Creo que ya lo cité en otro artículo: "Mira Nero de Tarpeya / la Roma cómo se ardía / gritos dan niños y viejos / y él de nada se dolía."
Camino al Hipercor (creía necesitar cartuchos para la impresora y además recordé que allí venden Ambar Export, casi tan buena como la Voll Damm pero más barata y con menos alcohol) me cruzo con una multitud. ¿Qué miran? Un par de camiones de bomberos maniobrando junto a un Lidl del que sale un chorro de humo.
(Curiosamente, sobre la tienda había un cartel anunciando su inminente cierre. No me gusta aventurar hipótesis maliciosas, pero eso es bastante sospechoso...)
lunes, 26 de abril de 2010
martes, 20 de abril de 2010
Sol
No hay brisa.
Sobre las nubes inmóviles, el ominoso astro deja gotear una baba amarilla.
La luz devora los perfiles, aplasta las figuras, ciega los ojos.
Los cuerpos, plenos de radiación, hierven por dentro.
(Versión inicial: No hay brisa. / El ominoso astro derrama sus / babas amarillentas sobre las / nubes inmóvilesno hay perfil La luz se come los perfiles / aplasta los cuerpos las figuras, ciega los ojos / Los cuerpos, plenos de radiación / comienzan a hervir / y las almas se corrompen.)
Sobre las nubes inmóviles, el ominoso astro deja gotear una baba amarilla.
La luz devora los perfiles, aplasta las figuras, ciega los ojos.
Los cuerpos, plenos de radiación, hierven por dentro.
(Versión inicial: No hay brisa. / El ominoso astro derrama sus / babas amarillentas sobre las / nubes inmóviles
miércoles, 14 de abril de 2010
Fabricación casera de helado de vainilla, o de cómo sustitur la heladera por dos bolsas de plástico.
El otro día, entrando en delicious, me encontré con que uno de los enlaces destacados era un método para preparar helado publicado en eHow.
Hoy tenía tiempo para probarlo, así que, una vez probado, os contaré cómo se hace.
Fundamento científico: añadiendo sal al hielo se baja su punto de fusión, de modo que debe derretirse, proceso durante el cual absorbe calor. Esto lo aprovechaban nuestros abuelos en las heladoras, máquinas dotadas de un barreño en que se introducían hielo y sal y un tambor giratorio vertical en el que se introducían los ingredientes del helado.
Materiales
Una bolsa para congelados pequeña con cierre de cremallera ("zip").
Una bolsa para congelados grande con cierre de cremallera ("Zip").
(Personas habilidosas han conseguido sustituir ambas por bolsas "camiseta" (del supermercado) herméticas bien anudadas, pero, puesto la mayoría de empresas evitan las bolsas herméticas por motivos de seguridad, es improbable que esto funcione).
Ingredientes
1 taza de leche.
1 sobre de azúcar vainillada del Lidl (aunque creo que serían mejor 2), o bien flanín, o bien cualquier otro aromatizante (nesquick, cola-cao, etc.)
2 tazas de hielo (1/2 bolsa, o 2 cubiteras).
3 cucharadas de sal.
Preparación
-Introduzca la leche y el aromatizante en la bolsa pequeña. Cíérrela extrayendo el aire y asegurándose de que sea hermética. Agite bien (Si ha usado cola-cao, quizá hubiera sido mejor mezclalo aparte). Compruebe la estanqueidad de la bolsa (si al apretar sale un chorrito, tenemos un problema).
-Introduzca la mitad del hielo en la bolsa grande. Añada la bolsa pequeña. Complete con el resto de hielo y la sal. Cierre bien.
-Agite la bolsa durante cinco minutos, cogiéndola de las esquinas o con una toalla para no helarse. Al cabo de los cinco minutos, compruebe la textura de la leche. Si sigue líquida, habrá que agitar un poco más.
-Abra la bolsa grande y saque la bolsa pequeña.
-Retire la sal con un paño de cocina. Abra la bolsa y consuma el helado de la propia bolsa, o bien viértalo sobre un cuenco.
Consejos:
-Si la bolsa interna está agujereada, no la metáis en una segunda bolsa pequeña, porque el aire intermedio haría de aislante. Echad la mezcla a la segunda bolsa.
