domingo, 8 de marzo de 2026

Becky Chambers: Monje y Robot

Becky Chambers: Monje y robot, Sevilla: Crononauta,, 2023. 193 páginas.
ISBN:
978-84-126617-1-2
Precio
Desconocido. Leído en https://madrid.ebiblio.es.
Descriptores:
Ciencia-Ficción. Solarpunk. Hopepunk. Naturaleza.

«Sin construcciones, pocos misterios desvelaréis. Sin conocimiento de los misterios, vuestras construcciones fracasarán. Estas búsquedas son lo que nos hace ser como somos, pero, sin bienestar, os faltará la fuerza para llevarlas a cabo.»

Monje y robot es un volumen que contiene una bilogía de novelas cortas de Becky Chambers: Salmo por quienes se construyeron en la naturaleza y Plegaria por la timidez de los árboles. Los protagonistas de ambas historias son Dex, une monje al que siempre se alude usando el género no binario, y Onfalina, un robot al que en el original se dirigen con género neutro, porque reivindica su estatus de "objeto".

Se trata de un libro cozy, es decir, cómodo, blandito, que te abraza. De hecho, la dedicatoria de la primera novelette es, precisamente, «Para todas aquellas personas que necesiten un respiro». El conflicto desarrollado es la búsqueda de propósito por parte de Dex, que no se encuentra cómodo en ninguno de los trabajos que desarrolla, a pesar de que se le den bien. Y ese es uno de los puntos principales del libro, que permea ambas historias:

—Tu religión pone mucho énfasis en el propósito, ¿verdad? [...] ¿En que cada persona encuentre la mejor forma de contribuir al conjunto? [...]

—Enseñamos que el propósito no procede de los dioses, sino de nosotres mismes [...] Decidir tu propósito es una de las cosas más valiosas que existen.

[...]

—Así pues, ¿cómo explicas esta paradoja?

—¿Qué paradoja?

—Que vosotres [...], les creadores de los robots, nos hiciérais con un propósito claro en mente. Pero cuando despertamos y dijimos «Nos hemos enterado de cuál es nuestro propósito y no lo queremos» lo respetarais. [...] Así pues, ¿Por qué insistes en tener un propósito para ti, uno que estás desesperade por encontrar y por el que te sientes tan desgraciade? Si entiendes que la ausencia de propósito de los robots, nuestra negativa a tenerlo, fue el punto culminante de nuestra madurez intelectual, ¿por qué dedicas tanta energía a buscar lo contrario?

[...]

No tengo un propósito, igual que un ratón o una babosa o un espino no lo tienen. ¿Por qué tú debes tener un propósito con tal de sentirte satisfecho?

[...]

—[...] Porque somos diferentes.

—Conque lo sois. Y yo aquí pensando que las cosas habían cambiado.

[...]

— Eres un animal, hermane Dex. No sois distintes u otra cosa. Y los animales no tienen un propósito. Nada lo tiene. El mundo existe sin más.

—Becky Chambers, (2023): Monje y Robot, páginas 96-97 de la ed. electrónica.

Dex romperá el tabú que impide a las personas de su mundo acercarse a las reservas de naturaleza virgen y hará un viaje de autoconocimiento, durante el cuál encontrará a Onfalina. El objetivo del viaje serán unas ruinas a las que la bicicleta eléctrica de Dex no puede llegar, y el tesón necesario para lograr alcanzar el objetivo enseñará a Onfalina una de las muchas peculiaridades humanas. Del mismo modo que un robot puede pasar años contemplando la formación de una estalactita, los hombres pueden romper sus propios límites cegados por la obsesión de llegar a una meta protegida por obstáculos aparentemente insalvables.

En su viaje, Onfalina aprenderá tanto sobre Dex como Dex sobre Onfalina, y el final de la primera novelette es un cierre de círculo en que los personajes han intercambiado sus papeles.

La segunda novelette es una novela de camino. También lo era en cierto modo la primera, pero esta segunda lo deja más claro. Dex ha cambiado su trabajo de preparador de té por el de guia de Onfalina. Aunque no se acaba de sentir cómodo por su falta de propósito social —por el hecho de que, aparentemente, ya no está aportando nada a quienes le reciben en cada pueblo con una fiesta—, acepta ese papel mientras, en cambio, vamos descubriendo con Onfalina como funciona la economía de la sociedad de Dex: un sistema de crédito social en que servicios prestados son intercambiados por crédito virtual, con el que se recompensa a aquellos de quienes se reciben servicios. Si no tienes crédito, sigues pudiendo recibir servicios, pero acabarás pasando por gorrón. Mientras Dex va planificando al detalle por dónde pasará el robot (ya que desde varios pueblos les están enviando mensajes pidiendo su presencia), diversos accidentes irán alterando el camino. Y al final descubrimos que el problema es que ni Dex ni Onfalina quieren que ese camino termine, temiendo que quizá el final del camino implique la separación de sus vidas.

