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domingo, 25 de mayo de 2014

Ley d'Hondt for dummies

Hola, amiguitos. Como supongo que todos estaréis pendientes del resultado de la final de la Champions las elecciones europeas, os voy a explicar de forma muy, muy sencilla cómo se reparten los escaños en las elecciones.

Imaginad que yo invito a mis amiguitos al cumpleaños y vienen con sus familias. Tengo 8 pastelitos, para 8 personas: los García (Luis, Daniela, Ricardo, su mamá,  y su papá), los Pérez (Ana, y su mamá), y yo. ¿Cómo los dividiré?

En el cole aprendisteis todos que para esto no hay más que dividir. 8 pasteles, 8 personas... Tocan a dos... ¿verdad? ¡Pues no!

Los García, que siempre van en pandilla a todas partes, dicen que hay que usar la regla d'Hondt, como si esto fueran unas elecciones. Eso nos complica bastante la vida, porque nos obliga a sacar lápiz, papel, la calculadora y el iphone para llamar a un politólogo que nos lo explique. Después de reunidos los materiales, hacemos una tablita como esta:

Cocientes: 1 2 3 4 5 6 7 8
García: 5,00 2,50 1,67 1,25 1,00 0,83 0,71 0,63
Pérez: 3,00 1,50 1,00 0,75 0,60 0,50 0,43 0,38
Yo 1,00 0,50 0,33 0,25 0,20 0,17 0,14 0,13

En la primera columna van los nombres de nuestros amiguitos, y en las siguientes el número de personas que componen la familia, divididos entre uno, dos, tres, cuatro... idealmente hasta ocho, que es la cantidad de pastelitos de la que disponemos. Pero vamos a ver cómo no vamos a necesitar tantas columnas.

Empezamos repartiendo pasteles al que tenga el número más alto en la tabla. ¿Quién tiene el número más alto? ¡Los García! Mi amiguito Luis García se come el primer pastel. Después, tachamos ese número de la tabla:
Cocientes: 1 2 3 4 5 6 7 8
García: 5,00 2,50 1,67 1,25 1,00 0,83 0,71 0,63
Pérez: 3,00 1,50 1,00 0,75 0,60 0,50 0,43 0,38
Yo 1,00 0,50 0,33 0,25 0,20 0,17 0,14 0,13

Seguimos por el siguiente número más alto. ¿Quién lo tiene? ¡Los Pérez! Así que ellos también se llevan un pastel, que se come Ana Pérez.

Cocientes: 1 2 3 4 5 6 7 8
García: 5,00 2,50 1,67 1,25 1,00 0,83 0,71 0,63
Pérez: 3,00 1,50 1,00 0,75 0,60 0,50 0,43 0,38
Yo 1,00 0,50 0,33 0,25 0,20 0,17 0,14 0,13

El siguiente número más alto (el 2,50) lo tienen los García. Así que Daniela García se come un pastel.

Cocientes: 1 2 3 4 5 6 7 8
García: 5,00 2,50 1,67 1,25 1,00 0,83 0,71 0,63
Pérez: 3,00 1,50 1,00 0,75 0,60 0,50 0,43 0,38
Yo 1,00 0,50 0,33 0,25 0,20 0,17 0,14 0,13

A continuación, van los Garcóa de nuevo (1,67). ¡Ricardo se abalanza sobre su pastel!

Cocientes:12345678
García:5,002,501,671,251,000,830,710,63
Pérez:3,001,501,000,750,600,500,430,38
Yo1,000,500,330,250,200,170,140,13
¡Le sigue la mamá de Ana Pérez (1,50), que engulle el suyo disimuladamente!

Cocientes:12345678
García:5,002,501,671,251,000,830,710,63
Pérez:3,001,501,000,750,600,500,430,38
Yo1,000,500,330,250,200,170,140,13

Quedan 3 pasteles y ¡el próximo es para el papá de los García!

Cocientes:12345678
García:5,002,501,671,251,000,830,710,63
Pérez:3,001,501,000,750,600,500,430,38
Yo1,000,500,330,250,200,170,140,13

Por último, un triple empate y solo quedan 2 pasteles... ¿me quedaré sin pastel?

