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jueves, 7 de abril de 2022

Checklists de sintaxis 1. El sujeto.

Las checklist (listas de verficación) son un andamiaje (así lo llaman en la pedagogía anglosajona; el término tradicional español sería muleta) que permite a los alumnos enfrentarse a tareas complejas con cierta autonomía, hasta que adquieran la destreza necesaria para retirar ese apoyo.

En esta artículo pretendo ir desarrollando una serie de listas de verificación para los contenidos de sintaxis.

Nota: se siguen las convenciones siguientes:

  • La cursiva indica que se cita una palabra o grupo de palabras.
  • Un asterisco (*) antes de una palabra indica que algo no es correcto: *Me se ha *acabao la *pinícula.
  • Un guion antes de un grupo de sonidos indica una palabra que termina en ese grupo de sonidos: El plural se hace con ‑s.

Habilidad 1. Identificar una oración y descomponerla en sus componentes inmediatos (sujeto y predicado)

Para verificar que has identificado correctamente el sujeto y el predicado, comprueba que:

  • Has identificado el verbo.
  • El verbo es una palabra que está en primera, segunda, tercera persona, o acaba con las desinencias de infinitivo (‑ar, ‑er, ‑ir), gerundio (‑ando, ‑endo), o participio (‑ado, ‑ido).
    • Ejemplo de fallo: La celebración tendrá lugar en Madrid: celebración no es el verbo, porque no es una forma conjugada del verbo celebrar (no es ni primera, ni segunda, ni tercera persona) y tampoco es infinitivo, gerundio ni participio.
    • Recuerda que las palabras que hacen su plural añadiendo ‑s no son verbos a menos que sean la forma del participio (que acaba en ‑ado, ‑ido y normalmente se usa en masculino).
  • Si el verbo que has encontrado es un participio, lo más probable es que hayas encontrado solo medio verbo. Busca otro verbo justo antes.
    • Ejemplo de fallo: Pepe había comprado chocolate: El verbo no es comprado (participio) sino había comprado (tercera persona del singular del pretérito pluscuamperfecto).
  • Al identificar la persona del verbo no te has dejado llevar por la presencia de pronombres me, te, lo, la, le, nos, os, los, las, les antes del verbo o pegados al final del verbo, sino que has mirado la desinencia verbal.
    • Ejemplo: Si al decir la persona de me pidió un plátano identificas el verbo como me pidió y no como pidió, es un fallo. Debes ignorar el me. El verbo es pidió, solamente.
  • Has comprobado si el verbo se podía cambiar al plural cambiando un sustantivo o pronombre de la oración, o si el verbo se podía cambiar de persona cambiando un sustantivo o pronombre de la oración.
    • Ejemplo 1: Me gusta el chocolate (verbo gustagustan) ⇒ Me gustan el chocolate y el té
    • Ejemplo 2: Viene hoy (verbo vienevienen) ⇒ vienen hoy ⇒ No hace falta cambiar nada para cambiar el número del verbo, por lo que el sujeto probablemente está omitido.
    • Ejemplo 3: Se busca a Jaime (verbo buscabuscan) ⇒ Se *buscan a Jaime y Teresa ⇒ No se puede cambiar el número del verbo ni siquiera cambiando los sustantivos de la oración; probablemente es una oración impersonal.
  • El sujeto no es me, te, lo, la, le... ni sus plurales.
  • El sujeto no comienza por preposición (No es a mí ni a Juan).
  • El sujeto no es mí, ti, sí.
  • Al separar el sujeto del predicado, el verbo ha quedado dentro del predicado.
  • Todas las palabras de la parte que has marcado como sujeto se necesitan entre sí. No puedes mover ninguna al otro extremo de la oración sin mover las demás.
    • Ejemplo: Hoy Juan llegó tardeJuan llegó tarde hoy ⇒ La palabra Hoy no es parte del sujeto porque se puede llevar a la otra punta de la oración.


Ya sé que la lista es demasiado larga para ser realmente eficaz, pero es que hay muchos alumnos que, por ejemplo, dicen: «El sujeto de me gusta el chocolate no puede ser me... Así que es a mí.» Y cuando les dices que el sujeto no puede empezar por preposición (A es la primera preposición de la lista, responden: «Entonces, es

domingo, 2 de febrero de 2020

Curiosidades sobre el uso de la raya (M-DASH)

La ortografía española define la raya como un signo parentético usado en los diálogos y para encerrar incisos. A diferencia de lo que sucede en inglés, en español la raya no se emplea así:

The man—at east, it looked as a man—arrived.

(Formato preferido por Grammarbook.com).

Ni así:

The man — at east, it looked as a man — arrived.

(Ese era el formato preferido por Project Gutenberg en la primera década del siglo; ahora parece que han cambiado de opinión;).

Sino que se emplea así:

El hombre —o al menos eso parecía— llegó

Obsérvese que en español la raya se trata como los paréntesis, es decir, se pega a las palabras que van dentro del inciso. Por eso mismo, es muy desagradable ver la línea dividida así

El hombre —o al menos eso parecía
— llegó

Del mismo modo que sería desagradable ver esto:

El hombre (o al menos eso parecía
) llegó.

Pero, mientras que con el paréntesis tenemos un segundo elemento que nos permite discernir si se trata de apertura o cierra (todo el mundo sabe qué lado del paréntesis es el de cierre y qué lado es el de apertura), no sucede lo mismo con la raya. Así que la razón de que el español divida las líneas sin separar la raya del texto al que va pegado no es solo estética, sino que tiene su razón de ser lingüística.

Esto lo recoge la norma Unicode en el apartado B2 del anexo 14. Sin embargo, dado que la regla descrita como texto es complicada de implementar, el algoritmo para ordenador ignora totalmente esto. De hecho, el único algoritmo correspondiente al carácter B2 (m-dash) es que B2 seguido de espacio seguido de B2 no se separa... ¡Cuando lo que dice reglas en lenguaje humano es que B2 se tiene que separar por el lado del espacio si va seguido de espacio!

Por eso, cuando usamos em-dash en nuestro blog se producen desagradables divisiones de línea como esta:

Texto con la raya de comienzo de inciso al final de línea.

