En cualquier caso, felicito a la DGT por proceder contra aquellos que se hallan bajo la influencia de sustancias filantrópicas, pues su consumo, ya se sabe, puede acarrear consecuencias terribles para la sociedad: tanto que, a veces, es recompensado con un Príncipe de Asturias o incluso un Nobel.
sábado, 21 de julio de 2007
Literatura y videojuegos...
Leyendo números atrasados de ADN (concretamente, del martes y el miércoles de esta semana), veo un artículo sobre Videojuegos literarios (página 18 de la edición impresa) y, sobre todo, un comentario de Alicia Giménez Barlett que me llama la atención poderosamente.
A pesar de que el artículo de Cristina Castillón del día 17 admitía la existencia de antecedentes (de hecho, remite a los juegos conversacionales (interactive fiction), a través de un precedente pre-informático de hipertexto, los libros de «escoge tu propia aventura»), Alicia Giménez concibe el movimiento como algo totalmente novedoso (olvidando éxitos como el legendario videojuego de El Hobbit, o uno de los más importantes éxitos de Ópera Soft, La abadía del crimen, que calcaba el argumento de El nombre de la Rosa; sin embargo, hay que reconocer que el videojuego fue posterior a la película).
Pero no quedan ahí las cosas. El segundo artículo atribuye a la literatura una serie de cualidades que la distinguen del cómic o del cine cuando dice:
¿Es que la violencia en literatura es menos violencia? ¿Ha leído usted el Quijote, señora Giménez? Si hoy la literatura no nos parece violenta es porque, a diferencia del cine o de los videojuegos, su disfrute es exclusivamente individual, y por ello las escenas cruentas (incluido el sexo: la pornografía literaria antecedió a la fotográfica) nos resultan más tolerables en este medio. No porque la violencia en otros medios sea gratuita. ¿Es que Taxi Driver no nos hace reflexionar? ¿Es que Maus, el cómic de Art Spiegelman, no nos enseña nada? Y a la inversa: las novelas en que se basan La Caza del Octubre Rojo o Chacal ¿hacen que reflexionemos sobre algo?
Lo que seguramente quería decirnos la autora es que no son tan habituales los videojuegos basados en buenas historias, historias como aquellas que marcan algunos de los hitos literarios y cinematográficos. Pero, evidentemente, no todos los libros ni todas las películas tienen la calidad necesaria para convertirse en hitos; y, por otro lado, tampoco la vía del videojuego está condenada, como trata de demostrar la Universidad Heriott-Wat de Edimburgo.
A pesar de que el artículo de Cristina Castillón del día 17 admitía la existencia de antecedentes (de hecho, remite a los juegos conversacionales (interactive fiction), a través de un precedente pre-informático de hipertexto, los libros de «escoge tu propia aventura»), Alicia Giménez concibe el movimiento como algo totalmente novedoso (olvidando éxitos como el legendario videojuego de El Hobbit, o uno de los más importantes éxitos de Ópera Soft, La abadía del crimen, que calcaba el argumento de El nombre de la Rosa; sin embargo, hay que reconocer que el videojuego fue posterior a la película).
Pero no quedan ahí las cosas. El segundo artículo atribuye a la literatura una serie de cualidades que la distinguen del cómic o del cine cuando dice:
Y es que la literatura contiene, como la vida, un montón de escenas de horror solo que organizadas demodo que trascienden los hechos y obligan a pensar.
¿Es que la violencia en literatura es menos violencia? ¿Ha leído usted el Quijote, señora Giménez? Si hoy la literatura no nos parece violenta es porque, a diferencia del cine o de los videojuegos, su disfrute es exclusivamente individual, y por ello las escenas cruentas (incluido el sexo: la pornografía literaria antecedió a la fotográfica) nos resultan más tolerables en este medio. No porque la violencia en otros medios sea gratuita. ¿Es que Taxi Driver no nos hace reflexionar? ¿Es que Maus, el cómic de Art Spiegelman, no nos enseña nada? Y a la inversa: las novelas en que se basan La Caza del Octubre Rojo o Chacal ¿hacen que reflexionemos sobre algo?