Cocientes:12345678
García:5,002,501,671,251,000,830,710,63
Pérez:3,001,501,000,750,600,500,430,38
Yo1,000,500,330,250,200,170,140,13


¡Ahora sé por qué los malvados García usan la Ley d'Hondt en todas sus fiestas! No es por la emoción que proporcionan a la hora de repartir el pastel, no... ¡es porque les toca más a ellos!

martes, 20 de mayo de 2014

Pequeño análisis de la propaganda electoral (II)

Continúo mi análisis de la propaganda electoral recibida en el buzón analizando lo que he recibido esta semana: Izquierda Unida (recibido el fin de semana, probablemente el viernes) y UPyD (recibido ayer u hoy... ¡como veis, no miro el buzón muy a menudo!).

Izquierda Unida (IU)

El mensaje de Izquierda Unida es breve y, ante todo, agresivo. Busca un culpable de que "la mayoría" estemos "pagando injustamente la crisis". Curiosamente releí el domingo un artículo sobre las elecciones cingalesas en los 80 que decía algo que se puede aplicar aquí: cuando hablamos de nuestras intenciones, somos lajja (equilibrados, moderados, pacíficos); cuando hablamos del adversario somos fieros. Pues bien, la publicidad de IU se mueve entre los dos polos: 1a- Nosotros: somos los paganos de la crisis. 1b- Ellos: nos han quitado nuestros derechos  2a- Ellos: tienen cuentas en suiza, han vivido por encima de sus posibilidades. 2b- Nosotros: luchamos por un país diferente. El párrafo tercero enlaza con el primero recordando que los derechos no eran concesiones, sino conquistas. "Es la hora".
Se parece al del PSOE en que no hay un programa claro, solo unas intenciones, aunque más concretas que en el partido socialdemócrata.

No se me da muy bien analizar imágenes, quizá porque soy miope, daltónico y otras cosas que no vienen al caso. Pero me llama la atención que este mensaje "fuerte" contraste con la fotografía que lo acompaña, en que los dos candidatos principales tienen una pose amable y sonriente, él con una americana informal y chaqueta desabotonada y ella con un fular y una camiseta de punto. La otra cara de la tarjeta de propaganda, que no reproduzco aquí, muestra a los 7 candidatos principales, casi todos con vestimenta informal, apoyando el lema "El poder de la gente" (esto, quizá, explica que su carta sea la única sin firma), que visualmente se traduce en una imagen en que se "hace piña" alrededor del candidato para mostrar que es un partido más o menos plural. Se echa de menos que se indique en esta carilla (en la otra sí se hace) si los candidatos proceden de IU o de los Verdes.

Unión, Progreso y Democracia (UPyD)

Carta UPYD
Continuamos con UPyD, un partido que tiene mis simpatías en algunos temas y me horroriza en otros. El mensaje del candidato se centra en presentar al partido como digno de confianza del votante (se dedica a ello los cuatro primeros párrafos) y posteriormente se presenta un programa más desarrollado que el de IU: aunque sigue siendo una declaración de intenciones, es un poquito más concreta. "superar la brecha entre una Europa de acreedores y otra de deudores" (en el texto se llama "solidaridad," pero según como se entienda podría ser democracia orgánica revisitada), acabar con los paraísos fiscales, asegurar los derechos de los trabajadores y planes de empleo para jóvenes y mayores, mejorar servicios, atender a situaciones de pobreza y precariedad asegurando suministros básicos, aprovechar recursos naturales. Una declaración que puede parecer un tanto naïf, toda vez que algunos de los derechos que propone van contra la constitución europea (la "carta otorgada" del Tratado de Lisboa limita la inversión pública en servicios que puedan ser prestados por empresas privadas) o no pueden ser regulados desde el ámbito europeo (como el de asegurar suministros).