Una manera de solucionar este problema es emplear la barra horizontal ― (―) en lugar de la raya &emdash; (—). Sin embargo, dependiendo del tipo de letra, la barra horizontal puede ser más corta o más larga que la raya, y su espaciado es distinto (a veces lleva un miniespacio a uno de los lados). Lo podéis observar aquí:

Texto con barra horizontal marcando comienzo de inciso; está en el sitio adecuado pero es más corta que la raya.

Otra manera (la que me recomendaron los cachondos mentales de LibreOffice cuando lo reporté como bug) es añadir un espacio de no separación sin anchura alrededor de la raya. Todo el mundo sabe que es muy fácil escribir ⁠&emdash;⁠ en lugar de &emdash;:

Texto formateado correctamente.

He de decir que esto no funciona con todos los programas. Por ejemplo, Microsoft Word 2013 ignora el carácter de unión de palabras cuando va entre símbolos. Además, es muy farragoso. Sí, puedes hacer un "buscar y reemplazar" de todas las rayas (y tratar de recordar si las escribiste como código o como símbolo) y añadirles estos espacios, pero en un diálogo esto añadiría al menos un carácter unicode (dos bytes) por línea. Dado que xml permite definir "entidades" que se traducen como texto, sería deseable poder incluir en la cabecera del html una entidad que incluyera los tres caracteres. Teóricamente, se puede hacer, cambiando la cabecera:

<!DOCTYPE html >

Por:

<!DOCTYPE html [ <!ENTITY mdash "&#8288;&#8212;&#8288;"> ]>

Sin embargo, esto no funciona en Blogger (que rechaza los cambios hechos en DOCTYPE) y es muy probable que tampoco funcione en otros DTD, como los correspondientes al formato EPUB (precisamente, el problema de la raya es muy preocupante en el mercado de los EPUB).

¿Alguien me sugiere alguna solución?

viernes, 6 de diciembre de 2019

La lengua como api

Soy programador ocasional. El fin de semana que no tengo visita familiar ni correcciones suelo dedicarme a programar tonterías en distintos lenguajes de programación para novatos: VBA, javascript, processing. Usar tantos lenguajes distintos y tan poco a menudo hace que progresar en cualquiera de ellos se me haga cuesta arriba. Y, cuando he llegado a arreglármelas, cambian el lenguaje... o por lo menos la api, ese conjunto de métodos que, sin formar parte de ningún lenguaje específico, son necesarios para hacer cualquier cosa útil.

Esta frustración de no poder aprender algo nunca del todo bien se da también en la lengua. Cuando yo entré a la universidad a principios de los 90, la ortografía que regía era anterior a la entrada de Fidel en la Habana (la famosa regla del acento en las mayúsculas no se metió en los ochenta: nunca se dijo que no tuvieran que llevarlo). La gramática era más antigua aún, pero existía un breve esbozo de los años 70 que funcionaba (contra la recomendación de sus autores) como base normativa. Treinta años después, ha habido un par de reformas ortográficas y gramaticales que se han materializado en la publicación de diccionarios de dudas, ortografías razonadas, gramáticas y otras obras de oneroso precio periclitadas antes de amortizarse.

Es cierto que la lengua cambia, y más en un período en que lo joven y lo nuevo han adquirido la autoridad que en tiempos anteriores pertenecía a la edad y la tradición. Pero como profesor de lengua, no puedo dejar de sentir que estoy transmitiendo a mis propios alumnos que es inútil tratar de conocer completamente la norma, pues la norma es inestable y líquida, sujeta a caprichosos destinos como las api de android, y que cualquier cosa que escriban o lean tiene ya fecha de caducidad como los chistes del WhatsApp, y que quizá por ello no merezca la pena dedicarle más atención que a tales divertimentos.

domingo, 8 de abril de 2018

Shakespeare en la selva...

La literatura es un hecho histórico y social. Esta proposición, que cotidianamente tenemos que demostrar a masas de alumnos que no comprenden por qué carajo tienen que haber oído hablar de la Reforma antes de empezar a estudiar el Lazarillo, tiene implicaciones más allá de las que les explican los libros de texto.

Es cierto que el hecho de escribir sobre un determinado tema es un hecho histórico y social. El escritor escribe sobre temas que en la sociedad en que vive parecen importantes. La importancia que socialmente se le da a ciertos temas contemporáneos también hace que ciertas obras consigan éxito y, por ende, más probabilidades de sobrevivir al olvido. Un corolario de esta última afirmación es que en épocas posteriores volverán a tener éxito aquellas obras que sigan conectando con las inquietudes de la gente.

De modo que no solo la creación literaria es un hecho histórico y social. También la recepción de las obras literarias lo es. Este hecho sobre el que se insiste en las facultades de filología pasa, sin embargo, de puntillas por los libros de literatura de enseñanzas medias (es decir, secundaria obligatoria y bachillerato). Incluso el currículo lo pasa por alto, al afirmar con carácter general que la literatura enseña valores, olvidando que enseña los valores de su época, que pueden ser moralmente reprochables en la época actual (piensen, por ejemplo, en el machismo de Quevedo, la defensa del "amiguismo" y la corrupción política como ideal moral en don Juan Manuel, o el racismo en Lope de Rueda).

Un clásico que, por lo esclarecedor que resulta, debería incluirse en todos los manuales de literatura es un articulito escrito en los años sesenta por la antropóloga Laura Bohannan, Shakespeare en la selva. Cuando lleva unos días aislada en época de lluvias en un pueblecito Tiv (en lo que hoy es el este de Nigeria), sus vecinos, que la han visto mirando "papeles" que según ella son "historias de sus antepasados", le piden que les cuente una de esas historias. Y ella hace un esfuerzo por adaptar a su lengua y cultura la historia de Hamlet.

