miércoles, 9 de septiembre de 2026

Problemas con Palm y las tarjetas SD

A la vuelta del verano, después de instalarme todo lo necesario para sincronizar Windows 10 con una vieja agenda Palm y otra vieja agenda Ipaq, decidí encargar unas tarjetas SD de baja capacidad para esos aparatos, que normalmente no admiten las más modernas.

Entre tarjetas de 512 megas por 10 euros o dos tarjetas de 2 gigas por 15, me decidí por la segunda opción, pues había visto que una tarjeta de 2Gb procedente de un marco de fotos que ya no funcionaba (pero que iba a reemplazar) iba relativamente bien en la Palm (el más viejo de los dos aparatos).

Llegó la tarjeta SD, llegó un lector para poder leerla con el ordenador viejo (un sobremesa sin lector de tarjetas y con Windows XP, el ecosistema más apropiado para una Palm o un Ipaq) y me dispuse a formatear las tarjetas desde Linux.  

Fracaso absoluto. 

  • Si formateaba la tarjeta con mkfs.msdos, no funcionaba.
  • Si formateaba la tarjeta con mkfs.fat32, no funcionaba.
  • Si formateaba la tarjeta con mkfs.vfat, no funcionaba.
  • Si añadía a vfat o msdos (que usan en realidad el mismo formateador) la opción de crear una partición, tampoco funcionaba.

En todos los casos, la Palm me decía que la tarjeta estaba sin formato, y al formatearla se producía un error y ya no se reconocía ni como formateada ni como sin formatear.

Hoy la he formateado de nuevo desde Windows 10 y... ¡tachan! Ha funcionado. Tampoco tengo muy claro si la magia la habrá hecho Windows 10 o que esta vez he conseguido que la tarjeta (que es una microSD) funcionara en el lector de tarjetas externo, en lugar de metarla en el lector de mi ordenador usando un adaptador.

En cualquier caso, dejo aquí los datos de geometría que funcionan, según los refleja el FDisk de Windows: 

  • Sistema de archivos FAT  (entiendo que FAT16)
  • 2.012.971.008 bytes de espacio total en disco.
  • 32.768 bytes en cada unidad de asignación.
  • 61.431 unidades de asignación en disco en total
  • (De los datos anteriores debería ser capaz de sacar el tamaño de las dos copias de la FAT, pero me da pereza, porque saber cuántos bytes son 2Gb de una tarjeta no es trivial, dado que a menudo se mezclan gigabytes y gibibytes: 2 * 109? 2*10243? 2*1000*10242?

miércoles, 2 de septiembre de 2026

La tilde y otras rumiaciones

Una de las cosas que desde mis comienzos como profesor me llama la atención es la incapacidad de los alumnos para ver la tilde. No digo para ponerla, no: para ver la tilde. El libro dice medicó o medico y leen médico; dice tácita y leen tacita, y así todo.

Recuerdo que desde los primeros cursos de primaria me enseñaron para qué servían las tildes, aunque tardasen años (debió de ser en cuarto o quinto) en enseñarme a colocarlas. Pero no solo los alumnos adultos mal escolarizados en su día con que brego ahora tienen ese problema. Lo he visto en alumnos de institutos buenos, malos y regulares; en alumnos de compensatoria y de sección bilingüe, en alumnos de primer ciclo de ESO y en alumnos de Bachillerato. 

Durante un tiempo lo atribuí a que a los alumnos se les enseñaba a leer con el método ideográfico que se usa en inglés. Esto es, si la escritura de una palabra no permite predecir su pronunciación, mejor enseñar a detectar las palabras comunes (gato, perro, coca-cola1... ) antes que a pronunciar sílabas. Pero, una vez ese sistema cayó en desuso2, he seguido recibiendo alumnos que ignoraban las tildes al leer.

Jesús Arribas, mi profesor de didáctica de la lengua en el FIPS de la Universidad Autónoma de Madrid, me dijo una vez que las reglas de la tilde eran la única regla ortográfica sin excepciones, y que quizá deberían, por eso, enseñarse a los niños chiquitos. El problema, añadía, era que los niños chiquitos no percibían el rasgo fonético del acento, pues posee un carácter suprasegmental (afecta a un grupo de sonidos, y no a un sonido aislado).

Y es cierto. El acento se enseña en el nivel A1 de español para extranjeros. Yo suelo tratarlo muy de refilón, pero, a menudo, mis alumnos de español me dicen "¡falta el acento!"... Qué pena que no hagan lo mismo mis alumnos de lengua de secundaria.

Pero hay otro problema añadido. La resistencia del español a aceptar ciertos acentos. Ya se sabe, la resistencia a las palabras esdrújulas en las variedades del castellano habladas en el mundo rural (especialmente en Aragón, pero también en otras regiones: gárrulo se pronuncia /garrulo/); la tendencia culta del siglo XVIII a convertir las palabras llanas en agudas por infuencia del francés (que nos dio papá y mamá, sustituyendo a los ahora vulgares o rurales papa y mama); la tendencia actual a pronunciar como llana cualquier palabra que nos parezca anglosajona, aunque no lo sea, que ha convertido en /Nóbel/ el premio instituido por Alfred Nobel (/Nobél/) o a usar cártel para designar una asociación monopolística de empresas (etimológicamente Kartell, /cartél/, en alemán)2. O, al revés, atribuir valor de intensidad a diacríticos que en otras lenguas indican la apertura vocálica, lo que nos ha dado élite /élite/ y Astérix /astérix/ donde debería haber elite /elíte/ o /elít/ y Asterix /asteríx/.

No sé, la cosa es compleja. ¿Os costó a vosotros colocar tildes? ¿Las descartáis al leer, o las tenéis en cuenta? ¿Y la gente de vuestro entorno? Podéis responder abajo o en mi cuenta de mastodon.


1. Un libro para enseñar a leer a niños de un año sugería enseñarles mediante carteles publicitarios, ya que es lo que más ven. Pensé en usar el método para enseñar a leer a peque, pero luego consideré que si con un año no sabía hablar, mejor no intentar enseñarle a leer. ¿De verdad los niños americanos hablan con solo 12 meses de edad, o me estaban vendiendo a niños de 23 meses como "niños de un año"?

2. Sigue en uso en esos cuentos "para enseñar a leer" traducidos del inglés que contienen listas de "palabras fáciles" y "difíciles", donde al final "tigre", "elefante" o "pingüino" acaban teniendo la consideración de palabras fáciles, por virtud de su uso habitual en juguetes y cuentos, a pesar de la combinación de consonantes o diacríticos complicada de pronunciar y descifrar. De hecho, pingüino lleva diéresis y durante años he lidiado con todo tipo de funcionarios que no sabían colocar diéresis en mi apellido.

3. Ojo, que estos cambios de acentuación a menudo tienen una funcionalidad dentro de la lengua. Por ejemplo, distinguir si hablamos del premio o de un novato, o diferenciar entre la organización empresarial y el mensaje pegado en la pared.