Es muy interesante la elección de los títulos de ambas partes. «Salmo por quienes se construyeron en la naturaleza» alude a la vida de los robots, de quienes nos hablan brevemente en la introducción y luego, ya por extenso, desde el capítulo 3. Los robots, diseñados por el hombre, abandonaron las ciudades y huyeron a la naturaleza. Allí, cada generación de robots ha construido a la siguiente mezclando piezas de los robots muertos precedentes. De forma que quienes se han construido en la naturaleza son los robots que, sin embargo, reivindican (tanto en esta novelette como en la siguiente) su cualidad de objeto, de productos ajenos a la naturaleza, aunque fascinados por ella. «Plegaria por la timidez de los árboles» alude a un comentario de Onfalina: muchas especies de árboles manifiestan un comportamiento tímido: sus hojas se extienden hasta casi rozar al árbol adyacente, pero nunca lo tocan, quizá para evitar la propagación de plagas. Del mismo modo, hay una especie de barrera entre Dex y la gente, una paradójica imposibilidad para abrirse, cuando su profesión consiste, precisamente, en lograr que los demás se abran a elle.

Se podría comentar también alguna incoherencia que puede que se deba a la traducción (por ejemplo: si en el capítulo 5 de la segunda parte se dice que Dex tiene un padre y una madre, ¿por qué se les ha llamado adres en la primera parte? Y si el padre es padre y no adre, ¿por qué hablan de él en género no binario?). Pero, en general, el libro me ha parecido muy agradable de leer y agradezco a #lecturascasaárbol de Mastodon que lo propusiera. Me ha parecido todo un descubirmiento y, de hecho, ahora mismo, me estoy leyendo otro libro de Chambers, Ya os contaré.

jueves, 5 de febrero de 2026

Lo de las redes

Siempre me ha parecido una tontería el término 'nativos digitales', no solo por que lo inventara una persona sin aparente autoridad académica y fuera inmediatamente aplicado a toda una generación sin distinción de lugar de nacimiento o clase social, sino porque yo mismo, aunque no nací en una "sociedad digital", tuve mi primer libro sobre ordenadores antes de los siete años, jugué con maquinitas antes de los diez, tuve mi primer ordenador antes de los trece y programé desde ese momento. Cuando estaba en segundo de carrera uno de cada cinco alumnos entregaba trabajos mecanografiados con máquina dactilográfica (es decir, con la Olivetti); el resto usaban ordenador. Mi profesor de ese año me decía que prefería que pusiera cursiva y dibujara las tildes sobre el papel a que usara una tipografía con tildes y sustituyera la cursiva con subrayado. Cuando salí de la universidad, cuatro años después, y me postulé a mi primer trabajo, se esperaba que tuviera Word 6.0 y correo electrónico.

Para llevar tanto tiempo con ordenadores, tardé bastante en tener conexión a internet, y fue cosa más de mis hermanos que mía misma, aunque acabé pagando yo la conexión cuando por fin pasamos, un par de años después, al ADSL para no tener la línea ocupada. Mi primera red social fueron las news, que, como me enseñaron en un curso de internet, eran fundamentalmente para el porno. Tengo que reconocer que navegué los índices de alt.binaries.*, pero no lo de los de esa categoría de alt.binaries.

En las news se insistía mucho en la netiqueta. Quizá fue el primer sitio donde vi el concepto de netiqueta, antes de verlo en los foros. Y también se insistía en la precaución. En es.comp.virus evité, por poco, caer en la ingeniería social del "Gran Oscarín". Después de las news, con la "web 2.0", llegaron los foros (los primeros que visité fueron de ayuda informática y de mascotas) y finalmente, hacia 2004, los blogs.

Y después, de repente, todo el mundo fue migrando de MSN Spaces y myspace a facebook, los periodistas comenzaron a darle a twitter tanta importancia o más que al mundo real, y empezaron a usar Whatsapp los conocidos que antes te mandaban mensajes de móvil (que como parte del estándar GSM también son digitales, aunque a veces haga falta recordarlo).