En su intento encuentra varios obstáculos: Los nativos no creen en fantasmas, sino, por un lado, en muertos zombis tangibles y, por otro, en presagios enviados por brujos. Tampoco consideran censurable que la reina se case con su cuñado inmediatamente después de enviudar; es más, creen que es recomendable que lo haga. No son las dudas y la inacción lo que ven reprochable en Hamlet, sino su desconfianza hacia el padrastro y que quiera tomar venganza por su propia mano, en lugar de encargárselo a algún amigo de su padre. Como este hay muchos otros puntos clave de la historia de Hamlet que hacen aguas en su recepción entre los Tiv... y, sin embargo, algo debe de tener este clásico, pues la historia les gusta, aunque sacan de ella una conclusión totalmente opuesta a la que Shakespeare quería transmitir: “Alguna vez has de contarnos más historias de tu país. Nosotros, que somos ya ancianos, te instruiremos sobre su verdadero significado, de modo que cuando vuelvas a tu tierra tus mayores vean que no has estado sentada en medio de la selva, sino entre gente que sabe cosas y que te ha enseñado sabiduría.”

¿Hasta qué punto hacemos nosotros, al leer la literatura de épocas pasadas, lo que hacían los Tiv al escuchar la historia de Hamlet? Y lo que es peor, ¿hasta qué punto NO lo hacemos? ¿Qué es más legítimo: acumular erudición sobre una época para comprender lo que una obra quería decir a la luz de las creencias de su época, o usar las armas que nos da la sociedad moderna (crítica psicoanalítica, perspectiva de género, etcétera) para arrojar una luz completamente nueva a los clásicos, como hace la audiencia de Bohannan?

En antropología se suelen distinguir dos enfoques, las perspectivas "emic" (local: la cultura X analizada en sus propios parámetros) y "etic" (universalista: la cultura X analizada según parámetros universales). Pero en realidad, el caso de Bohannan nos indica que falta una tercera perspectiva que se suele confundir con la "etic": algo que quizá podríamos llamar "meta-emic" o "emic2" (la cultura X analizada en parámetros de la cultura Y).

En literatura, a menudo me he debatido entre esas dos tendencias emic y "emic2". Así, por ejemplo, puedo leer La Colmena y pensar que, en parámetros de la España de los años 50, es toda una novedad. Pero, si veo este libro desde una perspectiva universal, es una pobre imitación de Manhattan Transfer (sin embargo, Dos Passos no se llevó el Nobel). Puedo leer novelas "experimentalistas" españolas de los años 60, y su experimentalismo me parecerá tímido al compararlas con novelas un género menor, la ciencia ficción, escritas en la misma época. Puedo leer la obra más "revolucionaria" de Jacinto Grau, El señor de Pigmalión y, puesto que desconozco muchos detalles de su contexto de creación, me parecerá muy tímida al lado de lo que escribía por la misma época Pirandello. O al revés, puedo leer a Quevedo y reírme mucho, encapsulando todo su machismo y su intolerancia en la afirmación de que aquellas cosas eran naturales en su contexto de producción.

Realmente, ninguna de estas dos formas de leer literatura es honesta. Pero es que, queridos amigos, las ciencias humanas no son honestas. Al tratar de nosotros mismos, son ciencias reflexivas cuyos datos se mueven constantemente reaccionando a los ojos del observador, y por ello carecen de la fría imparcialidad de las ciencias naturales... Eso es lo que las hace tan interesantes, ¿no creéis?

lunes, 2 de abril de 2018

Queísmo

Estoy seguro haber escuchado horribles queísmos televisión: convencido ello estoy. Eliminar ambigüedad preposiciones fuera estilo telegráfico (obsoleto twitter) necesarias. Queísmo: ultracorrección consistente eliminar preposición precediendo conjunción que. Preposición indica régimen verbal: (se convenció victoria, se acordó llegada); enlaza complemento nombre (la convicción victoria, el temor fracaso); marca complemento adjetivo (el ciclista animado su público, está confiado su victoria). Imposible parece periodistas, actores, guionistas TV torturados sintaxis niños facultad todavía desconozcan gramática. Algo estamos haciendo mal.


(El texto anterior se envió como "carta al director" a un diario español hace un par de semanas. Puesto que finalmente no se ha publicado en dicho medio, considero que puedo publicarlo en mi blog).


Edición: Informándome posteriormente, he caído en la cuenta de que originalmente el queísmo es el vulgarismo habitual y el dequeísmo es su ultracorrección. Pero creo que actualmente el queísmo funciona como la ultracorrección de una ultracorrección, ya que actualmente es más habitual oír el dequeísmo en personas de zona queísta y el queísmo en personas de zona originalmente no queísta.

sábado, 15 de julio de 2017

Es el simbolismo, idiotas!

Un asunto que ha salido varias veces a colación en el taller que he hecho los últimos días es la influencia de la lengua sobre el pensamiento. Y es un asunto complejo, porque (aunque negar dicha influencia sea tirar piedras sobre mi propio tejado) desde la antropología no hay una postura clara.

En cuanto a la lengua como sistema, la hipótesis Sapir-Whorf según la cual «la lengua de un hablante monolingüe determina completamente la forma en que éste conceptualiza, memoriza y clasifica la realidad que lo rodea» no se sostiene ante la evidencia empírica.

Y en cuanto a la producción lingüística, la antropología nos dice que tampoco los discursos (es decir, lo que se dice) son fiables para caracterizar una cultura, porque a menudo las prácticas (lo que se hace) contradicen a los discursos.

Pero, aun así, no se puede negar cierta interrelación entre sociedad, discursos y concepción del mundo. Es eso lo que explica el recurso constante al "hackeo" del lenguaje como palanca para llevar la opinión pública hacia uno u otro lado (lo que a menudo provoca, todo hay que decirlo, reacciones contrarias a la esperada). Este hackeo requiere o bien un amplio consenso social (por tanto, la sociedad no cambia su lenguaje para cambiarse a sí misma, sino que se cambia a sí misma y al hacerlo cambia su lenguaje), o bien el consenso de los medios que poseen el discurso dominante, como documentó Klemperer en su estudio sobre la lengua del Tercer Reich, y como alertó Orwell en 1984.