Lo que seguramente quería decirnos la autora es que no son tan habituales los videojuegos basados en buenas historias, historias como aquellas que marcan algunos de los hitos literarios y cinematográficos. Pero, evidentemente, no todos los libros ni todas las películas tienen la calidad necesaria para convertirse en hitos; y, por otro lado, tampoco la vía del videojuego está condenada, como trata de demostrar la Universidad Heriott-Wat de Edimburgo.
miércoles, 4 de julio de 2007
Ya vienen de nuevo las serpientes de verano
Ya llegan, de nuevo, y a pesar del Debate sobre el Estado de la Nación, las temibles serpientes de verano: ya saben ustedes, esos reportajes insólitos cuya justificación es que, a pesar de las revoluciones americana, francesa o española, "en verano nunca pasa nada".
Lo bueno es que nos regalan como ésta, a propósito del videojuego Heavenly Sword, en el telediario de las 15:00 de TVE 1 de hoy: "esta mirada que quizá les suene de gollum o de king kong es del actor Andy Serkis... que ahora se atreve con un personaje virtual"
No, si lo de Gollum y Kingkong lo hacían con maquillaje, ¿no te jode? Podían haber citado, no sé, Stormbreaker, donde su personaje es de carne y hueso... Pobre hombre, ¿tan feo es?
Lo bueno es que nos regalan como ésta, a propósito del videojuego Heavenly Sword, en el telediario de las 15:00 de TVE 1 de hoy: "esta mirada que quizá les suene de gollum o de king kong es del actor Andy Serkis... que ahora se atreve con un personaje virtual"
No, si lo de Gollum y Kingkong lo hacían con maquillaje, ¿no te jode? Podían haber citado, no sé, Stormbreaker, donde su personaje es de carne y hueso... Pobre hombre, ¿tan feo es?
miércoles, 14 de febrero de 2007
El anonimato de Internet en las noticias
El diario hablado de Televisión Española afirmaba, este mediodía, que cierta asociación dedicada a la erradicación de las drogas se preocupa por la facilidad de obtener información en Internet, e incluso por las posibilidades que la Red de Redes ofrece al tráfico. Todo esto seguido de una serie de especulaciones sobre el mayor anonimato que ofrece internet.
La red no nos hace anónimos, sino todo lo contrario, a menos que consigamos un proveedor de anonimato situado en algún país reacio a colaborar con las autoridades occidentales (he oído casos sobre gente que usa ordenadores de Irán, por ejemplo). E incluso en esos casos, el gobierno puede preguntarse «¿Qué hace este tío hablando con un jodido ordenador iraní?» y sospechar de nosotros. No hace ni una semana, los mismos periodistas que hablan de anonimato contaban cómo la policía había detenido a unos pederastas que se comunicaban por la red. ¿Les valió de algo ese supuesto anonimato?
Las autoridades pueden pedir los registros de navegación al administrador del sitio web, al proveedor de "hosting" (el "posadero" que alberga la página) o al proveedor de acceso, e incluso sin pedir esos registros puede tener más datos.
Por poner un ejemplo, yo puedo saber (y cualquiera que consulte mi enlace sitemeter antes de 48 horas) que este extraño comentario ha sido dejado por un norteamericano, concretamente un cliente de RoadRunner residente en un municipio concreto de Nueva Jersey. ¿Qué no sabrá la policía?
Dejaos de ilusiones, chavalines. Si la policía no se dedica a perseguir a cada inútil que pone una oferta de drogas en una página fácilmente localizable por Google, es porque tiene cosas más importantes que hacer. Pero no os confiéis: en cuanto tengan tiempo irán por vosotros.
La red no nos hace anónimos, sino todo lo contrario, a menos que consigamos un proveedor de anonimato situado en algún país reacio a colaborar con las autoridades occidentales (he oído casos sobre gente que usa ordenadores de Irán, por ejemplo). E incluso en esos casos, el gobierno puede preguntarse «¿Qué hace este tío hablando con un jodido ordenador iraní?» y sospechar de nosotros. No hace ni una semana, los mismos periodistas que hablan de anonimato contaban cómo la policía había detenido a unos pederastas que se comunicaban por la red. ¿Les valió de algo ese supuesto anonimato?
Las autoridades pueden pedir los registros de navegación al administrador del sitio web, al proveedor de "hosting" (el "posadero" que alberga la página) o al proveedor de acceso, e incluso sin pedir esos registros puede tener más datos.