La carta de UPyD es la más densa de los que he analizado hasta ahora. No la más extensa, porque creo que la del PP la superaba, pero esta contaba con el hecho de que, al estar dividido en dos mensajes de personalidades distintas, incurría en reiteraciones inevitables. Desde un punto de vista, esta densidad de la prosa de Sosa Wagner (casi tan densa como la de los artículos de este blog) puede aburrir al lector impidiendo la "comunicación". Desde otro punto de vista, muestra al lector el respeto que se merece, enviándole un mensaje reflexivo en un tono altamente formalizado.

El mensaje visual muestra al candidato apoyado en el hombro de la presidenta del partido, metáfora visual de su mensaje: "la unión hace la fuerza".

Por cierto, de todas las cartas que me han llegado, la de UPyD es la única que no poseía mis datos censales, sino que fue enviado al "elector" residente en mi dirección (lo que supone un gasto para el erario público: no todos los edificios están habitados por "electores" posibles). Sabía que se denegó el acceso a las direcciones postales del censo a los partidos pequeños en cierto momento, pero esperaba que aquellos que habían conseguido algún escaño pudieran contar con esa información...

Y ahora os dejo, que tengo que volver a estudiar mi examen de Antropología Política.

jueves, 15 de mayo de 2014

Pequeño análisis de la propaganda electoral...

A mi casa han llegado a lo largo de la tarde de ayer los envíos de propaganda electoral de PSOE y PP (a casa de mis padres ha llegado la de un tercer partido, pero no he estado pronto para hacerme con ellos). Es una buena ocasión para analizar (no sé si antropológicamente, lingüísticamente o simplemente desde el sentido común) los mensajes que los partidos envían al ciudadano, porque es un espejo de lo que empresas de mercadotecnia, partidos y sociedad española en general piensan sobre el españolito medio y su capacidad de movilización de cara a estas elecciones.

1. Ausencias importantes.

Del mismo modo que algunas antorchas en el entierro de César, en la carta del PP el nombre del candidato a a presidente de la comisión europea brilla por su ausencia. Y en la del PSOE cuesta encontrarlo y, desde luego, no aparece ninguna nota que explique su trayectoria. Es curioso, porque muchas de las decisiones europeas se quedan en la comisión y no llegan a pasar al Parlamento. Por ejemplo, según un documental que circula por la red (La mentira de las bombillas de bajo consumo en RTVE.es), la decisión de acabar con las bombillas convencionales, así como las cantidades límite de mercurio a incluir en las mismas, fueron aprobadas sin supervisión del parlamento europeo, a nivel de Comisión.  Así que, ya que por esta vez parece que se elegirá al Comisario Europeo que decida el grupo más votado (y no por arreglos políticos, compadreo, negociaciones sobre la nacionalidad del comisario, pactos Cánovas-Sagasta u otros arreglos revestidos de dudosa legitimidad democrática), sería un detalle que apareciera el nombre del candidato.
Mensaje del candidato del PP

Mansaje del presidente del PP

Mensaje de la candidata del PSOE
Otra ausencia importante es el programa electoral (¿El pro... qué?). Esa ausencia tiene un origen más difíciil de comprender para quienes no conozcan el márketing. Las cosas no se anuncian por lo que son, sino por las emociones que suscitan (algo que los literatos llamaríamos su lírica, pero que teóricos como  Christian Salmon llaman storytelling, traducible como "narración" o simplemente "mentira"). Para anunciar un café instantáneo, no podemos decir que se prepara en segundos (bueno, parece que desde hace unos años sí se puede), sino que nos lleva a un mundo mágico y extraordinario donde un pescador se enfrenta a un mundo hostil gracias a su taza de café caliente. Del mismo modo, bancos y compañías energéticas se anuncian con cualidades a menudo en las antípodas de su producto real. Así que no es de extrañar que, en lugar de programa, el PP proponga "seguir en la buena dirección", sin decir cuál es esa dirección ni por qué es buena: "Está en juego seguir avanzando o volver a la crisis", "el Partido Popular [tiene] la capacidad necesaria para [...] seguir construyendo la Europa próspera y solidaria (!) que queremos y defender tus intereses". Por su parte, el PSOE propone "un renacimiento del europeísmo [...] Recuperar la Europa con rostro humano a la que siempre hemos deseado pertenecer", sin indicar qué se propone para recuperar ese rostro humano.

