domingo, 12 de febrero de 2017

Robert A. Heinlein: La luna es una cruel amante.

Heinlein, Robert A.:La Luna es una cruel amante, Factoría de ideas, ISBN: 978-84-9800-848-7 ?? [Según www.mcu.es; versión Kindle distribuida por Amazon, basada en Heinlein, Robert A.:La Luna es una cruel amante. Arganda, Factoría de ideas, 2009, ISBN 9788498005035, 352 págs.]
Descriptores:
Ciencia ficción. Política Ficción. Rebeldes.
Precio de lista
9.99 Euros -- conseguida gratis con las ofertas de Kindle para Samsung.

La Luna es una cruel amante es una de las tres novelas de Heinlein que yo considero básicas. Su argumento desarrolla una insurrección independentista en la Luna desde el punto de vista de la estrategia política, lo que permite a Heinlein desarrollar su filosofía ética basada en el rechazo a todo gobierno, a toda norma, a toda ley que no se base en la asunción de la responsabilidad completa de cada individuo sobre sus propios actos. Aunque hay un par de guiños a la ciencia ficción dura (al fin y al cabo, Heinlein era ingeniero, y lo demuestra con el cálculo de la energía producida por la caída de una carga desde la Luna a la Tierra), el principal rasgo futurista de esta novela, aparte la elección de escenario, es su protagonista: un ordenador. Ese papel protagónico de la computadora le permite preguntarse sobre los riesgos de una sociedad cerrada en que un solo cerebro lo controla todo. Algo muy actual para una novela escrita en los 60 (aunque la idea ya está en otros autores de la época).

En Internet he visto algunos comentarios que hablan del pobre estilo del texto y escaso desarrollo de los personajes. Es cierto; Heinlein utiliza un lenguaje relativamente coloquial salpicado con la jerga procedente de otros idiomas (en concreto el ruso) que se espera que se hable en una colonia penitenciaria internacional. Y se sacrifica el desarrollo de los personajes a favor de la trama. Personalmente, estoy aburrido de esos libros pretenciosos que desarrollan mucho los personajes pero en que realmente no hay narración alguna; si quiero un libro de personajes, elijo a Flaubert o a Clarín, no un libro de ciencia ficción. Por otro lado, en muchas obras (literarias, de cómic o cinematográficas) los intentos por crear un perspectivismo de personaje polifónico acaban, tras páginas y páginas (o minutos y minutos) de cháchara vacía, en una serie de diálogos que repiten tópicos y personajes no planos sino planísimos. Por ello prefiero que los personajes no estén desarrollados y la trama sí a que ninguna de las dos cosas valga la pena.

Por último, un comentario sobre la edición electrónica de Amazon. Al ver esta novela en las ofertas de Kindle para Samsung (aparecen en la versión de Kindle de la tienda Samsung), decidí descargarla, aunque sospechaba que la traducción podía flojear, como en otras ediciones de Factoría de Ideas. De hecho, en la tienda Kindle hay comentarios en ese sentido. Pero, frente a lo que decían los comentarios, no he tenido dificultades para comprender la traducción, y solo he visto tres o cuatro fallos gramaticales, casi todos al final. Sí hay bastantes erratas, casi todas consistentes en la partición de un párrafo o en el cambio de tipo de letra, algo que creo que es perfectamente asumible, dado el papel del papel.

martes, 7 de febrero de 2017

El papel del papel

El papel se va a acabar. Acaban con él las administraciones públicas, las compañías que nos facturan a fin de mes, los patrones que expiden nuestras nóminas. Sustituyen esos documentos por otros "totalmente válidos como prueba", pero que solo podemos recuperar mientras somos clientes o empleados y que pierden, además, su valor probatorio en cuanto sus firmas digitales (en los casos en que existen) caducan. Plazos, por lo general, muy cortos.