Por poner un ejemplo, yo puedo saber (y cualquiera que consulte mi enlace sitemeter antes de 48 horas) que este extraño comentario ha sido dejado por un norteamericano, concretamente un cliente de RoadRunner residente en un municipio concreto de Nueva Jersey. ¿Qué no sabrá la policía?
Dejaos de ilusiones, chavalines. Si la policía no se dedica a perseguir a cada inútil que pone una oferta de drogas en una página fácilmente localizable por Google, es porque tiene cosas más importantes que hacer. Pero no os confiéis: en cuanto tengan tiempo irán por vosotros.
sábado, 10 de febrero de 2007
Los carnavales y las leyes contra el ruido, en el programa del Boris
Boris Izaguirre y Ana Siñeriz, esos dos grandes intelectuales que ha dado la raza hispánica al mundo, debatían ayer en Cuatro sobre un caso curioso: un grupo de vecinos que han protestado, ley en mano, contra los ruidosos carnavales canarios, y a los que un juez ha dado la razón.
No entraré en polémica sobre si el interés particular ha de rendirse ante el general (los carnavales atraen numerosos visitantes hacia las Islas Afortunadas), ni sobre si el Carnaval es transgresión y, por tanto, también transgresión contra las leyes (también las fiestas de los pueblos son transgresoras, pero hace ya unos años que no permiten que en Nalda se decapiten gallos vivos). Me limitaré a hacer una observación sobre un detalle que muestra hasta qué punto la Siñeriz (la gramática permite ese la delante de los patronímicos femeninos) y el otro sabio se dedican a hablar sobre asuntos de los que no tienen ni idea.
A lo largo del acalorado debate, se comienza a discutir sobre si los 50 decibelios que exige el juez son una medida draconiana. Entonces, alguien envía un mensaje al programa: «El silencio produce 40 decibelios». Siñeriz e Izaguirre deciden comprobarlo y se callan (lo cual se agradece), y después los técnicos de Cuatro se apresuran a comprobarlo, con un equipamiento que, obviamente, no está pensado para medir el ruido, sino la intensidad de la señal de entrada a los equipos de grabación, amplificadores de por medio. Es cierto que 40 decibelios son el «ruido silencios» de una biblioteca, pero una biblioteca llena de gente, con el pequeño ruido producido por los susurros, la gente que coloca y deja los libros, etcétera. Más interesante es que 50 decibelios son el límite legal de ruido que tiene que escucharse en el dormitorio de la vivienda situada encima de un bar (dentro del bar en sí habría unos 80 decibelios). Sospecho que a Boris, que seguramente tenga algún bar o se dedique a promocionar alguno, le interesaría conocer este dato. También le interesaría, seguramente, releer la sentencia, pues es probable que en ella ese límite de 50 dB se refiera al dormitorio, no a la calle.
¿Por qué medir el ruido en el dormitorio? Por algo que parece haber escapado al entendimiento de los dos tertulianos. Normalmente, quien se queja del ruido es quien está intentando dormir mientras nosotros molestamos. Pues aunque nosotros estemos de fiesta, hay gente que trabaja al día siguiente.
No entraré en polémica sobre si el interés particular ha de rendirse ante el general (los carnavales atraen numerosos visitantes hacia las Islas Afortunadas), ni sobre si el Carnaval es transgresión y, por tanto, también transgresión contra las leyes (también las fiestas de los pueblos son transgresoras, pero hace ya unos años que no permiten que en Nalda se decapiten gallos vivos). Me limitaré a hacer una observación sobre un detalle que muestra hasta qué punto la Siñeriz (la gramática permite ese la delante de los patronímicos femeninos) y el otro sabio se dedican a hablar sobre asuntos de los que no tienen ni idea.
A lo largo del acalorado debate, se comienza a discutir sobre si los 50 decibelios que exige el juez son una medida draconiana. Entonces, alguien envía un mensaje al programa: «El silencio produce 40 decibelios». Siñeriz e Izaguirre deciden comprobarlo y se callan (lo cual se agradece), y después los técnicos de Cuatro se apresuran a comprobarlo, con un equipamiento que, obviamente, no está pensado para medir el ruido, sino la intensidad de la señal de entrada a los equipos de grabación, amplificadores de por medio. Es cierto que 40 decibelios son el «ruido silencios» de una biblioteca, pero una biblioteca llena de gente, con el pequeño ruido producido por los susurros, la gente que coloca y deja los libros, etcétera. Más interesante es que 50 decibelios son el límite legal de ruido que tiene que escucharse en el dormitorio de la vivienda situada encima de un bar (dentro del bar en sí habría unos 80 decibelios). Sospecho que a Boris, que seguramente tenga algún bar o se dedique a promocionar alguno, le interesaría conocer este dato. También le interesaría, seguramente, releer la sentencia, pues es probable que en ella ese límite de 50 dB se refiera al dormitorio, no a la calle.