Puesto que en sociedades como la nuestra es difícil poseer la totalidad de las voces y ahogar la totalidad de las disidencias, numerosos grupos están ahora mismo negociando la verbalización de numerosos conceptos para normalizarlos, denigrarlos o ensalzarlos. Ello hace que seamos más conscientes que nunca de esa capacidad de «apalancamiento» de la lengua. Pero en esta negociación, todo hay que decirlo, entran también criterios sociolingüísticos, desvíos en la comprensión del significado primario y desvíos, finalmente, en la propia comprensión de la realidad.

Un ejemplo de los primeros es que a menudo la desaparición de una palabra no se debe a su significado denotativo primario, sino al grupo que se ha apropiado de ella como emblema; así probablemente se pueda explicar la desaparición de "obra" y "labor" como palabras-emblema que nos recuerdan otros tiempos. Ejemplo de los segundos serían la etimología popular (en sentido amplio) que nos hace dar a ciertas palabras y morfemas significados que nunca tuvieron, a causa de su parecido con otras palabras o morfemas (quizá me crucifiquen los lingüistas si meto en la etimología popular la reinterpretación de los sustantivos en -e como masculinos), el calco semántico gracias al cual una palabra toma el significado que se le da en otro idioma (así, a menudo las disquisiciones en torno al uso de "género" o "sexo" no tienen en cuenta las consideraciones sociológicas sobre la construcción social de la identidad personal y la biología folk, sino simplemente el uso común de la palabra en inglés) o el contagio por su constante aparición junto a otras palabras cargadas de connotaciones positivas o negativas (así, los nazis cargaron de connotaciones positivas la palabra "fanatismo" empleándola constamentemente en mensajes positivos).

Al hacer de la lengua un emblema, estos grupos negociadores olvidan cotidianamente que no es la lengua, sino el simbolismo lo que influye sobre el pensamiento. El simbolismo, una capacidad que se suele asociar frecuentemente al pensamiento abstracto, no se limita al lenguaje (la capacidad humana de comunicarse mediante un sistema de signos verbales), sino que se extiende tanto a lo paralingüístico (los signos no verbales con que se acompañan las palabras) como al resto de sistemas semióticos no verbales.

No creo que sea necesario hacer referencia a la influencia de la iconología e iconografía sobre el pensamiento de una sociedad. Al fin y al cabo, de eso viven los publicistas. Pondré, por tanto, un ejemplo un poco más abstracto. Jack Goody, en La domesticación del pensamiento salvaje, muestra que la posesión de escritura (no la escritura verbal de la que se ocupa la lingüística, sino los textos maquetados de los que se ocuparían la paralingüística o la tipografía) es uno de los rasgos que permiten comprender aspectos específicos de la forma de pensar en los occidentales. Pensamos en el fluir temporal no porque nuestros verbos posean tiempo, sino porque tomamos registros del tiempo. Pensamos haciendo listas mentales porque la escritura nos ha enseñado a preparar menús y listas. Es decir, no solo lo que decimos influye sobre nosotros, sino también la mera posibilidad de convertir el mensaje lineal en una serie de dibujos situados en el espacio de una tablilla de arcilla, una pared, una piel de animal o una hoja de papel. Pensemos, del mismo modo, en cómo los códigos del lenguaje audiovisual han modificado nuestra manera de pensar el tiempo, limitando nuestra atención a clips de 20 segundos. Es otro ejemplo de elemento para-lingüístico, situado en los intersticios del código, que sin poseer en sí mismo significado alguno influye notablemente sobre nuestra cognición.

La lengua puede ser una palanca desde la cual alterar la percepción y las prácticas, es cierto; pero no es la única. Y a menudo, quienes ostensiblemente tiran de la palanca del lenguaje son los mismos que empujan en dirección contraria desde la imagen, la música o la acción.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Microdictados / microcuentos

A ver / haber

—¡Ven a ver una vaca volando!

—A ver, ¿cómo va a haber una vaca volando?

Lo mismo debió de pensar el señor al que le cayó la vaca encima.

Cayó / calló

Le cayó una buena, y calló para siempre.

sábado, 22 de junio de 2013

Amigos muy falsos

En inglés se llama "false friend" ('falso amigo') una pareja de palabras muy parecidas de dos idiomas que tienen significados completamente distintos. Por ejemplo, "sensible" (inglés: 'inteligente') y "sensible" (español: 'propenso a sentir emociones'). Muy a menudo los traductores de medio pelo (que no saben inglés o no saben espeñol, o lo más habitual, desconocen ambos idiomas) no detectan que la "amistad" entre las dos palabras es falsa como un billete del monopoly, y crean efectos expresivos sorprendentes, propios de la gran literatura.

Leyendo un libro de economía encuentro la expresión "beneficio revenido". Es posible que esta expresión, mala traducción del inglés "revenue" se haya convertido ya en un tecnicismo entre nuestros economistas. Pero al escucharla no puedo dejar de pensar en beneficios rancios, pasados, caducados, florecidos, mohosos o incluso echados a perder, que es —supongo— lo contrario de lo que el autor quiere indicar.

sábado, 1 de junio de 2013

Sobre la etimología de 'ámbar gris'