Pero en esta sociedad del sin-papel, curiosamente, digitalizamos. Y digo curiosamente porque digitalizamos documentos digitales, previa impresión. Hay casos curiosos. No hace demasiados años, la Real Academia escaneó los fondos de una editorial y los reeditó a partir del OCR. La gracia está en que aquella editorial había nacido en los años 90, época en que el proceso de impresión era ya digital, y que su labor era la edición crítica, es decir, la fijación de los textos originales carácter por carácter. Así, cualquier en una sola letra contaba. A un filólogo como yo, el proyecto de la RAE le sonaba extraterrestre. Como si yo mismo hubiera metido en mi escáner el ejemplar de la 2ª edición de "El sí de las niñas" que anda por casa de mis padres, y a partir del ReadIris (es lo que se llevaba por aquel entonces), sin comprobar ninguna fuente secundaria, hubiera presentado una edición como tesis doctoral. ¡Toma ya!

Pero la cosa no es de chiste. Si era tan ridículo el uso del escáner por parte de instituciones como la Academia o revistas fundadas después de los 90 que siempre han exigido originales en formato electrónico a sus autores, ¿por qué lo seguimos haciendo?

Principalmente, porque, al igual que pasaba con los originales en papel de las obras de siglos pasados, nadie se molesta en conservar el original electrónico. O al menos no se molestaba hasta hace poco tiempo. Y de forma secundaria, porque, a pesar de que insistamos en conservar copias digitales, los formatos no duran para siempre.

El otro día me topé con el problema mirando un archivo antiguo escrito en mi ordenador. Hacia 2004, en un intento de mejora de mi productividad, comencé a escribir mis documentos en un Macintosh IIci de principios de los años 90, para después imprimirlos en mi PC. En aquella época, Microsoft-Word para Windows no sabía traducir los documentos de Mac, pero el Novell Wordperfect 8.1 para Linux (la única versión gratuita de WordPerfect que he conocido) traducía con la misma facilidad el WordPerfect para Mac y el Microsoft-Word para Mac. Así que yo escribía en un Mac e imprimía en un PC, sin mayores problemas.

Sin embargo, en mi ordenador actual no hay ningún programa que ni siquiera identifique adecuadamente el formato de aquellos archivos (que, puesto que se escribieron en un Mac, no poseen extensiones, pues las extensiones son una absurda idea de MS-DOS que no se convirtió en estándar de facto hasta la llegada de Windows 3.1). Gracias a la manía de los programadores de Word (y enemigos de WordPerfect en general) de separar la capa de texto y la capa de formato, que el archivo se hizo con Word y puedo leer su texto. Pero no puedo convertirlo. Para hacerlo, tendría que desempolvar el 486 que tengo en mi trastero...

...Algo que probablemente ninguna editorial haría. Nadie en su sano juicio va a guardar esos antiguos disquetes o los ordenadores capaces de leerlos. Así que sólo nos queda el papel, el papel conservado en las bibliotecas universitarias, que podemos digitalizar en cualquier momento (es la ventaja de la copia dura o copia física).

Pongámonos ahora en la piel de los investigadores del futuro. Cuando quieran consultar las leyes que han estado en vigor en el período actual, ¿podrán hacerlo en Internet? ¿se habrán borrado los archivos por ser obsoletos? ¿Seguirá habiendo, dentro de 100 años, equipos capaces de leer archivos PDF? ¿Y de verificar las firmas? Si los servidores de verificación de las administraciones públicas emiten firmas que duran 6 meses o un año, ¿cómo puede demostrar alguien, llegada la hora de su jubilación, que la historia de vida laboral que imprimió diez años atrás es verídica? ¿O que recibió un nombramiento como funcionario interino diez años atrás?

Es muy fácil conseguir el orwelliano propósito de reescribir cotidianamente el pasado si todos los medios se convierten en electrónicos o si, como he leído recientemente, se comienzan a imprimir los periódicos en papel que se borre automáticamente a los cinco días (hace unos años, la tienda Thinkgeek vendía una pluma cuya tinta se borraba al cabo de unas horas: tuvieron la precaución de advertir sobre las consecuencias legales de emplearla para firmar cheques). ¿Somos conscientes de los riesgos? ¿O es que hay quienes ven en estebug una feature?

Cada vez estoy más seguro de que el futuro será digital y virtual, numérico y falso.

sábado, 21 de enero de 2017

Cómo: Pasar aplicaciones del segundo monitor al primero en Windows.