2. El miedo a la abstención

Una de las principales diferencias entre los dos mensajes electorales es la importante presencia del miedo a la abstención en el mensaje del PP. Gran parte de la misiva (casi todo el espacio que firma Mariano Rajoy, y los primeros dos párrafos firmados por Miguel Arias Cañete) reflejan ese miedo. Más que a votar al PP, se anima al elector a votar ("Las decisiones que se adoptan en la UE tienen cada vez más incidencia en nuestra vida diaria", Cañete; "Más del 80% de las decisiones que se toman en Bruselas tienen impacto en nuestras vidas", Rajoy), y a procurar que el partido votado sea grande ("Hacen falta proyectos sólidos, sustentados por partidos fuertes", Cañete; "Sólo partidos grandes como el Partido Popular tienen capacidad para influir en la UE", Rajoy). Dejando aparte lo absurdo de algunos planteamientos (por ejemplo, lo importante no es cuántas de las decisiones que se toman en Bruselas afectan a España, puesto que casi todas deberían afectarnos; lo importante es cuánto de la legislación española está forzado por decisiones europeas), se hace evidente el miedo a que el electorado no vote.



3. El rostro humano

El mensaje del PSOE es en esto diferente, dejando el miedo a la abstención para un pequeño párrafo al final del texto. Se centra en atribuir a los partidos de derechas la deriva europea hacia el neoliberalismo, olvidando que dicha deriva es anterior a las últimas elecciones al parlamento europeo y procede al menos de la penúltima legislatura, si no de antes. Al fin y al cabo, ¿no fueron ambos grupos parlamentarios europeos los que eligieron a Durao Barroso presidente de la comisión? ¿No fueron ambos los que elevaron a presidente del Banco Central Europeo a quien, al elevar los tipos intentando evitar una inflación brutal, causó la ruina de tantas y tantas familias y pequeñas y medianas empresas? En fin, que el PSOE se ampara en el viejo truco de atribuir las culpas al otro ("o gobierna la derecha y los poderes financieros, o gobierna la izquierda para devolver Europa a los ciudadanos"), en un juego de enfrentamiento a dos bandas al que se ha acostumbrado al españolito. Aunque ha desaparecido la referencia a la necesidad de elegir un partido grande, ni siquiera se menciona la posibilidad de no hacerlo, con una arrogancia más sutil que la empleada por el PP, pero no por ello menos orgullosa.


miércoles, 29 de enero de 2014

Cuando el destino nos alcanza

No sé si habréis visto la película Cuando el destino nos alcance, una de mis favoritas de los 80. En esa película, los alimentos naturales son muy, muy escasos, y la mayor parte de la gente ha de conformarse con una bazofia llamada SoyLent Green. Se supone que procede de soja cultivada de alguna extraña manera —quizá en cultivos hidropónicos— para sobrevivir a la contaminación. Pero en cierto momento el protagonista se entera de la cruda realidad, que primero se nos ha dejado leer en un grafiti: «SoyLent Green are people». SoyLent Green está hecha con gente, con muertos.

Pues bien, no sé vosotros, pero yo hace tiempo que tengo la sensación de comer SoyLent Green. Y no solo porque me haya acostumbrado a comer productos totalmente industriales como el surimi o las gulas, sino también porque, cada vez que en el super miro los ingredientes de los productos encuentro más cosas extrañas. Y lo peor es que son legales.

Supongo que muchos de vosotros habréis visto en el pasado (todavía se ve en algún producto que no ha actualizado su etiqueta) un cartelito que habla de una norma BOE de 1981. Aquella norma (que entre otras cosas prohibía llamar fuagrás al paté de cerdo, para satisfacción de francoparlantes) especificaba la cantidad máxima de féculas y otros elementos de relleno que podía llevar un producto cárnico. Y os juro que cuando hace un par de años la consulté, no encontré hueco en ella para ese jamón york, 50% de carne, que se ve últimamente en los supermercados

No sé si la actual tolerancia se debe a que por aquel entonces la soja fuera producto de lujo en Europa, no limitada por tanto legalmente, o si la intolerancia de entonces buscaba imponer una legislación protectora de la salud que no compitiera con esa Comunidad Europea a cuya membresía aspirábamos. Pero lo cierto es que la legislación europea ha aprovechado la crisis para arremeter contra la salud nutricional de los consumidores, ayudando enormemente a las grandes empresas cárnicas y cargándose, de paso, a muchos ganaderos y agricultores.