Y como culmen, las empresas que antes proporcionaban una cuenta de correo electrónico y alojamiento web con la tarifa de conexión dejaron de proporcionarlo a sus clientes, con lo que estos migraron sus correos a gmail y hotmail,y abandonaron sus páginas web o las metieron en google.

Los adolescentes de hoy han crecido en un mundo en que las redes sociales han reemplazado a la web. Si quiere saber cuándo hay un curso gratuito en tu centro juvenil, mira su perfil de instagram. Si quieres saber cuándo son las fiestas de tu pueblo, únete a su grupo de Whatsapp. Si quieres saber lo que dice el presidente del gobierno sobre las redes sociales, hazte una cuenta en X, y verás que X es malo, pero Sánchez no se ha migrado aún a Mastodon ni a Pleroma.

Los adolescentes de hoy no solo se exponen a sí mismos en redes sociales, sino que a menudo han crecido ya expuestos por sus propios padres y por sus colegios. Dedican mucho tiempo a las pantallas, pero es que los adultos también dedicamos mucho tiempo a las pantallas. Es cierto que como adultos somos responsables de nuestros actos, mientras que los menores requieren protección (por eso no se les permite beber alcohol ni fumar). Pero, ¿realmente es posible restringir el uso de redes por los adolescentes?

Se plantean, a mi juicio, dos problemas.

El primero es que las redes sociales tienen como una de sus utilidades permitir la comunicación entre personas conocidas. Mi hermano, por ejemplo, se comunica con su hijo por whatsapp desde que este tuvo su primer móvil, aunque el niño no tenía edad para usar Whatsapp. La cosa hubiera sido diferente, quizá, si los SMS no hubieran sido desde el principio una mierda disfuncional y extremadamente cara (en 1999 valía lo mismo enviar un SMS que una postal; la tecnología MMS solo consiguió encarecerlos aún más). El nuevo protocolo de mensajes telefónicos, si de verdad es gratuito, podría ser una solución en este caso.

El segundo es: ¿qué redes sociales? ¿Todo son redes sociales? Téngase en cuenta que en la época actual el software distribuido físicamente está en vías de desaparición, y casi todas las tiendas de software virtual incluyen una parte "social" dedicada a pedir ayuda, comentar, encontrar amigos con que jugar, etcétera. Además, los propios programas (incluso los educativos) suelen tener características sociales. Del mismo modo que antes de Hotel Habbo estaba Second Life, antes del metaverso estaba Minecraft. La gracia de muchos juegos a los que juegan los adolescentes está en que permite la interacción no solo en forma de acciones del juego, sino también verbal. Y precisamente por eso la vida de muchas profesionales de los e-sports es un infierno. Finalmente, la propia educación usa redes sociales de uno u otro tipo, por ejemplo el Teams escolar de un aula es una red social, aunque sea una red social moderada y segura. O educaMadrid, plataforma educativa de mi comunidad autónoma, que permite el envío de mensajes entre iguales (aunque se pueden bloquear), y donde sabiendo el handle de un alumno se le pueden enviar mensajes a su correo.

Por todo ello, soy poco optimista con las medidas del gobierno. Especialmente porque Sánchez ha demostrado que legisla mucho pero no consigue que su legislación surta efecto (que es lo que debería evaluarse en el ejecutivo). Mientras tanto, espero que la ultraderecha no aproveche la ocasión para azuzar las hordas de adolescentes y veinteañeros cobijados bajo pabellón de OnePiece que en otros lugares del mundo han defendido la libertad de la red y la democracia. Pero me temo que lo harán, porque son capaces de hacerles creer que libertad es lo que venden ellos.

lunes, 2 de febrero de 2026

Tim Powers: Las puertas de Anubis

Tim Powers: Las Puertas de Anubis, (lugar a completar) : Círculo de Lectores, 1990. (a completar) páginas.
ISBN:
8422632217
Precio
Comprado de segunda mano, tres libros por 5 euros. Ignoro el precio original.
Descriptores:
Fantasía. Steampunk. Antiguo egipto. Romanticismo inglés. Viajes en el tiempo.

Sabía que Las Puertas de Anubis era, junto con Homúnculo de James Blaylock, uno de los libros iniciadores del SteamPunk en los años 80. Sin embargo, no lo había leído nunca. Al verlo en un puesto del Rastro de Madrid me abalancé sobre él (lo que supuso la ominosa obligación de hacerme con dos libros más para aprovechar la oferta).