[Original del 16/5/11 - no publicado hasta 1/6/2013]
A muchos os parecerá absurdo escribir un articulito sobre la etimología de "ámbar gris", puesto que parece evidente que vendrá de ámbar + gris, para diferenciarlo del ámbar "de verdad", que es amarillo. Al menos esa es la idea que aparece en varios diccionarios para la etimología de las palabras inglesas "ambergris" y "amber grey", que se supondría proceden del francés "ambre gris", documentado desde el siglo XV.
Sin embargo, héte aquí que, respondiendo a un trabajo de Historia Moderna (Antropología), me tropecé con la palabra "ambrocar" en la Carta Di Andrea Cossali Fiorentino, donde describen así la isla de Mozambique:
Trovasi anche gran quantita di riz, & altri semi, di che questi dell'isola vivono. Vi si trova parimente argento, ambracan, gengiovo, meleghetta & garofani, non come questi d'India, che non sono tanto profitossi, ma di meglior odore & di forma di galla di nostra terra.
[Se encuentra también gran cantidad de arroz y otras semillas, de que viven los naturales de la isla. Se encuentra igualmente plata, ambrocan, gengibre, malagueta (falsa pimienta) y claveles, no como los de la India, que no son tan provechosos, sino de mejor olor y con la forma de las agallas de roble de nuestra tierra.] (RAMUSIO, M. Gio. Battista: Primo volume e terza editione / delle Navigationi et viaggi..., Venetia, stampa de Guinti, 1563, fol. 178)
Está claro que "ámbar gris" se parece mucho, pero que mucho, a este "ambrocan". Pero es que buscando en internet la palabra, aparece en el DRAE:
Sustancia que se encuentra en las vísceras del cachalote, sólida, opaca, de color gris con vetas amarillas y negras, de olor almizcleño, que al calor de la mano se ablanda como la cera, y la cual se halla en masas pequeñas y rugosas, sobrenadando en ciertos mares, especialmente en las costas de Coromandel, Sumatra y Madagascar. Se emplea en perfumería y como medicamento excitante
("ámbar gris", DRAE, s.v.)
Es decir, que el "ámbar gris" se pescaba justo en los lugares de los que habla Ramusio en su viejo libro. En apoyo adicional a mi pequeña teoría, está el hecho de que, según el diccionario histórico, ámbar es cachalote en árabe, y la primera acepción en castellano de la palabra fue la de 'ámbar gris, esperma de cachalote' y no la de 'ámbar, mineral' (Fundación Rafael Lapesa, Diccionario Histórico, s.v. "ámbar" )
Por cierto que mirando el mismo diccionario se observa que en Español el ámbar blanco, negro, gris... son históricamente variantes del 'esperma de ballena', mientras que en otros idiomas se refieren a distintas piedras (por ejemplo, black amber: azabache).
¿Y el ámbar amarillo? Supongo que su nombre procederá de su parecido a la sustancia del cachalote, puesto que en latín y griego, como indica Nebrija en su diccionario, (página 28 de la edición de la RAE de 1989) ámbar de las cuentas, succinum, ámbar, este mesmo en griego, electrum.

Complemento de régimen y complemento predicativo: problemas (1).

Una de mayores dificultades de la sintaxis es la conjunción en una misma ciencia, que debería limitarse al orden y jerarquía de las palabras en la oración, de aspectos morfológicos y semánticos en conflicto entre sí.
Uno de estos conflictos es el que se produce con una frase preposicional en la posición de predicativo, lugar ya de por sí complicado de definir, puesto que su definición, "complemento de un verbo y un sustantivo", es ya paradójica.
Es cierto que las frases preposicionales pueden equivaler a adjetivos, categoría a la que habitualmente pertenece también el predicativo. Pero, puesto que una estructura igual también podría desempeñar el papel de complemento de un verbo, hay que agarrarse a la semántica para comprobar lo que en un adjetivo resolveríamos con una simple prueba de concordancia:
  1. La mujer de Lot se transformó [en estatua]
  2. La mujer de Lot se transformó [en Sodoma]
El sentido de la primera oración está claro:"una estatua" es una cualidad de "la mujer de Lot". En la segunda, también parece más o menos claro que "Sodoma" es el lugar donde ocurre la transformación. Algunos gramáticos dirían que en el segundo verbo "damos por supuesto" el predicativo (es decir: la oración, en nuestra cabeza, es "se transformó en eso". Compliquemos un poco más las cosas:
  1. Selemoh-Ha Leví se convirtió en cristiano
  2. Selemoh-Ha Leví se convirtió en Burgos
  3. Selemoh-Ha Leví se convirtió al cristianismo en Burgos
La segunda oración de esta nueva serie viene a confirmar la suposición de los gramáticos mencionados antes (esto es, que el predicativo está supuesto), pues el sentido tradicional de la palabra "convertir" en castellano es "convertir al cristianismo" (la culpa de este sentido no la tenemos ni la palabra ni yo, sino unos cuantos siglos de historia y una sociedad no tan tolerante como se nos quiere hacer creer). Pues bien: ¿qué ocurre con la tercera oración? Es difícil aceptar que "al cristianismo" es un predicativo: de una parte, la preposición tiene un claro sentido de movimiento, que en la oración parece mantenerse; de otra, el nombre abstracto, aunque nombra una cualidad, no parece lo más adecuado para complementar a otro nombre, ni siquiera por vía de aposición. Dos oraciones con el mismo sentido y, sin embargo, distinta estructura. Entonces, ¿podemos apoyarnos en el sentido para establecer la función sintáctica o no? Ya dijimos que de aquí vienen casi todas las dificultades de esta ciencia.
No hemos apuntado una dificultad adicional: el verbo con el que hemos estado trabajando exige que la preposición sea siempre la misma. Comprobémoslo con la lista de preposiciones:
  1. Juan se convirtió a + sustantivo abstracto (Se convirtió al cristianismo)
  2. Juan se convirtió en + adjetivo o sustantivo (Se convirtió en cristiano, en estatua, en ficción).
  3. Juan se convirtió [ante, bajo, desde, contra, entre, hacia, hasta, para, por, según, sin, sobre, tras]: complementos circunstanciales.
En el primer caso, que es el que hemos presentado como más dudoso, no parece haber mucha diferencia (gramatical) entre "convertirse al cristianismo" o "dedicarse a la espeleología", frase en que el complemento se clasifica como "complemento de régimen" precisamente porque es obligatorio y está limitado a una sola preposición (pues no admite sinónimos: uno no se puede dedicar ni "para" ni "hacia" la espeleología, del mismo modo que tampoco se puede convertir ni "hacia" ni "para" el cristianismo).
El complemento citado sería, por su forma, un complemento preposicional (puesto que su preposición es regida), y por su significado un complemento predicativo (puesto que indica cualidades del sujeto). Si seguimos la idea de Bosque de clasificar entre los complementos de régimen todos aquellos exigidos por el verbo, sin importar si tienen preposición o no, tendríamos ser coherentes y decir que es un complemento de régimen. Sin embargo, estoy seguro de que Bosque lo clasifica como predicativo, puesto que tampoco tiene en cuenta la forma al decir si algo es un predicativo o no (y la casilla de complemento de régimen ha pasado a ser el mismo "cajón de sastre" en que Bosque decía que se había convertido el adjetivo).
(Continuará)