-Mejor cubitos de hielo sueltos, y no pegados.
-Cuando dice "agitar fuertemente", es que hay que agitar fuertemente.
-Aunque en los sobrecitos del Lidl diga que un sobre de vainilla vale para 1/2 litro de leche, echad dos sobres por taza... y mezclad con algo de nata líquida...
-En las páginas en inglés de eHow proponen dar un kit completo a cada persona en una fiesta (lo proponen para fiestas infantiles), pero he comprobado que las bolsas zip se agujerean con facilidad y podemos dejar la casa hecha un desastre.
Hoy tenía tiempo para probarlo, así que, una vez probado, os contaré cómo se hace.
Fundamento científico: añadiendo sal al hielo se baja su punto de fusión, de modo que debe derretirse, proceso durante el cual absorbe calor. Esto lo aprovechaban nuestros abuelos en las heladoras, máquinas dotadas de un barreño en que se introducían hielo y sal y un tambor giratorio vertical en el que se introducían los ingredientes del helado.
Materiales
Una bolsa para congelados pequeña con cierre de cremallera ("zip").
Una bolsa para congelados grande con cierre de cremallera ("Zip").
(Personas habilidosas han conseguido sustituir ambas por bolsas "camiseta" (del supermercado) herméticas bien anudadas, pero, puesto la mayoría de empresas evitan las bolsas herméticas por motivos de seguridad, es improbable que esto funcione).
Ingredientes
1 taza de leche.
1 sobre de azúcar vainillada del Lidl (aunque creo que serían mejor 2), o bien flanín, o bien cualquier otro aromatizante (nesquick, cola-cao, etc.)
2 tazas de hielo (1/2 bolsa, o 2 cubiteras).
3 cucharadas de sal.
Preparación
-Introduzca la leche y el aromatizante en la bolsa pequeña. Cíérrela extrayendo el aire y asegurándose de que sea hermética. Agite bien (Si ha usado cola-cao, quizá hubiera sido mejor mezclalo aparte). Compruebe la estanqueidad de la bolsa (si al apretar sale un chorrito, tenemos un problema).
-Introduzca la mitad del hielo en la bolsa grande. Añada la bolsa pequeña. Complete con el resto de hielo y la sal. Cierre bien.
-Agite la bolsa durante cinco minutos, cogiéndola de las esquinas o con una toalla para no helarse. Al cabo de los cinco minutos, compruebe la textura de la leche. Si sigue líquida, habrá que agitar un poco más.
-Abra la bolsa grande y saque la bolsa pequeña.
-Retire la sal con un paño de cocina. Abra la bolsa y consuma el helado de la propia bolsa, o bien viértalo sobre un cuenco.
Consejos:
-Si la bolsa interna está agujereada, no la metáis en una segunda bolsa pequeña, porque el aire intermedio haría de aislante. Echad la mezcla a la segunda bolsa.
-Mejor cubitos de hielo sueltos, y no pegados.
-Cuando dice "agitar fuertemente", es que hay que agitar fuertemente.
-Aunque en los sobrecitos del Lidl diga que un sobre de vainilla vale para 1/2 litro de leche, echad dos sobres por taza... y mezclad con algo de nata líquida...
-En las páginas en inglés de eHow proponen dar un kit completo a cada persona en una fiesta (lo proponen para fiestas infantiles), pero he comprobado que las bolsas zip se agujerean con facilidad y podemos dejar la casa hecha un desastre.
sábado, 27 de marzo de 2010
martes, 23 de marzo de 2010
Sanidades...
Mientras nuestro presidente negociaba con las comunidades autónomas un recorte en el gasto sanitario, allende los mares se tomaba el camino contrario: ofrecer a los ciudadanos estadounidenses el disfrute efectivo del derecho 25 de la Declaración Universal suscrita por un organismo que, curiosamente, tiene su sede en Nueva York. Y es que sorprende una mentalidad tan cerrada que, del mismo modo que premia al empresario exitoso por su esfuerzo (del que, evidentemente, "tiene la culpa"), culpabiliza sin embargo al enfermo de su propia enfermedad, incluso en los casos en que ésta se debe a causas evidentemente ambientales y ajenas a los propios enfermos (el caso de los héroes del 11-S, con el cuerpo intoxicado por las dioxinas, es estremecedor). Tanto que ha sido necesario reducir el plan del presidente Obama a un seguro privado obligatorio parecido al de los automovilistas, algo que en Europa nos parecería una concesión impensable al liberalismo, y que, sin embargo, allá huele a marxismo.