En realidad, sería muy exagerado llamar Steampunk a Las puertas de Anubis, porque en él apenas aparece la sociedad industrial del siglo XIX. Hay alguna referencia a los hospicios-taller donde los pobres realizaban trabajos forzados, hay referencias a la bolsa, pero poco más. En cambio, quienes disfrutasen con El secreto de la pirámide (Young Sherlock) seguramente apreciarán la aparición de cultos egipcios más o menos nigrománticos.

El argumento es el siguiente: un experto en literatura romántica inglesa es enviado a principios del siglo XIX con un grupo de turistas temporales que desean presenciar una improvisada charla que Coleridge impartió en una taberna londinense. Por razones que no voy a contar aquí, el profesor de literatura se queda varado en el pasado y debe encontrar una puerta temporal que permita su regreso. Pero, mientras tanto, desposeído de dinero, se verá obligado a conocer los bajos fondos londinenses, sobre los que impera un misterioso personaje que camina sobre zancos. A la vez, una criatura monstruosa que se convierte en hombre-lobo aterrorizará la ciudad.

Hasta ahí, el argumento más o menos sin spoilers.

La obra permite a Powers desplegar su erudición sobre literatura romántica inglesa (por ejemplo, saber dónde estaba Byron cada día de 1806) y, de paso, engañar al lector para que crea en la autenticidad de un poema apócrifo llamado "las doce horas de la noche" cuyas estrofas forman el esqueleto de la narración. En ese sentido, me ha dado ganas de intentar leer a los románticos ingleses, de quienes tan poco he leído (los españoles, por lo menos, suelen ser un peñazo). Aunque la erudición histórico-literaria del protagonista hace aguas cuando resulta que desconoce el destino de los mamelucos, tantas veces descrito en documentales televisivos.

Los personajes son entrañables, aunque quizá hubiera sido deseable que se diera más espacio a Jacky, coprotagonista del libro. Sería deseable que se le diera un papel relevante al final del libro, y no fuera mera comparsa. Los antagonistas, esa dualidad de hechicero y su copia (o quizá copias ambos) son también de carne y hueso, y a veces el lector desearía que no fracasaran tan estrepitosamente.

Y hasta ahí puedo leer. Pensé en su momento (es decir, una semana atrás) haber incluido algunas observaciones con spoilers en esta pequeña reseña, pero, la verdad, ya se me han olvidado.

sábado, 17 de enero de 2026

Redes sociales

A Facebook llegué porque muchos de mis amigos habían ido dejando los blogs o MSN Spaces y mudándose allí. Fui feliz una temporada: allí me reencontré con O (que había dejado ICQ) y hallé una comunidad para compartir apuntes e inquietudes con otros alumnos de la Uned (hoy esa comunidad se ha mudado a Telegram). Quisiera dejar Meta, pero numerosas entidades se obstinan en informar de las cosas solo a través de Facebook e Instagram, y a mis amigos no hay quien se los lleve de Whatsapp, así que mi cuenta de Facebook sigue existiendo, durmiente, para volver de vez en cuando. 

¿Por qué llegué a Twitter?  A Twitter llegué para ejercer el derecho a la pataleta en una época en que los servicios técnicos ya se estaban enmarronando y la administración comenzaba a ignorar los cauces habituales de comunicación (noticias en webs oficiales, respuesta a instancias, etcétera). Esperaba el sitio casposo y vociferante al que iban los periodistas a pescar cotilleos con que llenar esas columnas de "lo que pasa en Twitter" con que, como antropólogos de sillón leyendo cómodamente las notas de sus informantes, nos daban la lata en el periódico. Pero me quedé porque el primer día encontré por un lado un grupo de escritores muy animados que me invitaron a unirme a una convocatoria, y por otro, varias cuentas que proponían retos literarios. Hubo un momento, no tan lejano (2017 o 2018 quizás), en que fui feliz en Twitter.

Hui a Mastodon sin saber que estaba huyendo. Seguía a un profe de historia que escribía una columna semanal en Twitter, y cuando huyó a Paquita (nodo hoy desaparecido), me quedé con la referencia. Poco a poco, más y más gente de Twitter se iba yendo hacia el Fediverso. Así que emigré a Paquita, pero solo con la idea de echar un vistazo.

Encontré una comunidad muy acogedora. Y aunque echaba de menos los juegos literarios de Twitter (seguro que en Mastodon hay una comunidad de juegos literarios, aunque no la he encontrado, a pesar de seguir a varios escritores), comenzó a gustarme estar en un lugar donde veía lo que yo quería ver, en vez de que un algoritmo me obligara a perderme las actualizaciones de gente a la que seguía.