¿Por qué medir el ruido en el dormitorio? Por algo que parece haber escapado al entendimiento de los dos tertulianos. Normalmente, quien se queja del ruido es quien está intentando dormir mientras nosotros molestamos. Pues aunque nosotros estemos de fiesta, hay gente que trabaja al día siguiente.
miércoles, 27 de diciembre de 2006
La razón de la sinrazón (II)
A veces me pregunto si para ser periodista hay que saber leer. Escribir, parece que sí, aunque en algunos casos no está tan claro, pero leer, lo que se dice leer... No quiero ofender a Diegos o Nepiones, líbreme Dios, pero desconozco al periodista que, cuando recibe un texto susceptible de convertirse en incendiario a través de una lectura deficiente, desaprovecha la oportunidad. Es como mis alumnos, que leen "moro" en un romance y ya me tildan de racista. Y yo no soy racista (¡Putos españoles! ¡idos a vuestro país!). Bueno, a veces un poco, pero con ese rancio racismo de los españoles contra su propia raza.
Ejemplo de ello es un artículo publicado hoy en La Razón y en Periodista digital (el artículo es literalmente el mismo, con firmas diferentes. Sospecho que el autor aprovechó la oportunidad que le dio el medio digital para ocultar su identidad, pero también podría ser un caso de apropiación indebida de los derechos morales sobre una propiedad intelectual). Se trata de un artículo polemizando sobre un supuesto artículo o libro de Manuel Mandianes, quien curiosamente aloja su blog precisamente en periodistadigital. Ni este medio ni La Razón remiten a la fuente original, aunque el periódico en papel incluye un pie en que habla de una supuesta nota de prensa del CSIC que no está entre las notas de prensa publicadas en la web del CSIC. Probablemente se refieren a la Revista de Prensa de este organismo, que sí recoge artículos que citan a Mandianes en otros medios (uno de ellos también reproducido en periodistadigital). En cualquier caso, aprovechan el hecho para cargar contra el organismo utilizando el arma arrojadiza de los presupuestos públicos.
A nada que busquemos artículos de Mandianes en la red (por ejemplo, Acontece Dios o ¡Oh supermercado, Catedral nuestra!) veremos que, desde luego, nada más lejos de su intención que atacar al catolicismo. Simplemente, se interroga sobre el laicismo actual, desde una perspectiva que, habiendo leído sólo dos artículos suyos (dos más que el autor del artículo de La Razón) me parece absolutamente católica, de un catolicismo unamuniano, es cierto, pero actualmente admitido (admitido por todos los que viven fuera del fundamentalismo).
He dejado un comentario sobre ello en pd, y otro par atacando a quienes, agarrando el rábano por las hojas, se dedican a decir cosas que suenan a "Mandiane no dice nada original, ¿para eso le pagan?" sin darse cuenta de que las palabras que leen no son sino un resumen de un resumen.
Obviamente, todo el mundo sabe, o debería saber, que la primitiva iglesia decidió que sus ritos coincidieran temporalmente con celebraciones paganas (el ciclo de Mitra; el mes de 12 días que los calendarios pre-lunares concedían para el ajuste entre los calendarios solar y lunar; las saturnalias; los ritos del solsticio...). De ahí, por ejemplo, fiestas como Santa Lucía, que da inicio a la Navidad en Suecia, o la Candelaria (Purificación de la Virgen), con que se cerraba (o abría, todo es relativo) el año litúrgico derivado del calendario solar (después vienen fiestas lunares, como Cuaresma, Pascua o Pentecostés). Lo que se pregunta Mandianes es: "Entonces, ¿por qué este ataque a las navidades desde la esfera laica?"