Edición 26/2/2017 - Lee esto primero

Juraría que había probado esto pero no me había funcionado...:

Con Tecla Windows + Flecha lateral se puede mover la ventana a la izquierda, centro o derecha de la ventana, sin importar que previamente estuviera maximizada.

En caso de que haya varias pantallas, se irá moviendo de pantalla en pantalla.

Así que la solución de abajo se puede cambiar por:

Pulsa Windows + hasta que la ventana deseada aparezca en tu pantalla.


POST ORIGINAL:

A pesar de que Windows 10 soporta múltiples escritorios virtuales, aparentemente no se puede enviar un escritorio a cada pantalla: solo se puede "extender" la pantalla para que ciertas aplicaciones (pongamos por caso chrome viendo Netflix o HBO en la tele) salgan por la pantalla secundaria.

Así que la posibilidad de alternar de un escritorio a otro se queda muy reducida con respecto a lo que ocurre en Linux, donde muchos gestores de ventanas muestran en una ventanita pequeña a qué monitor o escritorio se ha ido cada aplicación, para que la pasemos al monitor que tenemos encendido en ese momento.

Una alternativa a esto, que conocemos quienes empezamos a usar Windows en los 90 antes de tener un ratón, es manejar las ventanas «a ciegas» con el teclado.

Pongamos por caso que yo tengo mi escritorio extendido a dos pantallas, y que la última vez que encendí mi ordenador llevé Chrome a una pantalla secundaria (por ejemplo una televisión) para ver una película, pero ahora quiero encender solo la pantalla pequeña. Al abrir Chrome, la aplicación sale en la pantalla grande, que está apagada. ¿Cómo pasar Chrome a la otra pantalla?

La solución viene con el uso del teclado. El ratón es un dispositivo muy interesante, pero solo podemos usarlo correctamente si miramos la pantalla. En cambio, el teclado puede usarse sin pantalla (¿quien no ha tocado música en un ZX-Spectrum con la tele apagada? ¿quién no ha usado Ms-DOS conectado a una impresora matricial que hacía de pantalla?).

  1. Seleccionamos la aplicación cuya ventana queremos mover (ALT-TAB o pulsando en el icono de la barra de tareas)
  2. Pulsamos ALT-ESPACIO. (ALT-ESPACIO significa "abre el menú estándar Windows de la ventana").
  3. Pulsamos "R". En la traducción de Windows vendida en España, "R" corresponde a restaurar. Si estamos en otro país quizá tengamos que comprobar con una ventana que se abra en la pantalla normal qué letra corresponde a "restaurar" en nuestra traducción de Windows.
  4. Con la anterior acción, hemos restaurado la ventana (en caso de que estuviera maximizada, esto es imprescindible para poder moverla).
  5. Ahora, pulsamos de nuevo ALT-ESPACIO para volver a llamar al menú de la ventana.
  6. Pulsamos "M". En la traducción de Windows vendida en España, "R" corresponde a restaurar. Si estamos en otro país quizá tengamos que comprobar con una ventana que se abra en la pantalla normal qué letra corresponde a "restaurar" en nuestra traducción de Windows.
  7. Finalmente, mantenemos pulsado "Flecha izquierda" o "Flecha derecha", según si en la lógica de Windows la pantalla apagada está situada a la derecha de la actual (flecha izquierda para llevar la ventana a la actual) o a la izquierda (al revés). Esto moverá la ventana hacia nosotros.

Espero que haya sido útil a alguno de vosotros

martes, 20 de diciembre de 2016

Experimentos culinarios: turrón y nougat sin azúcar.

Ingredientes turrón:
250 g almendra molida (la receta base llevaría 200, pero en mi súper la venden en paquetes de 125).
50 g fructosa.
1/2 cucharada (teóricamente, 11 gr.) de edulcorante de Stevia y eritritol de El Corte Inglés (equivale a aprox. 50 gr. sacarosa).
1/2 palo canela
1/2 ralladura limón.

Ingredientes nougat:
200 g nuez repelada 
50 g fructosa.
1/2 cucharada (teóricamente, 11 gr.) de edulcorante de Stevia y eritritol de El Corte Inglés (equivale a aprox. 50 gr. sacarosa).
1/2 palo canela
1/2 ralladura limón

Coste total: unos 10 euros.