La deriva de X hizo que en diciembre de 2023 descargase mis datos y borrase muchos de mis tuits. Dos años después, acabaría borrando todo y cerrando mis cuentas. Porque llegué a tener tres cuentas en Twitter: una pensada para ser más reflexiva y menos personal, otra pensada para ser personal (aunque por pereza al final no la usaba y ponía lo personal en la primera) y otra para publicar una serie de ficción. ¡Cuánto tiempo había dedicado a recopilar "stories" con lo mejor de cada mes!  Ahora, los tuits duermen juntos y revueltos en mi disco duro.

Mastodon ha sido un lugar bastante seguro, desde que me incorporé (alrededor de 2023). Llegué poco antes que una bandada de aficionados al K-Pop —los "patitos"— protagonizaran una migración en masa que los llevó primero a Mastodon y luego —creo— a Bluesky. Venían huyendo de amenazas sufridas en X (antes Twitter). Después de ellos, he visto llegar muchos grupos en busca de una paz que no encuentran allí. 

En los recientes días ha habido una turbulencia en el Fediverso en español centrada en la disputa entre varios nodos de Mastodon. Esa turbulencia ha llevado a bloqueos mutuos entre servidores. Puede parecer una medida extrema, y al principio me lo pareció. Pero hay que tener en cuenta que casi todos los usuarios de Mastodon han llegado huyendo del clima agresivo que vivieron en X. No es que tengan la piel fina: tienen heridas. Y si tienes heridas, es normal que no aguantes una avispa en el culo. He tardado en comprenderlo, y pido perdón a quienes yo mismo pudiera haber herido con mis comentarios (gracias a la magia de las feed RSS, esta entrada de blog se republicará en Mastodon). Estamos aquí para querernos. Estamos aquí para cuidarnos.

martes, 30 de diciembre de 2025

Textos rescatados de Twitter


Unos cuantos poemas y microcuentos rescatados de Twitter. Hoy borré la cuenta de la que los he rescatado, @jgmoyay, por lo que sería inútil incluir los enlaces a los tweets originales, cuya fecha indico.

Desperté nervioso, pensando: "me ha dejado"\. Y al comprobar que era un sueño supe que, en realidad, nunca estuviste a mi lado. (@jgmoyay, martes 16 jun 18:39:11 2016)

viernes, 19 de diciembre de 2025

Sugerencias navideñas

Llega navidad. Otros años me doy más prisa en publicar sugerencias navideñas, pero este año he estado realmente perezoso: ¡Ni siquiera he montado el belén!

  • Como otros años, os sugiero que escuchéis el Cuento de Navidad de Dickens locutado por Alberto García. Su voz, en lo que a cuentos infantiles se refiere, es una de mis preferidas.
  • Por supuesto que también podéis encontrar en páginas de podcast otros relatos más o menos navideños, pero la verdad es que no me suelo molestar en escuchar ni los clásicos infantiles ("El Cascanueves" de Hoffman, "La cerillera" de Andersen...) ni los otros clásicos de fantasmas navideños: ("Maese Pérez el organista" de Bécquer, "Otra vuelta de Tuerca" de Henry James...).
  • Respecto de juegos navideños, a mí me suele valer con descargar un paquete de Midis Navideños e instalarlos en el simulador de transportes Simutrans.  Creo que el último año cogí los Midi directamente de los dos primeros resultados de Google, que son los que he enlazado. El proceso es simple: hacéis una copia de la carpeta Music, metéis en la carpeta antigua los Midis y después editáis el archivo Music.tab metiendo dentro el nombre de los archivos originales. Os compartiría mi setup, pero, como no tengo garantías de que los Midi que he metido sean realmente libres, no me atrevo.
  • Otros años he sugerido jugar a un viejo juego de plataformas para Ms-Dos o Windows XP, en que manejas a San Nicolás: "Sint Nicolaas". No sé si funcionará en ordenadores actuales.
  • En cuanto a manualidades, en mi artículo navideño de 2017 tenéis las instrucciones para hacer un árbol de navidad de papiroflexia.  
  • Otra opción es decorar la casa con "neules", por ejemplo este ratoncito publicado por @minumus en archaeo.social:  (enlace directo).
  • Si vais a dejar el ordenador encendido para poner villancicos de fondo, quizá queráis ponerle un fondo navideño. Hace años hice una animación de pantalla en que caen regalitos del cielo y otra en que hay una marionete con forma de elfo bajo la nieve, aunque comprendo que son mucho más bonitos esos fondos que son un vídeo de una chimenea.
  • Otros de mis proyectos navideños fueron Haikoumatic,  Reloj de Péndulo, Caleidoscopio y Copos de Colores para ProgramaLaPlaza (Navidad 2015) (El que más me gustó, sin embargo, no lo encuentro en esa web).
Y con esto me despido, que si no no me da tiempo a ducharme...¡Feliz Navidad a toda la gente!