Es un tema de actualidad, que últimamente ha surgido en las noticias pero del que parece que ya se hablaba el año pasado, aunque nos hemos olvidado de ello. Cito su texto publicado en El Mundo con motivo de la navidad de 2005: "Los laicistas [...] siguen poniendo el belén pero sin la sagrada familia, siguen celebrando la Nochebuena pero sin nada que haga alusión a la Buena Nueva y siguen felicitando a los amigos pero sin nada que haga alusión al motivo histórico que dio origen a la costumbre [...] Todos ellos buscan desesperadamente nuevos ritos [...] que llenen el vacío que deja el olvido de los tradicionales". ¿A alguien le suena a anticristiano?
Ejemplo de ello es un artículo publicado hoy en La Razón y en Periodista digital (el artículo es literalmente el mismo, con firmas diferentes. Sospecho que el autor aprovechó la oportunidad que le dio el medio digital para ocultar su identidad, pero también podría ser un caso de apropiación indebida de los derechos morales sobre una propiedad intelectual). Se trata de un artículo polemizando sobre un supuesto artículo o libro de Manuel Mandianes, quien curiosamente aloja su blog precisamente en periodistadigital. Ni este medio ni La Razón remiten a la fuente original, aunque el periódico en papel incluye un pie en que habla de una supuesta nota de prensa del CSIC que no está entre las notas de prensa publicadas en la web del CSIC. Probablemente se refieren a la Revista de Prensa de este organismo, que sí recoge artículos que citan a Mandianes en otros medios (uno de ellos también reproducido en periodistadigital). En cualquier caso, aprovechan el hecho para cargar contra el organismo utilizando el arma arrojadiza de los presupuestos públicos.
A nada que busquemos artículos de Mandianes en la red (por ejemplo, Acontece Dios o ¡Oh supermercado, Catedral nuestra!) veremos que, desde luego, nada más lejos de su intención que atacar al catolicismo. Simplemente, se interroga sobre el laicismo actual, desde una perspectiva que, habiendo leído sólo dos artículos suyos (dos más que el autor del artículo de La Razón) me parece absolutamente católica, de un catolicismo unamuniano, es cierto, pero actualmente admitido (admitido por todos los que viven fuera del fundamentalismo).
He dejado un comentario sobre ello en pd, y otro par atacando a quienes, agarrando el rábano por las hojas, se dedican a decir cosas que suenan a "Mandiane no dice nada original, ¿para eso le pagan?" sin darse cuenta de que las palabras que leen no son sino un resumen de un resumen.
Obviamente, todo el mundo sabe, o debería saber, que la primitiva iglesia decidió que sus ritos coincidieran temporalmente con celebraciones paganas (el ciclo de Mitra; el mes de 12 días que los calendarios pre-lunares concedían para el ajuste entre los calendarios solar y lunar; las saturnalias; los ritos del solsticio...). De ahí, por ejemplo, fiestas como Santa Lucía, que da inicio a la Navidad en Suecia, o la Candelaria (Purificación de la Virgen), con que se cerraba (o abría, todo es relativo) el año litúrgico derivado del calendario solar (después vienen fiestas lunares, como Cuaresma, Pascua o Pentecostés). Lo que se pregunta Mandianes es: "Entonces, ¿por qué este ataque a las navidades desde la esfera laica?"
Es un tema de actualidad, que últimamente ha surgido en las noticias pero del que parece que ya se hablaba el año pasado, aunque nos hemos olvidado de ello. Cito su texto publicado en El Mundo con motivo de la navidad de 2005: "Los laicistas [...] siguen poniendo el belén pero sin la sagrada familia, siguen celebrando la Nochebuena pero sin nada que haga alusión a la Buena Nueva y siguen felicitando a los amigos pero sin nada que haga alusión al motivo histórico que dio origen a la costumbre [...] Todos ellos buscan desesperadamente nuevos ritos [...] que llenen el vacío que deja el olvido de los tradicionales". ¿A alguien le suena a anticristiano?
La razón de la sinrazón (I)
He de confesarlo: leo La Razón. El siniestro motivo: la mayor amplitud de su lista de programación televisiva, que incluye diversos canales locales de Madrid. Dicho lo cual, y tras la flagelación oportuna, admitiré que otro de los oscuros motivos es la gracia que me produce la distorsión de la realidad que ofrece este periódico. ¿Para qué tomarse un tripi, si La Razón te ofrece un viaje gratis?