Esperemos que con el incremento de los clientes de seguros, el astronómico precio de éstos se vea reducido. Esperemos también que éstos paguen cada vez una mayor cuota del precio de hospitalización (que el seguro privado pague el hospital y un extra para gastos, como aquí, supongo que les sonará a chino). Y esperemos que el americano medio comprenda, por fin, que a veces ser solidario no es una concesión sino un buen negocio: incluso una inversión.
"No somos una nación que haga lo fácil: somos una nación que se enfrenta a lo difícil"
Bravo, Obama. Muchos ciudadanos no lo saben todavía, pero te lo agradecerán en el futuro.
Esperemos que con el incremento de los clientes de seguros, el astronómico precio de éstos se vea reducido. Esperemos también que éstos paguen cada vez una mayor cuota del precio de hospitalización (que el seguro privado pague el hospital y un extra para gastos, como aquí, supongo que les sonará a chino). Y esperemos que el americano medio comprenda, por fin, que a veces ser solidario no es una concesión sino un buen negocio: incluso una inversión.
"No somos una nación que haga lo fácil: somos una nación que se enfrenta a lo difícil"
Bravo, Obama. Muchos ciudadanos no lo saben todavía, pero te lo agradecerán en el futuro.
lunes, 22 de marzo de 2010
Pellízcame, debo de estar soñando.
¿Quién no ha tenido alguna vez la sensación de estar soñando? La dificultad de distinguir entre la realidad y el sueño ha inspirado obras de arte muy variadas (desde La Vida es sueño hasta Ubik), pero también ha influido en la existencia de corrientes filosóficas como el solipsismo, la creencia en la vanidad del mundo, que se desintegrará con nosotros cuando muramos.
Y es que es difícil distinguir la realidad del sueño. Las palabras "pellízcame, estoy soñando" que aparecen en las películas americanas no parecen ofrecer un buen método para sustraerse al poder de morfeo. Tampoco parece ser buen método el empleado por Segismundo: lanzar al vacío a un criado, y comprobar después si alguien le acusa de su muerte. Ubik (y las películas inspiradas por esta novela) nos sugiere un método: comprobar que la realidad sea coherente. El problema es que mientras permanecemos dentro del sueño no solemos percibir dicha incoherencia, que, sin embargo, al despertar nos parecerá evidente.
Visitando las otras webs del autor de la tira ecol, me encontré con un artículo sobre los sueños lúcidos donde se dice algo muy interesante: los psicólogos han estudiado y clasificado las diversas maneras de descubrir si uno está despierto o soñando. ¿Para qué? Para que, practicándolas obsesivamente, logremos introducirlas en nuestros sueños hasta lograr lo que se denominan "sueños lúcidos", sueños en los que el durmiente despierta y asume el control. Aquí va una pequeña lista. Y no, la prueba de pellizcarse no está incluida.
Estamos en un sueño si...
Podéis encontrar una descripción detallada de cada una de estas condiciones en la página de Javier Malonda antes citada. Personalmente, me llama la atención que no aparezca esa que todos aprendemos de pequeños: "Estamos en un sueño si, varias veces después de ir al servicio, seguimos teniendo ganas de orinar, o, lo que es peor, nos despertamos empapados"
Y es que es difícil distinguir la realidad del sueño. Las palabras "pellízcame, estoy soñando" que aparecen en las películas americanas no parecen ofrecer un buen método para sustraerse al poder de morfeo. Tampoco parece ser buen método el empleado por Segismundo: lanzar al vacío a un criado, y comprobar después si alguien le acusa de su muerte. Ubik (y las películas inspiradas por esta novela) nos sugiere un método: comprobar que la realidad sea coherente. El problema es que mientras permanecemos dentro del sueño no solemos percibir dicha incoherencia, que, sin embargo, al despertar nos parecerá evidente.