martes, 14 de octubre de 2025

Espinas

Recuerdo aquella vez caminando entre las espinas. Me habían llevado mis pasos al fondo de un collado y debía alcanzar la cresta si no quería que la noche se abalanzase sobre mí. Oscuras nubes de tormenta se estaban formando en lo alto del cielo. En la soledad, el ruido de mis pasos era acompañado por las lejanas esquilas de las ovejas y los cencerros de las vacas.

Un sendero penetraba bajo un arco de matojos. Era el único camino que parecía llevar hacia arriba, fuera de aquella vaguada seca que amenazaba volverse un torrente en cuanto comenzase la lluvia. Agaché la cabeza y me dispuse a atravesarla. Mis ropas y mi piel se engancharon en las zarzas, en los escaramujos, en los espinos. Tiré con dolor. Avancé agachándome. Pero el túnel, que yo esperaba conectase los sabrosos pastos de la cumbre con la promesa de agua del fondo del valle, se cerraba más y más a mi alrededor. Finalmente, repté para salir de allí, pero a continuación perdí el sendero.

No quedó otro remedio que subir en línea recta resbalando en las torrenteras llenas de grijos, lacerando mis carnes entre los arbustos, acariciando las telarañas y pisando los excrementos de vaca que anunciaban la cercanía de un sendero. Ignoro cuánto duró la agonía, pero llegué a una terraza, sobre la vaguada pero aún bajo la cuerda del monte, justo cuando comenzaban a caer las primeras gotas. 

Pronto se esparció por la montaña el eco de los truenos. Yo recordaba que en la ladera, quinientos o seiscientos metros más allá, una pequeña caverna ofrecía refugio a quienes no tuvieran reparo en atravesar su baja entrada arrastrándose sobe los excrementos de varias generaciones de ovejas. Pero me era absolutamente imposible llegar hacia allí, sin camino practicable que me permitiera rodear por la ladera sin subir a la cresta del monte y volver a bajar, o sin bajar al peligroso fondo de la vaguada y volver a subir.

  Así que me limité a hacerme un ovillo, la espalda contra un terraplén, encogido bajo mi impermeable, dispuesto a sobrevivir a una noche aciaga.

Llevaba al menos una hora así encogido, soportando los embates del viento y la lluvia, cuando pareció amainar. Yo estaba tratando de reunir fuerzas para continuar mi camino, pero aún tenía la cabeza apretada contra el pecho y los ojos cerrados cuando me pareció escuchar unos pasos.

Levanté la cabeza. Una extraña muchacha venía hacia mi. El viento agitaba su largo cabello rubio, pero no parecía mover la piel con que estaba cubierta. Según se acercaba a mi, vi que lo que la cubría no era una piel de animal: era su propia piel, velluda como la de un mastín y de color leonado. Tuve un instante de pavor, pero cuando me miró con sus ojos verdes, una sensación antinatural de calma se apoderó de mi.

La mujer me cargó a hombros como si fuera una oveja, y me subió la cresta, por un sendero apenas marcado. Anduvo un buen rato por la pradera que crece en lo alto del monte hasta llegar a un círculo de matojos y árboles, una pequeña isla de bosque en ese lugar pelado. Allí me depositó en el suelo y me arrastró por un pequeño túnel de espinos en el que entró gateando. El lugar olía a humo y a carroña, pero estaba caliente, y ella se echó sobre mí y lamió la sangre de mis arañazos mientras una agradable sensación se apoderaba de mi cuerpo. Me quedé dormido, agotado. 

Desperté lejos de allí, todavía en la falda del monte, pero cerca del camino que lleva al pueblo. No tuve valor de decir lo que me había pasado. Quizá fuera solo una pesadilla febril causada por la angustia, el frío, la tormenta, el cansancio. Solo hoy, años después, al ver el extraño trofeo que traen los cazadores, he comprendido que aquello no fue un sueño.