Dedicaré luego un artículo a lo más destacado de hoy, pero comenzaré hablando de lo de ayer. En la sección de fotos, una imagen de un cartel en que, bajo una forma y un cáliz, aparece la dirección web hostia.org. El pie de foto menciona que se trata de una campaña de "higiene lingüística" para que la gente conozca el significado de la palabra "hostia" y no pronuncie el nombre de dios en vano.
O sea, que ahora no podemos decir "Pachi, eres la hostia", sino "Pachi, estás como Dios"; no podemos decir: "me voy a comer un cochinillo de la hostia", sino "me voy a comer un cochinillo que tiembla Dios", y tampoco podemos decir "Me cago en la hostia" sino "Me cago en la madre que parió al copón".
Ignoran en La Razón y en hostia.org aquel adagio de Machado según el cual la blasfemia demostraba el calado de la religiosidad en el pueblo. Sólo se puede uno cagar en un Dios si cree en él, pues, en caso contrario, ¿por qué va a echarle la culpa de sus males a un ser en el que no cree?
Dedicaré luego un artículo a lo más destacado de hoy, pero comenzaré hablando de lo de ayer. En la sección de fotos, una imagen de un cartel en que, bajo una forma y un cáliz, aparece la dirección web hostia.org. El pie de foto menciona que se trata de una campaña de "higiene lingüística" para que la gente conozca el significado de la palabra "hostia" y no pronuncie el nombre de dios en vano.
O sea, que ahora no podemos decir "Pachi, eres la hostia", sino "Pachi, estás como Dios"; no podemos decir: "me voy a comer un cochinillo de la hostia", sino "me voy a comer un cochinillo que tiembla Dios", y tampoco podemos decir "Me cago en la hostia" sino "Me cago en la madre que parió al copón".
Ignoran en La Razón y en hostia.org aquel adagio de Machado según el cual la blasfemia demostraba el calado de la religiosidad en el pueblo. Sólo se puede uno cagar en un Dios si cree en él, pues, en caso contrario, ¿por qué va a echarle la culpa de sus males a un ser en el que no cree?
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viernes, 8 de diciembre de 2006
Miseria de las ciencias humanas
Esta mañana leo, como tengo costumbre, la prensa de ayer. Titular en portada de El Mundo:
Rajoy ofrece a Zapatero consensos sobre ETA, el Estado y la Historia. Imagínense qué diría cualquier científico si se hablara de consensos sobre ETA, el Estado y la Biología, por ejemplo. Triste, pero cierto, es que las ciencias humanas, y más en esta era postmoderna que vivimos, son absolutamente negociables, fruto de un consenso, pero no de un consenso científico, sino político o social. Propongo a Rajoy y Zapatero como nuevos miembros de esa Academia de la que mi padre es correspondiente.
[¿Meteríais esto en Mala Prensa? No sé si los periodistas tienen mucha culpa en lo ridículo del titular.]
Rajoy ofrece a Zapatero consensos sobre ETA, el Estado y la Historia. Imagínense qué diría cualquier científico si se hablara de consensos sobre ETA, el Estado y la Biología, por ejemplo. Triste, pero cierto, es que las ciencias humanas, y más en esta era postmoderna que vivimos, son absolutamente negociables, fruto de un consenso, pero no de un consenso científico, sino político o social. Propongo a Rajoy y Zapatero como nuevos miembros de esa Academia de la que mi padre es correspondiente.
[¿Meteríais esto en Mala Prensa? No sé si los periodistas tienen mucha culpa en lo ridículo del titular.]
domingo, 3 de diciembre de 2006
Visto en el Metrópoli
Tres Aguas. Uno de los espacios punteros del suroeste de la comunidad, construido sobre una antigua cañada real
(La luna de Metrópoli, semana del 1 al 7 de diciembre de 2006, página 110)
What the fuck!!?? ¿Qué mierda de reporteros o gabinetes de prensa redactan estos publirreportajes del suplemento de ocio del diario El Mundo (edición Madrid), que ni siquiera se dan cuenta de que el hecho de edificar sobre una cañada real no es, ni con mucho, loable? ¿a quiénes contratas, Pedrojota? ¿quiénes leen el periódico? y, sobre todo, ¿alguien me puede pasar la ley en la que aparece el nuevo trazado de la antecitada cañada, obligatorio para poder edificar legalmente sobre ella?