Un último giro es el cambio del concepto de fecha de caducidad. Cuando empezamos a no vender colza desnaturalizada (mis respetos a las familias destrozadas por aquellos canallas) se empezaban a ver fechas de caducidad en productos perecederos, y de consumo preferente en los de larga conservación. Pero poco a poco, empezó el segundo término a ser utilizado eufemísticamente también en productos que realmente caducaban. Bajo su cuenta y riesgo, «espigadores» y consumidores con bajo nivel adquisitivo comenzaron a consumirlos cuando el supermercado los retiraba.

Hace poco, la Unión Europea tuvo una gran idea: permitir la venta, a bajo precio, de esos productos. La retórica oficial oculta que el cambio no consiste en permitir su consumo (cosa que ya se hacía), sino su venta, es decir, cobrar por ellos. Cierto que la rebusca de los «espigadores» producía suciedad y otros problemas, pero, como consumidor que unas veces he tomado latas caducadas hace años y otras he tirado productos estropeados antes de su fecha, me llama la atención que se publicite como segura una decisión que elimina los márgenes temporales de seguridad, y se muestre com bueno para los pobres un cambio que solo les producirá costes económicos.

Sobre otras grandes ideas de la UE, aunque no sé si suficientemente relacionadas con las elecciones que se avecinan, espero hablar la próxima semana.

Buenas noches.

lunes, 3 de diciembre de 2012

La fábula del conde bebedor

El conde bebedor quería organizar una fiesta, y no sabía cuánto vino comprar. Así que llamó a la princesa Ana, y le preguntó:
 —Princesa, princesa, ¿a tí el vino te embelesa?
 —No, conde bebedor. Las princesas toman mera agua de fresas.
Después llamó a la duquesa:
—Duquesa, duquesa, ¿en la orden de san Tomás profesa?
—No, conde bebedor. Las duquesas toman mera agua de fresas.
A continuación, llamó a la marquesa y le preguntó:
—Marquesa, marquesa, ¿tú bebes como una posesa?
—No, conde bebedor. Las marquesas toman mera agua de fresas.
Finalmente le preguntó a su mujer, la condesa:
—Condesa, condesa, ¿Empinas la bota bien tiesa?
—No, conde bebedor. Las condesas toman mera agua de fresas.
Así que el conde encogió sus hombros, encargó una buena provisión de agua de fresas y una pequeña botella de vino para él.
Pero el día de la fiesta nadie bebió agua de fresas, y el buen conde tuvo que mandar a toda prisa a los criados a las bodegas más próximas porque todos se quejaban de la falta de vino.
Moraleja: si haces una pregunta indiscreta, no esperes que te contesten con la verdad.

Pues bien, según ha llegado a mis oídos, a los sucesivos responsables ambientales de España les ha pasado como al conde: preguntaron a la industria cuánto contaminaba, para saber qué límites negociar en Europa. Nadie quiso quedar de contaminador ni de guarro, y todos dijeron que aquí la mierda era tan pura que olía a fresas.

Sin molestarse en comprobar la afirmación, o quizá sin medios para ello, el gobierno sacó pecho, se jactó de defender los límites más estrictos, y luego, al llegar el momento en que por fin debíamos acatar aquellas normas negociadas desde la jactancia, la industria nacional se ha sentido como aquel que acude a una invitación en un restaurante de postín y luego comprende que ha de pagar su cubierto. No se pueden cumplir los límites de emisión, porque hemos propuesto unos límites inalcanzables. Y luego llegan las multas, las exigencias de actualizar tecnologías en plena crisis... Y es que si uno no quiere pillarse los dedos, es mejor que deje de jugar con la puerta.

sábado, 13 de octubre de 2012

Nobel a destiempo

Una de las principales características de esos premios que se conceden a una trayectoria es que, por definición, siempre llegan tarde. Tanto que a menudo se ofrece el premio a quien ya ha demostrado que no lo merece.