El otro día hice mazapán sin azucar sin demasiada dificultad, pero para la textura del turrón teóricamente es necesaria la miel, así que busqué en internet esta receta (http://www.natursan.net/turron-jijona-sin-azucar-receta/ ) y la adapté a una mezcla de "stevia" (stevia + eritritol) y fructosa, dado que la fructosa tampoco es demasiado buena para los diabéticos (de hecho no estoy seguro sobre si el producto final será seguro en dosis mayores a un trocito). Estoy cocinando para una familia donde hay un diabético tipo I y otro tipo II, por eso la preocupación por huir de la glucosa.

Voy a preparar los dos sabores de una vez, así que comenzaré por hacer el almíbar para los dos turrones:

Vuelco 100g de fructosa en un cazo, añado 100 ml de agua aproximadamente (un tarrito de yogur de vidrio) y llevo a fuego medio, removiendo frecuentemente.

Añado la rayadura de limón y un palo de canela partido a lo largo para que dé más sabor.

Cuando comienza a espesar, añado una cucharada de polvo de "stevia" (eritritol+stevia). 

Separo la mitad del almíbar y los palos de canela y reservo.

Añado poco a poco la almendra molida, amasando con una cuchara de madera.
Introduzco en un molde desechable forrado en papel encerado.

Aplasto.

Meto en una batidora-picadora las nueces y las pico de pocas en pocas a baja velocidad.

Cuando ya está bastante picado, meto en la máquina todas las nueces picadas, añado el almíbar (sin los palos de canela) y otro poquito de agua (50 o 100 ml) y voy subiendo hasta la velocidad alta. En mi caso, uso el vaso picador, así que sacudo de cuando en cuando para que lo que se pega a las paredes baje.

Meto la mezcla en el cazo en que calenté la almendra (en mi casa no hay alérgicos a ninguno de los dos productos) y le doy un ligero golpe de calor (1-2 minutos, removiendo). Ya tenemos el nougat.

Relleno con el nougat otro molde forrado en papel encerado.

Aplasto bien.

Coloco un trozo de papel encerado sobre el molde del turrón,encima coloco el molde del nougat, después otro trozo de papel encerado y, encima de todo, dos libros bien gordos.

Dejo toda la noche.




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Perdon por  las posibles faltas, escribo desde un móvil...

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Microdictados / microcuentos

A ver / haber

—¡Ven a ver una vaca volando!

—A ver, ¿cómo va a haber una vaca volando?

Lo mismo debió de pensar el señor al que le cayó la vaca encima.

Cayó / calló

Le cayó una buena, y calló para siempre.

sábado, 8 de octubre de 2016

Stanislaw Lem: Solaris

Lem, Stanislaw: Solaris. Barcelona, Minotauro, 2003. 235 págs (+1 sin foliar)
ISBN:
ISBN 84-450-70440-7
Descriptores:
Ciencia ficción. Ficción psicológica. Dobles. Replicantes. Entidades alienígenas planetarias.
    Adaptaciones cinematográficas:
  • Solaris (1968) dirigida por Lidiya Ishimbaeva y Boris Nirenburg sobre guión de Nikolay Kemarskiy.
  • Solaris (1972), dirigida por Andrei Tarkovski sobre guión de Fridrikh Gorenshteyn y Andrei Tarkovski [disponible en el canal oficial de la productora Mosfilm en youtube].
  • Solaris (2002), dirigida por Steven Soderbergh sobre guión de Steven Soderbergh.

Aunque Solaris es una de las novelas más conocidas de Stanisław Lem, yo no la había leído aún, quizá porque había llegado a mis oídos la fama de densas de sus adaptaciones cinematográficas. Precisamente fue el haber encontrado a buen precio una de estas adaptaciones lo que me impulsó a sacar el libro del BiblioMetro, de modo que en cosa de quince días me he visto las tres adaptaciones de la película y me he leído la novela.