lunes, 3 de diciembre de 2012

La fábula del conde bebedor

El conde bebedor quería organizar una fiesta, y no sabía cuánto vino comprar. Así que llamó a la princesa Ana, y le preguntó:
 —Princesa, princesa, ¿a tí el vino te embelesa?
 —No, conde bebedor. Las princesas toman mera agua de fresas.
Después llamó a la duquesa:
—Duquesa, duquesa, ¿en la orden de san Tomás profesa?
—No, conde bebedor. Las duquesas toman mera agua de fresas.
A continuación, llamó a la marquesa y le preguntó:
—Marquesa, marquesa, ¿tú bebes como una posesa?
—No, conde bebedor. Las marquesas toman mera agua de fresas.
Finalmente le preguntó a su mujer, la condesa:
—Condesa, condesa, ¿Empinas la bota bien tiesa?
—No, conde bebedor. Las condesas toman mera agua de fresas.
Así que el conde encogió sus hombros, encargó una buena provisión de agua de fresas y una pequeña botella de vino para él.
Pero el día de la fiesta nadie bebió agua de fresas, y el buen conde tuvo que mandar a toda prisa a los criados a las bodegas más próximas porque todos se quejaban de la falta de vino.
Moraleja: si haces una pregunta indiscreta, no esperes que te contesten con la verdad.

Pues bien, según ha llegado a mis oídos, a los sucesivos responsables ambientales de España les ha pasado como al conde: preguntaron a la industria cuánto contaminaba, para saber qué límites negociar en Europa. Nadie quiso quedar de contaminador ni de guarro, y todos dijeron que aquí la mierda era tan pura que olía a fresas.

Sin molestarse en comprobar la afirmación, o quizá sin medios para ello, el gobierno sacó pecho, se jactó de defender los límites más estrictos, y luego, al llegar el momento en que por fin debíamos acatar aquellas normas negociadas desde la jactancia, la industria nacional se ha sentido como aquel que acude a una invitación en un restaurante de postín y luego comprende que ha de pagar su cubierto. No se pueden cumplir los límites de emisión, porque hemos propuesto unos límites inalcanzables. Y luego llegan las multas, las exigencias de actualizar tecnologías en plena crisis... Y es que si uno no quiere pillarse los dedos, es mejor que deje de jugar con la puerta.

jueves, 14 de junio de 2012

Ensalada Musical (propuesta de juego)

Que el verso más utilizado en español sea el octosílabo permite hacer muchos juegos.


Uno conocido desde antiguo es la llamada ensalada, poema creado mediante un refrito de versos procedentes de diversas fuentes.


Otro que quiero proponer ahora, y que no sé si alguien ha propuesto ya (forma parte de las ideas que aporté para la creación de un material de escritura creativa) es la ensalada musical, consistente en cantar una canción popular en octosílabos con la letra de otra. Ahí va una propuesta:

  1. Canten la letra de Asturias, patria querida con la melodía de Que dice la Pilarica que no quiere ser francesa.
  2. A continuación, entonen Que dice la Pilarica que no quiere ser francesa con la música de ¿Dónde vas, Alfonso XII?
  3. Seguidamente, canten ¿Dónde vas, Alfonso XII? como si fuera Estas son las mañanitas que cantaba el rey David.
  4. Para terminar, y si todavía no se han hecho un lío, finalicen con Estas son las mañanitas... al ritmo del Asturias, patria querida.

sábado, 2 de julio de 2011

Klemperer: Lingua Tertii Imperii

KLEMPERER,Victor: LTI. La lengua del Tercer Reich. Apuntes de un filólogo, Barcelona, Minúscula, 2001
410 páginas
ISBN: 978-84-95587-07-7
Género: Ensayo
Precio: 20 €


Victor Klemperer ocupaba una cátedra de Filología Francesa en Dresde cuando las leyes raciales lo obligaron a abandonar la universidad. Protegido del exterminio hasta el último año gracias a su matrimonio con una aria, fue testigo de la barbarie nazi, que decidió estudiar a través de su lenguaje, la «Lingua Tertii Imperii», es decir, la lengua del tercer Reich.

La obra de Klemperer resulta llamativa por diversas razones. En primer lugar, porque el doblelenguaje fascista por él analizado sigue vigente hasta el día de hoy (por ejemplo, la degradación de la palabra héroe al utilizarla para hablar de cualquier víctima, haya realizado acciones heroicas o no antes de morir; el uso de las abreviaturas, acrónimos y siglas; la utilización gratuita de palabras extranjeras —que para los alemanes, como para los ingleses, son precisamente las palabras latinas o románicas que a nosotros nos «suenan» familiares—). En segundo lugar, porque resulta curioso ver cómo Klemperer defiende el uso por parte de los marxistas de los mismos recursos con que los fascistas intoxicaban los pensamientos (esto, claro, por ingenuidad: el libro se publicó antes de que muchos de los crímenes de Stalin hubieran salido a la luz). En tercer lugar, porque siempre resulta curioso leer un texto que analiza lengua y pensamiento desde una lengua y pensamiento diferentes a los nuestros.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Dos de literatura...

Por qué los jóvenes no leen
A través del portal de la UNED encuentro un programa reciente de Hora 25 que analiza por qué los jóvenes no leen. En ella, una profesora de la UNED y un profesor del I.E.S. "San Juan Bautista" discuten estrategias para hacer llegar el texto a los alumnos, así como los principales problemas:
  • La selección de textos, a veces obligada por el currículo.
  • La priorización de la búsqueda de información sobre la comprensión real o apropiación del texto, incluso en las pruebas de evaluación oficiales.
  • La exposición temprana de los alumnos a la historia de la literatura, incluso antes del estudio de los mismos períodos en la asignatura de historia.


Revista sobre microrrelatos
Buscando otra cosa, he encontrado una revista mexicana que se dedica a analizar cuentos y microcuentos; principalmente, estos últimos. Se llama El cuento en red y publica en línea. A pesar de mi horror a la lectura en pantalla, encuentro interesantes dos artículos que tratan de definir el género del microcuento: "Breve manual para reconocer minicuentos", de Violeta Rojo, y "Los estudios sobre minificción: Una teoría literaria en lengua española", de Zavala, Lauro.