Así sucede de vez en cuando en el Príncipe de Asturias, y así sucede también en el Nobel. Que la Unión Europea reciba el Nóbel de la Paz en 2012 es tan absurdo como lo hubiera sido que Arafat recibiese ese mismo premio no en 1994 —cuando lo recibió— sino diez años después, deshechos los sueños en el pacifismo palestino.

Pues no niego que la Unión haya merecido el Nobel. El momento más oportuno fue en 2005, al año siguiente de proclamarse la (luego difunta) Constitución Europea. También podría haberlo sido tras la entrada en circulación del Euro o mejor antes, en 1995, con la entrada en vigor del acuerdo de Schengen. Pero en los tiempos que corren no está el horno para bollos, ni la UE para premios.

Lo único digno de premio que ha hecho la unión en los últimos años ha sido tirar de las orejas a los diversos socios cada vez que trataban de implantar medidas racistas (recuérdese el «Enough is enough!» —«¡Basta ya!»— de la comisaria Viviane Reding al presidente francés). Pero durante el mismo período ha mostrado que es una institución sostenida por intereses mezquinos y transacciones con moneda política, lo que se ha puesto de manifiesto una y otra vez a lo largo de la crisis económica que viene durando cuatro años ya.

La política de abandono de la agricultura puesta en práctica en este mismo período por la Uunión Europea ha tenido mucho que ver también con la crisis alimentaria que ha provocado conflictos sangrientos en el norte de África, la costa mediterránea de Asia y Yemen. Es cierto que el origen de esta crisis está en el anuncio de la reducción de exportaciones de grano rusas, que hizo subir los precios en los mercados de futuros. Pero que un grupo de países decida reducir su nivel de autoabastecimiento ayuda a que en el resto suban los precios.

Muchos países de la Unión pertenecen a la OTAN, organización que en los últimos años ayudó, sí, a acabar con un dictador en Libia: pero lo hizo a su sangrienta y a la vez cobarde manera, bombardeando indiscriminadamente. Y cuando los refugiados lanzaron mensajes de socorro, los barcos de la OTAN, incluidos los pertenecientes a los países de la unión, desoyeron sus llamadas. Lo bueno de las misiones humanitarias, como sabemos desde la misión en Bosnia, es que uno puede desfazer virgos y fazer tuertos, y sigue siendo un caballero.

Tras la misión en Libia, se perdonó a este país la deuda —contraída en gran medida con Italia, pero también con Rusia y China—. En cambio, ¿qué hizo la Unión con los suyos? Abandonarlos a su propia suerte, o bien ofrecerles préstamos en condiciones draconianas y con unos mecanismos de control que para sí quisiera aquella humanitaria organización dirigida por Lucky Luciano.

Son muchas, pero que muchas meteduras de pata. La UE no tiene la Baraka de los árabes, ni el Mana de los polinesios, ni la Luck de los teutones. Más bien parece tener lo que los antropólogos llaman Witchcraft, Brujería y los castizos Gafe: esa capacidad indefinida para que le ocurran desgracias a todo el que te toca. Como saben los Azande, el gafe no tiene la culpa de ser gafe, ni puede impedirlo, pues lo es involuntariamente. Así que la única manera de acabar con el maleficio es acabar con el gafe.

Del mismo modo, la única manera de acabar con toda esta mierda —perdóneseme la palabra— que nos viene de Europa es acabar con la unión. O, por lo menos, ya que nos parecería brutal lo que Frazer nos contaba sobre el sacerdote de Diana en Nemi, jubilar a aquellos que han demostrado una y otra vez su incompetencia, en lugar de reelegirlos como hizo no hace mucho el Parlamento Europeo.

