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jueves, 8 de noviembre de 2018

Cinco horas con Mario, revisitado

Uno de los primeros artículos en este blog lo dediqué a una representación de 5 horas con Mario con Lola Herrera de 2004. a la que asistí con unos alumnos de bachillerato. El pasado martes, volví a ver, también con alumnos, el montaje de despedida de la actriz, que próximamente saldrá de gira por toda España. Me impresionó cómo había envejecido Lola en estos 10 años (en realidad, lo que debería haberme impresionado es lo joven que estaba hace 10, cuando ya era muy mayor). Y más me impresionó que conservara todas sus energías, en una representación en que su personaje era más sereno, pero quizá también más profundo.

Pero lo que de verdad me llamó la atención fue el público. En 2004 todos los alumnos (procedentes, como los de mi instituto actual, de una zona humilde) veían la obra como un drama; en 2018, las ideas de "Menchu" provocaban —hasta el dramático desenlace final, claro— constantes risas del público. En catorce años (¡media generación!), lo que los adolescentes de 2004 veían como la manera de pensar de sus madres o de sus abuelas se había convertido en una parodia del facha para los adolescentes de 2018.

Espero que el cambio sea para bien, y que a la gran Lola no le haya importado ver que la sonrisilla nerviosa y las lágrimas se han trocado en abierto humor negro.

lunes, 3 de diciembre de 2012

La fábula del conde bebedor

El conde bebedor quería organizar una fiesta, y no sabía cuánto vino comprar. Así que llamó a la princesa Ana, y le preguntó:
 —Princesa, princesa, ¿a tí el vino te embelesa?
 —No, conde bebedor. Las princesas toman mera agua de fresas.
Después llamó a la duquesa:
—Duquesa, duquesa, ¿en la orden de san Tomás profesa?
—No, conde bebedor. Las duquesas toman mera agua de fresas.
A continuación, llamó a la marquesa y le preguntó:
—Marquesa, marquesa, ¿tú bebes como una posesa?
—No, conde bebedor. Las marquesas toman mera agua de fresas.
Finalmente le preguntó a su mujer, la condesa:
—Condesa, condesa, ¿Empinas la bota bien tiesa?
—No, conde bebedor. Las condesas toman mera agua de fresas.
Así que el conde encogió sus hombros, encargó una buena provisión de agua de fresas y una pequeña botella de vino para él.
Pero el día de la fiesta nadie bebió agua de fresas, y el buen conde tuvo que mandar a toda prisa a los criados a las bodegas más próximas porque todos se quejaban de la falta de vino.
Moraleja: si haces una pregunta indiscreta, no esperes que te contesten con la verdad.

Pues bien, según ha llegado a mis oídos, a los sucesivos responsables ambientales de España les ha pasado como al conde: preguntaron a la industria cuánto contaminaba, para saber qué límites negociar en Europa. Nadie quiso quedar de contaminador ni de guarro, y todos dijeron que aquí la mierda era tan pura que olía a fresas.

Sin molestarse en comprobar la afirmación, o quizá sin medios para ello, el gobierno sacó pecho, se jactó de defender los límites más estrictos, y luego, al llegar el momento en que por fin debíamos acatar aquellas normas negociadas desde la jactancia, la industria nacional se ha sentido como aquel que acude a una invitación en un restaurante de postín y luego comprende que ha de pagar su cubierto. No se pueden cumplir los límites de emisión, porque hemos propuesto unos límites inalcanzables. Y luego llegan las multas, las exigencias de actualizar tecnologías en plena crisis... Y es que si uno no quiere pillarse los dedos, es mejor que deje de jugar con la puerta.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Sin paga, nadie paga

Sin paga, nadie paga. Dirección de Alberto Olivares. Obra original de Dario Fo adaptada por Carla Matteini. Reparto: Pablo Carbonell, María Isasi, Marina San José, Carlos Heredia e Israel Frías. Teatro Infanta Isabel. 13 € (oferta de Letsbonus, precio normal 22€). El teatro es el espectáculo que peor se publicita: la mitad de los anuncios van dirigidos a gente que ya conoce las obras en cuestión, y la otra mitad son tan cutres que desaniman a los posibles espectadores. Y esa es una de las cosas que ayudan a que las salas estén continuamente vacías, incluso en un momento en que ya no es tanta la diferencia de precio entre teatro y cine. Pasaba yo por la calle barquillo cuando vi el cartelón del Teatro Infanta Isabel. El título resultaba atractivo y me convencí por completo cuando vi, en la letra pequeña, que era una adaptación de la obra de Fo (corolario: de haber mantenido el título original, me habría convencido antes). La obra de Fo es una comedia de humor absurdo que comienza con un grupo de mujeres asaltando un supermercado y llevándose la comida sin pagar. Una de las mujeres se da cuenta, una vez llega a casa, de que su marido pondrá el grito en el cielo cuando descubra lo que ha hecho. Así que decide ocultarle todo, y ahí comienza el embrollo. La adaptación ha actualizado el texto para reflejar la crisis actual y lo ha adaptado a la situación española, con algunas referencias a los sucesos de los últimos años. Entre los pocos cambios que he detectado (suelo leer la obra todos los años con mis alumnos) están la reducción del número de policías y su sustitución por otros personajes, así como la adición de pantomimas que no están en el texto pero que el texto sin duda pide, como el "blues" que cantan Pablo Carbonell e Israel Frías. El reparto tiene una actuación magnífica, quizá sobreactuada por exigencias del guión. Los movimientos de los personajes no dan un respiro y el pobre espectador se ve continuamente incapaz de contener la carcajada, a pesar de la dura situación que viven los personajes. Pues eso es lo único malo de la obra: que el público se vaya a casa con la sensación de que la comedia negra no está en el escenario, sino en la vida real.

miércoles, 17 de marzo de 2004

Cinco horas con Mario

Una profesora del instituto en que trabajo ha organizado una velada teatral para sus alumnos de 2.º de Bachillerato (17-18 años), y otros tres profesores nos hemos acoplado al plan, que consistía en asistir a la representación del monólogo "Cinco Horas con Mario" y tratar de hablar con la actriz que lo interpreta, Lola Herrera, a la salida.

La obra, adaptación de la novela de Miguel Delibes, tiene una intensidad dramática elevadísima; intensidad que la directora ha dosificado sabiamente mediante movimientos escénicos de la actriz que sirven de relajación al espectador. Y la actriz borda el papel: logra transmitir al espectador todas esas frustraciones y esos complejos de una mujer que nunca ha comprendido a su marido y que, [SPOILER: use ROTL13 para leerlo] ra ry úygvzb zbzragb, yr un snyynqb [Fin del SPOILER].

A la salida del teatro, nos llevamos una sorpresa cuando nos dijeron que ¡Lola había accedido a dedicarnos unos minutos! Después de una representación tan intensa, no esperábamos que tuviera fuerzas para hacerlo, la verdad. Los alumnos se interesaron por la labor de los actores, por esa capacidad de reflejar los sentimientos. "En efecto, trabajamos con sentimientos, es nuestra materia prima", asintió la actriz. Tras ello, animó a los alumnos a acudir al teatro, porque en él la representación está viva, y no "enlatada", como en el cine o la TV (a muchos les sonará Lola por su papel de directora de la escuela en la serie "Un Paso Adelante"). Lo mejor de todo: ¡permitió que le hicieran una foto entre los alumnos! Eso es una estrella de verdad.