EDICIÓN [28/12/2010]:
Poco después de escribir el artículo anterior encontré en una revista de la Uned otro artículo sobre teoría del microcuento: Francisco Álamo Felices: El microrrelato. Análisis, conformación y función de sus categorías narrativas, UNED. Revista Signa 19 (2010), págs. 161-180

miércoles, 7 de julio de 2010

Estimado señor / Distinguido señor

Observo en los últimos tiempos en la correspondencia se está sustituyendo la fórmula «Estimado Señor» (o «Señora») por «Distinguido Señor» (o «Señora»). Quizá yo sea un rancio y un carca, pero siempre me ha resultado agradablemente críptico y majestuoso el lenguaje tradicional de las cartas comerciales, aquel del «Acuso recibo de la suya del 14 del presente» y fórmulas similares. Por eso me da un poco de pena esta sustitución, no sé si por influencia del inglés (algún «Distinguished Sir» he visto por ahí, pero es más frecuente el «Dear Sir»), o simplemente por búsqueda de la novedad.

Claro es que la correspondencia comercial cada vez llega más a la gente de a pie, y que por una política lingüística (por supuesto, nunca mentada con tal nombre) enfocada en cierta dirección de mediados de los ochenta a esta parte, se han ido infantilizando el lenguaje periodístico, el comercial, el jurídico-administrativo e incluso el médico. Y es curioso que haya habido en los últimos tiempos iniciativas legislativas en tal dirección, como la que ha eliminado los tratamientos de cortesía en la Administración General del Estado o la que ha obligado a redactar con un lenguaje «más simple» los prospectos de las medicinas. A pesar de ello, quedan reductos inexpugnables, pequeñas Numancias de la lengua, como el lenguaje del derecho fiscal.

En efecto: cualquier persona que haya cursado con aprovechamiento la enseñanza obligatoria (es decir, la ESO) podría comprender un prospecto médico de los antiguos. Sin embargo, a duras penas podrá encontrar el «programa Padre» en la página oficial de la agencia tributaria, y mucho menos comprender su archivo de ayuda en caso de duda. Obsérvese que, si bien todos podemos necesitar medicamentos, también se supone que Hacienda somos todos. Ni para enfermar ni para montar una frutería hacen falta estudios.

¿Son quizá los inspectores de hacienda los últimos profesionales que hacen de su oficio una especie de taumaturgia? ¿O es que son los pocos suficientemente inteligentes como para comprender que los tecnicismos no se han inventado por joder al pueblo sino para señalar diferencias de conceptos donde la lengua común no los halla?
(Edición 22/4/2014: irónicamente, este artículo estaba plagado de erratas e incluso tenía alguna falta de ortografía).

viernes, 20 de noviembre de 2009

Cómo crear un blog de blogger con la letra eñe

Después de haber averiguado hace unos días cómo se consigue registrar un dominio .com con acentos en un proveedor que no los admite, he empleado hoy el mismo sistema para probar si se podían registrar blogs de blogger en cuya dirección figurasen acentos, diéresis o la eñe.

Y he visto que se puede hacer. Lamentablemente, alguien se me adelantó, y eñe.blogspot.com ya está registrado, así que, como mis otras ideas van para dominios cuyas versiones sin acento están registradas (es inútil registrar qué.blogspot.com si ya existe que.blogspot.com), me he quedado con las ganas. Pero ahí va el procedimiento para quien esté interesado.

  1. Buscar en google un punycode-converter, por ejemplo phlyLabs Punycode Converter.
  2. En la casilla "original (unicode)", escribir el subdominio a registrar (por ejemplo, "eñe" para eñe.blogspot.com).
  3. Pulsar el botón "Encode"
  4. Seleccionar el texto codificado (en nuestro caso, "xn--ee-zja") y copiarlo
  5. Abrir www.blogger.com, crear un blog y, en la casilla "http://________.blogspot.com", escribir el nombre del blog.
  6. Pulsar "comprobar disponibilidad" para comprobar que nadie se nos haya adelantado
  7. Por último, rellenar el resto de los datos y aceptar.


Ejemplo: porsanblaslacigüeñaverás.blogspot.com

lunes, 8 de junio de 2009

Es preciso / Es precisa


Es preciso / Es precisa
Originally uploaded by jose_m0ya.

No es habitual ver ante nuestros ojos un proceso de lexicalización y reconocerlo como tal; por eso me parece interesante este caso, que aparece en un recuadro destacado de los mapas de cercanías de Renfe de Madrid. El uso de es preciso seguido del infinitivo tener, por un lado, y de se precisa con o sin tal infinitivo, por otro, han causado la inmovilización del adjetivo (o participio irregular, según como se quiera ver) que debería concordar con el sujeto, como sucedería en es necesaria o en es requerida.


El proceso me recuerda vagamente a otros que no he podido vivir, como la conversión de los participios "bastante", "mediante" y "durante" en adverbios (e incluso en preposiciones). El lenguaje formulario hace que incluso el verbo, supuesto rey de la oración, se degrada hasta vaciarse de flexión y sentido.

martes, 5 de mayo de 2009

"Si conoce el sistema [braili]..."

La manía de pronunciar "a la inglesa" cualquier palabra no patrimonial (víd. supra, El ataque de los anglófilos voladores) se extiende a la campaña de las elecciones europeas.
"Si es usted ciego o padece alguna discapacidad visual y conoce el sistema braille, ahora puede usted votar..." ¿Por qué en este mensaje pronuncian [braili], en lugar del habitual [braile]? Es cierto que lo lógico sería pronunciarlo como se escribe, ['braj.ʎe] (con ll y todo), pero si vamos a pronunciarlo a la extranjera, no es necesario realizar una sílaba final que es muda en francés.
Louis Braille era francés, y, en su lengua materna, el sistema de lectura por él diseñado se pronuncia [bʁaj]

Y, desde luego, quienes han diseñado la campaña podrán ser cualquier cosa, menos europeos. "C'est tojours du Nord, et du Nord seul, que nous vient la lumière: le monde civilisé finit aux Alpes et l'Afrique commence aux Pyrénées".