La unión hace la fuerza. Pero para eso tiene que ser unión, y no »merienda de negros«.

miércoles, 6 de julio de 2011

Condenan a cascos azules por actuación en Srebrenica

Leo con profunda emoción que el ejército de los Países Bajos ha sido condenado por la retirada de protección a los Bosnios de Srebrenica en Julio de 1995 [La Razón Europa Press La Gaceta (ar)]. Parece ser que la demanda fue inspirada por un traductor al servicio de las tropas de Países bajos cuya familia fue obligada a abandonar la base y desapareció a manos de los serbios. En instancias anteriores, la justicia holandesa había fallado a favor del ejército, diciendo que su actuación bajo órdenes de la ONU trasladaba a dicha organización la responsabilidad. Pero finalmente se ha reconocido que la decisión fue tomada por holandeses, y es a éstos a quien se debería culpar.

El caso no deja de tener cierta complicación, pues las tropas holandesas habían sido enviadas con medios insuficientes y no contaban con apoyo aéreo, motivo que ya causó en 2002 la dimisión del gobierno de Wim Kok cuando los hechos fueron sacados a la luz por el Instituto Holandés de Documentación Bélica. Pero no por ello puede decirse que la decisión tomada por los oficiales quede fuera de la definición de delito de genocidio:

(Artículo I) Las Partes contratantes confirman que el genocidio, ya sea cometido en tiempo de paz o en tiempo de guerra, es un delito de derecho internacional que ellas se comprometen a prevenir y a sancionar

(Artículo II) En la presente Convención, se entiende por genocidio cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpretados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso, como tal:

a) Matanza de miembros del grupo;

b) Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo [...]

(Artículo III) Serán castigados los actos siguientes: [...]

e) La complicidad en el genocidio.

(Artículo IV) Las personas que hayan cometido genocidio o cualquiera de los otros actos enumerados en el artículo III, serán castigadas, ya se trate de gobernantes, funcionarios o particulares.


Por otra parte, el hecho de que hayan salido a la luz principalmente casos relacionados con los Países Bajos no quiere decir que los holandeses se tomen a la ligera los derechos humanos, sino simplemente que en sus tribunales de justicia salen a la luz hechos que aquí obviaríamos. Recuérdese cómo en su película La vida secreta de las palabras Isabel Coixet insistía en un tema tan a menudo olvidado: el disfrute por parte de fuerzas de la ONU y la OTAN de prostíbulos surtidos de carne bosnia y regentados por serbios, en una violación masiva (delito calificable también como genocidio) que nunca ha sido condenada, a pesar de que se repitiera, seguidamente, en otros escenarios bélicos como Somalia.

La guerra humanitaria no es nada limpia. A mi mente vienen situaciones como la descrita en la película Lágrimas del Sol o la que está sucediendo ahora mismo en Libia.

Nadie quiere a los refugiados en su país. La actuación de fuerzas de la OTAN, Italianos, Franceses, Daneses (y, si no viviéramos esta espantosa crisis, supongo que también nosotros, los españoles), impidiendo a los refugiados llegar a las costas o distribuirse por los países de la Unión, no deja de ser una violación del derecho de asilo, y, aún diría más, un genocidio, pues somete a poblaciones, en función de su nacionalidad, a condiciones de existencia que han de acarrear su destrucción física, total o parcial.

viernes, 27 de mayo de 2011

Si hay algo que demuestre que la Unión Europea está aún muy lejos de ser una auténtica unión, es esa mezcla de pánico, chauvinismo e ignorancia con que se afrontan las crisis sanitarias.

Hace unos meses fue España la que cerró las fronteras a la carne alemana, con motivo de unos análisis que mostraban trazas de dioxinas en ganado alimentado con piensos contaminados. Nada se hizo por asegurarse de que sólo se bloqueaba la carne de ganado alimentado con esos piensos, ni para asegurarse de que en España no se habían vendido piensos similares (fabricados en Alemania, en España o en un tercer país). Simplemente, se optó por cerrar las fronteras, guardar la cabeza como el avestruz y decir «lo de aquí es sano».