(La luna de Metrópoli, semana del 1 al 7 de diciembre de 2006, página 110)
What the fuck!!?? ¿Qué mierda de reporteros o gabinetes de prensa redactan estos publirreportajes del suplemento de ocio del diario El Mundo (edición Madrid), que ni siquiera se dan cuenta de que el hecho de edificar sobre una cañada real no es, ni con mucho, loable? ¿a quiénes contratas, Pedrojota? ¿quiénes leen el periódico? y, sobre todo, ¿alguien me puede pasar la ley en la que aparece el nuevo trazado de la antecitada cañada, obligatorio para poder edificar legalmente sobre ella?
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Escuchado en las noticias...
Antena 3 TV, noticiero de las 3 de la tarde de hoy:
"... un insecticida, probablemente un matarratas..."
Si alguien se pregunta por qué un matarratas no puede calificarse de insecticida, que vuelva a estudiar la biología de la E.S.O., por favor.
"... un insecticida, probablemente un matarratas..."
Si alguien se pregunta por qué un matarratas no puede calificarse de insecticida, que vuelva a estudiar la biología de la E.S.O., por favor.
viernes, 6 de octubre de 2006
La absurda manía de recurrir al diccionario
Últimamente, y quizá a partir de la apertura del sitio Web de la Academia, son cada vez más los plumíferos y chupatintas que adornan sus artículos con citas del diccionario. Vicio propio de la escolástica educación de abogados y otros humanistas, la cita definitoria se ha convertido, gracias a la incapacidad para distinguir diccionario de enciclopedia, en un molesto parásito que puebla los artículos periodísticos.
Así, por ejemplo, se ven artículos discutiendo la naturaleza del ácido bórico en base a la definición que de él da el Diccionario de la Real Academia, un diccionario que sólo pretende aclarar la acepción de la palabra, y no estudiar su referente. Y menos aún, dar todos los posibles usos del mismo. En caso contrario, ¿no se preguntarían por qué hay gente que estudia química?
Desde luego, si ese es el nivel intelectual de los periodistas, no me extraña que triunfe la blogosfera: sus fuentes son tan patéticas como las del periodismo de papel, pero, por lo menos, puedes dejarle un comentario al autor diciéndole que es un impresentable.
Así, por ejemplo, se ven artículos discutiendo la naturaleza del ácido bórico en base a la definición que de él da el Diccionario de la Real Academia, un diccionario que sólo pretende aclarar la acepción de la palabra, y no estudiar su referente. Y menos aún, dar todos los posibles usos del mismo. En caso contrario, ¿no se preguntarían por qué hay gente que estudia química?
Desde luego, si ese es el nivel intelectual de los periodistas, no me extraña que triunfe la blogosfera: sus fuentes son tan patéticas como las del periodismo de papel, pero, por lo menos, puedes dejarle un comentario al autor diciéndole que es un impresentable.
miércoles, 20 de septiembre de 2006
Más sobre obesidad y desnutrición
(En el episodio anterior, Boris afirmaba que la obesidad es un problema de salud más importante que la desnutrición, basándose en las cifras mundiales de obesos y desnutridos)
EE.UU. 20% de obesidad (Boris dixit). Esperanza de vida sana al nacer (h/m): 67.2/71.3
Benín. 20% de desnutrición. Esperanza de vida sana al nacer (h/m): 43.4/44.5
Por mi parte, prefiero la obesidad.
EE.UU. 20% de obesidad (Boris dixit). Esperanza de vida sana al nacer (h/m): 67.2/71.3
Benín. 20% de desnutrición. Esperanza de vida sana al nacer (h/m): 43.4/44.5
Por mi parte, prefiero la obesidad.
martes, 19 de septiembre de 2006
De anorexias, modelos y otros
Quejas continuas de los diseñadores en Telemadrid, hace unos días. "El público quiere la talla 36, por tanto hay que darle esa talla". O como diría Lope: "Pues que las paga el vulgo es justo / hablar en necio para darle gusto". Pero los diseñadores olvidan que, pues Esperanza patrocina Cibeles, es justo / quitar las desnutridas, para darle gusto. Siempre les quedará Gaudí.