EDICIÓN: Copié la transcripción fonética de "pollo" del wikcionario para conseguir la ʎ... y se me quedó en lugar del ['braj.ʎe] de arriba... Parece que ninguno os disteis cuenta...

miércoles, 17 de septiembre de 2008

"Vegetables", "legumes", verduras y hortalizas.

Lo de usar el calco semántico "vegetales" para referirse a verduras y hortalizas pasa ya de castaño oscuro. El otro día, sin ir más lejos, vi a un cocinero en España Directo o Madrid Directo (tanto me da que me da lo mismo: ambos son programas del mismo tipo con parecido control de calidad) que, hablando de platos económicos, presentaba una ensalada de uva y sandía, añadiendo a continuación:
—Y ahora vamos a añadirle un vegetal, un bulbo de hinojo.

¡Dioses del Olimpo! ¿Acaso no son vegetales (tanto según la clasificación aristotélica como en el sistema de los cinco reinos) la sandía y la uva? ¿Es que acaso las uvas son producidas por Ángela Channing partir de ojos de niños inocentes?

Si los chefs, por influjo del francés, comenzasen a llamar "legumbre" a la lechuga, a todos nos resultaría chocante (shocking). Sin embargo, contemplamos impasibles anuncios donde se utiliza el término "vegetales" para referirse a las verduras como ese que dice algo así como:
—Por fin, a todo el mundo le gustan los vegetales.

Coño, no sabía que hubiera gente a la que no le gustaran la cerveza, los panchitos, las patatas ni los kikos. Alguna cosa de ese lote es posible, pero todo a la vez...

Quizá el problema esté en la necesidad de adaptar a toda velocidad la publicidad extranjera al castellano. "Verduras y Hortalizas" es más largo que "Vegetales", y, además, "verduras" está marcado negativamente en la mente de los niños (Pero, coño, ¿no lo está también "vegetables" en la mente de los infantes anglosajones? ¿Es que los publicistas nunca han jugado a Keen Dreams?) Por eso tratan de evitar la palabra "verdura" y caen en el calco. Porque no quiero creer que sea porque no aprendieron inglés en el colegio...

jueves, 7 de febrero de 2008

De lenguas...

Es curioso cómo surgen los asuntos que trato en este diario. A menudo, cuando camino por la calle, un detalle llama mi atención, y pienso: «debería escribir esto en el blog». Frecuentemente, construyo un artículo completo en mi cabeza, que obviamente habré olvidado cuando me siente ante la pantalla. Y lo más habitual es que, con el paso de las horas, decida que no vale la pena escribir una línea. Pero, de repente, el mismo detalle surge acá y allá, y al cabo de una semana o dos se ha convertido en una conjunción de referencias que me impelen a escribir algo sobre el tema.

Digo esto porque, en el caso que vamos a tratar, he visto cientos de referencias a lo mismo (bueno, ellos no sabían que era lo mismo) y necesito organizar, de alguna manera, mis ideas.

Voy en el metro. Enfrente, un adulto joven con lo que parece un libro de ciencias naturales escrito en inglés. Inmediatamente deduzco que se trata de un profesor de un centro bilingüe. Y eso me lleva a mi primera idea. A saber:

1. En los (cada vez más numerosos) centros bilingües, las ciencias se enseñan en inglés. ¿No existe el peligro de crear una generación carente de vocabulario científico castellano?

Días después, un artículo sobre la transmisión del conocimiento científico llama mi atención. Se da la circunstancia de que mi hermano estuvo, durante una temporada, interesado en el tema, y lo aprovechó como asunto para un trabajo durante el curso de formación de profesores (otra cosa es que J. A. Marina —desconociendo los diversos significados de la conjunción O en español, que desde luego no se limitan a los reseñados por lógicos y matemáticos— se lo aceptara).
En el artículo, de nuevo, una referencia a la lengua:
2. Uno de los elementos que ha facilitado la difusión universal del conocimiento es el uso del inglés como lengua franca.

Efectivamente: como dice el artículo, Mendel fue un perfecto desconocido durante 30 años, y sólo cuando alguien rescató y tradujo sus trabajos se consiguió divulgar sus descubrimientos. El ruso Mendeleiev podría ser otro ejemplo. Por lo que a mí respecta, comprendo la necesidad de la lengua franca: ¡Me molesta tanto que a Antti Aarne le diera por nacer en Finlandia! Gracias a Thompson, un americano, he podido leer algo sobre sus trabajos.

En cualquier caso, resulta curioso tratar de promocionar la lengua española en Internet y, a la vez, promover el uso de otro idioma en ámbito científico. De hecho, la gente usa el inglés en Internet porque sabe que encontrará más lectores si emplea dicha lengua; es decir, por la misma razón que al escribir papers.

Más tarde, un artículo en alguno de los cinco o seis diarios que leo diariamente (¡¡y además, de gorra!!), probablemente en El País, menciona que un tal Maalouf (en el periódico no aclaran si se trata del famoso escritor Amin Maalouf) propone el conocimiento de una «segunda lengua materna», que no sea el inglés, y su asociación a un conocimiento cultural. Es evidente que el señor Maalouf se refiere al francés, pero aquí hay algo que no cuadra... Veamos la segunda idea:
3. El inglés es la lengua franca del comercio y la ciencia, pero parece que la «excepción cultural» exige el uso de una lengua distinta.

Finalmente, algo que no sé si será parte del circo nacional, pero que desde luego es una idea que llevaba tiempo rondándome la mente: los andaluces proponen enseñar eusquera, gallego y catalán para facilitar la movilidad de los trabajadores. Realmente, es una idea interesante que quitaría razón a quienes apoyan el favoritismo hacia trabajadores de una autonomía excusándose en el "privilegio por razón de idioma" que tienen catalanes, gallegos y vascos en su tierra. Sin embargo, sospecho que podríamos rescatar la idea del artículo anterior y concluir:
4. Si conocer una «segunda lengua» y una «segunda cultura» es una ventaja, ¿por qué no conocer la segunda lengua y segunda cultura de la propia nación?.

EDICIÓN (16-VI-8): Pequeños arreglos de estilo