Pues bien, ahora ha llegado la revancha. Un lote de verduras concretas de una explotación concreta de España ha presentado contaminación de una variedad concreta de Escherichia coli. Antes de llegar la alerta a las autoridades españolas, el caso ha saltado a la prensa centroeuropea, y después a la de aquí. Antes incluso de ver si la contaminación se debía al cultivador (es posible que sea así: se trata de un cultivo ecológico, lo que sugiere el uso de estiércol, lo que concuerda con la contaminación fecal sugerida por la presencia de E. coli) o al intermediario, se ha actuado sobre todo tipo de verduras procedentes de todo tipo de explotaciones españolas. Por las malas prácticas de un productor (o del intermediario, que todo puede ser), pagarán todos los del mismo país. ¿Podemos quejarnos? No, porque nosotros hemos hecho lo mismo antes, en innumerables ocasiones.

Mientras el miedo a las enfermedades introducidas por la mala praxis en otros países europeos siga agitándose como una bandera para defender los productos nacionales de cada país, la UE seguirá siendo la desunión europea que siempre ha sido. Menos amedrentar a la población con lo que pasa en los otros países, y más controlar que no haya pasado también en este. Recordemos que, por ejemplo, en el caso de las vacas locas, muchas de las vacas españolas enfermas no estuvieron nunca en el Reino Unido: simplemente, se las alimentó con los mismos piensos de origen animal que allí habían estado produciendo lentamente la misma enfermedad.

Si seguimos sembrando dudas sobre lo que se hace en otros países de la unión y no lo tomamos como excusa para controlar lo que se hace en el nuestro, estaremos, cada uno de los socios, cavando nuestra propia tumba.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Este es el partido que se juega en Europa...


Resulta curioso que se haya obligado a cierto partido modesto a cambiar su lema de las elecciones pasadas, porque se parecía demasiado al slogan que habían pensado —o, quien sabe, quizá plagiado— los publicistas para la campaña institucional europea y, que, sin embargo, nadie haya dicho nada sobre la campaña del PSOE, clavadita a la europea, que hoy he encontrado en las mismas vallas vallecanas donde estaba la anterior la semana pasada.

Si las vallas de la campaña institucional tentaban a la modificación (antes de que la Eurocámara mandara a tomar viento por enésima vez la "ley de los tres avisos", pensé en copiarla con algo así como "[espía aplicando un fonendoscopio a la puerta] vs [espía aplicando el fonendoscopio a la puerta], es tu elección"), las del PSOE incitan a ello.

Porque hacer de nuevo la campaña del dóberman, metiendo miedo con el miedo que mete la derecha, es una insensatez. La mejor baza de Rodríguez Zapatero ha sido, durante mucho tiempo, su falta de agresividad, y no sé si le cuadra una campaña agresiva en que acuse al rival (se usan fotografías de Rajoy opuestas a las de Rodríguez Zapatero), con el hecho de que, de lo que se le acusa, es de sembrar el pánico.

Por otro lado, me pregunto si a la mayoría de españoles no-daltónicos no les resultará difícil percibir más agresividad en una figura de Rajoy filtrada en azul que en una figura de Zapatero filtrada en rojo. Es cierto que el azul, color de la derecha, transmite frialdad, pero también seriedad (por eso fue el color de casi todos los bancos entre 1985 y 1995), mientras que el rojo, que es el color de la pasión, lo es también de la violencia (así, por ejemplo, se supone que a la gente le pone nervioso ver un coche rojo, y las aseguradoras cobran en consecuencia).

Afortunadamente para mí, no poseo el defecto de ser no-daltónico y me puedo tomar todo esto a cuchufleta. De momento, ya he pensado una serie de posibles X vs. Y (por ejemplo: "Somos los buenos VS Sois los malos"; "Sólo sé que no sé nada VS Soy infalible como el Papa"; "A la puta ruina VS A la puta calle"...), pero me abstendré de mi idea inicial de colocarlos como banners en este blog, no sea que alguien de la junta electoral central me llame la atención... (ya sabéis, los carteles electorales son sacrosantos)

En todo caso, en la ilustración os dejo una idea (mejorable, por supuesto).