miércoles, 21 de enero de 2015

Investigaciones culinarias 1

Aunque yo no sea el "chef Jamie", estoy, como todo el mundo, interesado en recetas que se puedan preparar rápido. O, mejor dicho, que se puedan preparar rápido con lo que tengo en casa o con lo que puedo comprar a las 3.20 de la tarde, cuando llego a mi barrio, usando menos de 10 minutos para ello. Así que voy a ir documentando mis experimentos culinarios para ver qué opciones son útiles y cuáles llevan a caminos sin salida.

1- Puré de berenjenas y boniatos.

Un familiar me sugirió hace unos días la posibilidad de meter las berenjenas con piel en el microondas para que se asaran, sistema que yo ya había empleado para preparar patatas asadas y boniatos asados. Su plan era preparar puré; hasta ahora yo he probado el método presentando la berenjena entera, poniéndole cuñas de queso manchego en aceite por encima, ya sea después de asada (el queso funde poco), ya sea antes de asar, entre las dos mitades (la berenjena no se hace bien).
Como junto a mi casa hay una frutería donde suelo comprar el pan, me he provisto allí de berenjenas y boniatos. Veamos el resultado.
La berenjena (pequeña) estaba preparada en 9 minutos; el boniato (mediano) ha necesitado 5 más, a pesar de que he tenido la prevención de humedecer las dos verduras (el boniato, además, lo he lavado) para que se calentaran más. Después de vaciadar ambas y machacar la mezcla, el resultado no es demasiado atractivo: incluso a un daltónico como yo, esa mezcla de verde y naranja le parecería radiactiva. El sabor no estaba mal, pero esperaba más del contraste entre el ligero amargor de la berenjena y el dulce del boniato. Descarto la combinación, pero tendré que probar otras similares.

2- Merluza con tomate.

Odio la merluza; es más, me parece el pescado más insulso del mundo. Es cierto que los chefs dicen que tiene un sabor delicado, y que si se comete la osadía de echarle limón, pierde su sabor. Los mismos chefs echan pimienta a granel a los bistecs, dándole, supongo, sabor a chopped (a mí la pimienta me sabe a eso) y tampoco se privan de usar azúcar para disimular la acidez de los tomates de cámara. Pero no voy a entrar en discusiones.
El caso es que, aunque odio la merluza, tengo el colesterol por las nubes, y por eso me conviene tomar ese pescado blanco que con todo cariño ha sido conducido al genocidio por obra y gracia de la flota arrastrera. Y para que me sepa a algo, lo estoy preparando con salsas. Personalmente, me gusta cómo me queda en salsa verde, pero hoy quería probar algo rápido. Y aquí está lo que he hecho:
En una fuente para microondas con tapa, he metido un filete de merluza (congelado), unos pocos pimientos (de bote pero españoles: cómprenlos catalanes, aragoneses o leoneses si no les da su bolsillo para la denominación de origen: en caso contrario, serán tan de la Ribera como un Pisco Sour) y  un chorrito de tomate. He añadido también un par de rodajas de cebolla picadas, pero ha sido un error: han quedado crudas. Se mete todo al microondas 7 minutos, justo el tiempo que uno tarda en machacar y comerse la mezcla de boniato y berenjena del paso anterior. ¿El resultado? No es bacalao a la riojana, pero se deja comer.