"Exigir que las modelos tengan un índice de masa corporal no inferior al 18, es decir, unos 56 kilos para una estatura de 1,75, puede ser incluso una discriminación ilegal. Porque el artículo 14 de la Constitución establece que todos los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social". Luis Ignacio Parada, que escribe lo anterior en ABC (17/9/2006), es un ejemplo de las cotas de inverosimilitud a las que ha llegado la polémica sobre las modelos de Cibeles. No sólo porque ni yo ni mi cincuentona vecina del 1º vamos a poder aducir tal discriminación si nos rechazan en un casting de modelos, sino porque incluso para formar parte de cuerpos estatales como la policía o los bomberos se discrimina según talla y peso.
Sigue Boris Izaguirre esta tarde (19/9/2006) en Cuatro, insinuando que mayor problema es el sobrepeso. En EEUU, uno de cada cinco tiene sobrepeso, y en Europa vamos por tal camino. Por ello, viene a decir, debería preocuparnos combatir el sobrepeso, y no la anorexia. Boris --a quien, como escritor que es, podemos suponerle tantos conocimientos de nutrición como los que yo tengo, es decir, ninguno-- olvida que los obesos sufren cuotidianamente una campaña de acoso, que es, precisamente, la que hace que algunas personas no obesas caigan en la anorexia. Pero es que a Boris hemos de suponerle, como a todos los periodistas, la creencia en la superioridad moral de los mass media.
En cualquier caso, la nutrición de los españoles debe de ser un problema, a juzgar por un artículo de Paco Rego en el Crónica de El Mundo, este domingo (17/9/2006), según el cual el almuerzo de los niños españoles consiste en huevos fritos con salchichas o con patatas, menú más apropiado para quien tiene que coger de nuevo el camión en media hora. Pero es que hablamos de la generación del llavín, que llega a las tres a una casa vacía y se cocina su comida. Estamos americanizando la dieta, pasando la comida principal del mediodía a la noche: según el mismo artículo, en la cena-promedio, a diferencia del almuerzo, sí hay primer plato.
Y una última reflexión: el desayuno fuerte propuesto a menudo por los médicos, y probablemente inspirado por culturas donde antes de la tarde sólo se toma un bocadillo, ¿no habrá contribuido a incrementar ese sobrepeso del que tanto nos quejamos ahora?
"Exigir que las modelos tengan un índice de masa corporal no inferior al 18, es decir, unos 56 kilos para una estatura de 1,75, puede ser incluso una discriminación ilegal. Porque el artículo 14 de la Constitución establece que todos los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social". Luis Ignacio Parada, que escribe lo anterior en ABC (17/9/2006), es un ejemplo de las cotas de inverosimilitud a las que ha llegado la polémica sobre las modelos de Cibeles. No sólo porque ni yo ni mi cincuentona vecina del 1º vamos a poder aducir tal discriminación si nos rechazan en un casting de modelos, sino porque incluso para formar parte de cuerpos estatales como la policía o los bomberos se discrimina según talla y peso.
Sigue Boris Izaguirre esta tarde (19/9/2006) en Cuatro, insinuando que mayor problema es el sobrepeso. En EEUU, uno de cada cinco tiene sobrepeso, y en Europa vamos por tal camino. Por ello, viene a decir, debería preocuparnos combatir el sobrepeso, y no la anorexia. Boris --a quien, como escritor que es, podemos suponerle tantos conocimientos de nutrición como los que yo tengo, es decir, ninguno-- olvida que los obesos sufren cuotidianamente una campaña de acoso, que es, precisamente, la que hace que algunas personas no obesas caigan en la anorexia. Pero es que a Boris hemos de suponerle, como a todos los periodistas, la creencia en la superioridad moral de los mass media.
En cualquier caso, la nutrición de los españoles debe de ser un problema, a juzgar por un artículo de Paco Rego en el Crónica de El Mundo, este domingo (17/9/2006), según el cual el almuerzo de los niños españoles consiste en huevos fritos con salchichas o con patatas, menú más apropiado para quien tiene que coger de nuevo el camión en media hora. Pero es que hablamos de la generación del llavín, que llega a las tres a una casa vacía y se cocina su comida. Estamos americanizando la dieta, pasando la comida principal del mediodía a la noche: según el mismo artículo, en la cena-promedio, a diferencia del almuerzo, sí hay primer plato.
Y una última reflexión: el desayuno fuerte propuesto a menudo por los médicos, y probablemente inspirado por culturas donde antes de la tarde sólo se toma un bocadillo, ¿no habrá contribuido a incrementar ese sobrepeso del que tanto nos quejamos ahora?
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