Visitando las otras webs del autor de la tira ecol, me encontré con un artículo sobre los sueños lúcidos donde se dice algo muy interesante: los psicólogos han estudiado y clasificado las diversas maneras de descubrir si uno está despierto o soñando. ¿Para qué? Para que, practicándolas obsesivamente, logremos introducirlas en nuestros sueños hasta lograr lo que se denominan "sueños lúcidos", sueños en los que el durmiente despierta y asume el control. Aquí va una pequeña lista. Y no, la prueba de pellizcarse no está incluida.
Estamos en un sueño si...
- Podemos respirar con nariz y boca tapadas.
- Nuestro reflejo en un espejo no coincide completamente con nuestro reflejo real.
- Nos encontramos en una situación extraña y no podemos decir cómo hemos llegado a ella.
- Tenemos más de cinco dedos.
- Los carteles cambian cada vez que los leemos.
- Al mirar el reloj dos veces consecutivas, la hora no coincide.
- La luz sigue encendida por más que pulsemos el interruptor.
- Poseemos "poderes psíquicos".
- Los bordes de los objetos son borrosos o están mal definidos.
Podéis encontrar una descripción detallada de cada una de estas condiciones en la página de Javier Malonda antes citada. Personalmente, me llama la atención que no aparezca esa que todos aprendemos de pequeños: "Estamos en un sueño si, varias veces después de ir al servicio, seguimos teniendo ganas de orinar, o, lo que es peor, nos despertamos empapados"
lunes, 15 de marzo de 2010
La tía Tula (reseña dejada en google books)
En mi instituto tenemos la costumbre de hacer que los alumnos de cuarto de la ESO lean "clásicos" del siglo XIX y XX relacionados con la época de la literatura que están estudiando. Normalmente, cada trimestre hay un libro asequible, común para todos, y otro a elegir entre varios de distintas dificultades.
Entre los libros a elegir de estre trimestre había dos de Unamuno, y como soy un chico poco aplicado dejé su lectura para el final, de forma que (al igual que mis alumos) los he leído este fin de semana. Ahora que ya han hecho su examen, he dejado en mi página de Google Books una breve reseña de La tía Tula que podéis leer también bajo estas líneas.
Entre los libros a elegir de estre trimestre había dos de Unamuno, y como soy un chico poco aplicado dejé su lectura para el final, de forma que (al igual que mis alumos) los he leído este fin de semana. Ahora que ya han hecho su examen, he dejado en mi página de Google Books una breve reseña de La tía Tula que podéis leer también bajo estas líneas.
La tía Tula es uno de los libros más leídos de Miguel de Unamuno, quizá más que "Niebla" o "San Manuel Bueno, Mártir", a pesar de que (o quizá gracias a que) los anteriores suelen ser lecturas ...
Más recomendadas en los planes de lectura. El propio Unamuno achacaba su éxito a la existencia de una legión de mujeres lectoras que se identificaban con la protagonista; en los tiempos actuales, sería más complicado atribuir su éxito a dicha circunstancia.
El tema es muy curioso: una mujer no duda en que sacrificar su sexualidad a cambio de criar los hijos de su hermana, a pesar de que tiene pretendientes en su juventud, y a pesar de que también se le ofrece la posibilidad de convertirse en esposa legítima del padre de sus sobrinos. Tula, movida por una extraña frigidez que es más bien rechazo al macho, se quedará soltera, pero, como ella dice, no "para vestir santos", sino para vestir niños.
Esta defensa de la mujer soltera es muy revolucionaria para su época, pero ha quedado muy anticuada hoy en día. ¿Qué mujer (o qué hombre) renunciaría a su vida de pareja a cambio de criar a unos niños que no serán sus herederos biológicos, aunque sean sus herederos espirituales? Sin embargo, el libro se puede leer aceptando la convención de ficcionalidad y situándose en el corazón de una mujer que realiza tan extraña elección. Eso nos permite leer la obra como una magistral pintura de personajes, aunque centrada (como casi siempre sucede en el catedrático de Salamanca) en un solo aspecto de la personalidad.
Y es curioso que, en mi caso, la lectura de este libro haya coincidido con la de "Cinco horas con Mario", otra descripción de la personalidad femenina, muy posterior, y trazada en dirección opuesta. Todo lo que hay de vitalidad en la obra del recientemente fallecido Delibes es aquí tipo, figura, o acción. Y, sin embargo, la mujer de Unamuno es mucho más vital que la del vallisoletano.
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