En las primeras páginas de Solaris encontramos a un cosmonauta, Kelvin, en la rampa de lanzamiento para llegar a una estación de investigación en el planeta que da nombre a la novela. El lanzamiento se describe con una minuciosidad apabullante aunque vertiginosa, sin darnos datos sobre el protagonista, y es en el segundo capítulo donde se nos cuenta cómo al llegar se encuentra con una recepción extraña: su contacto a bordo ha muerto y el único tripulante que ve se niega a hablar con él porque lo considera incapaz de comprender lo que ha pasado.

Después de ese inicio misterioso, se nos presenta Solaris como un planeta que durante más de cien años ha despertado el interés de los científicos, pues cierta actividad geológica del planeta (parece que las mareas de su océano estabilizan la órbita alrededor de dos soles) hace pensar a algunos investigadores que quizá el planeta entero sea un organismo viviente.

Ahí está uno de los principales puntos de interés del libro de Lem: ¿es el hombre capaz de reconocer a un organismo viviente que no esté hecho a imagen de los organismos de la tierra? Y en ese caso, ¿es capaz de comunicarse con él? Como estudiante de antropología me resulta muy excitante la idea, ya que algunos antropólogos creen que precisamente la unidad psíquica de la humanidad es lo que nos permite comunicarnos entre nosotros (y por tanto no podríamos hacerlo con alienígenas). Este problema es planteado en el libro a través de supuestos resúmenes y reseñas de las obras de solarística publicadas a lo largo de cien años: como Borges, Lem es un entusiasta de la cita de libros apócrifos, y de hecho tiene varias obras dedicadas exclusivamente a ello.

El segundo punto, sin embargo, es el que vertebra la trama de la novela: los habitantes de la estación de investigación reciben "visitantes", personas invocadas por su inconsciente que permanecen continuamente con ellos. ¿Son esos "visitantes humanos"? ¿No lo son? ¿Tenemos derecho a destruirlos? ¿A enamorarnos de ellos? La cosa se complica cuando el doble es, como le sucede a Kelvin, el de su ¿esposa? ¿amante? Harie, que se suicidó diez años atrás. ¿Volver con Harie a la Tierra sería una traición? Y, por otro lado, dado que los replicantes extraen su energía del planeta Solaris, ¿sobreviviría Harie al viaje?

Las adaptaciones cinematográficas, en general, se han centrado en el problema de Kelvin y Harie, sacrificando a menudo el otro problema del libro, el de la solarística. la posibilidad de comprensión entre seres completamente distintos. La adaptación de 1968 ignora completamente el problema, y no recuerdo que se trate en la de 2003. En la de Tarkovski, se reproduce el informe de Berton al principio de la película (lo que impide, claro está, que Kelvin de vueltas por la nave buscando datos sobre dicho informe) y se aparece constantemente la biblioteca, pero solo como lugar donde estar, no como recopilación de investigaciones infructuosas a lo largo de décadas.

También se ha sacrificado la garra del inicio impactante y misterioso de la obra. Lem evita dar datos sobre sus personajes: nada nos aclara, qué hace Kelvin en la estación espacial, ni cuál es su profesión. Solo cuando visita a Sartorius nos enteramos de que ha estudiado psicología. En cambio, en todas las adaptaciones, excepto la de 1968, el guionista considera necesario motivar la presencia de Kelvin en la estación espacial.

En ninguna de las adaptaciones se nos habla de los extraños fenómenos del mar de Solaris, aunque en la de Tarkovski hay numerosas imágenes de ese mar y se nos informa sobre el suceso de Berton. El lector de la novela comprende pronto que los "mimoides" no son sino una versión preliminar del objeto que vio Berton, como este no es sino una versión preliminar de los replicantes.

En las películas rusas queda claro que Harie no puede volver con Kelvin a la Tierra. En la de Soderbergh no está claro, o quizá sea porque me quedé dormido a mitad de la historia (lo que dice poco a su favor, puesto que aguanté despierto dos películas rusas subtituladas en inglés).

La película de 1968, hecha para televisión, es quizá demasiado simple, pero mientras la veía reconocía numerosas frases de la novela. Me gustó su elección del reparto, con actores que dan muy bien en pantalla. Puesto que no sé ruso ni conozco el lenguaje no verbal de dicha zona del mundo (si usted piensa que el lenguaje no verbal es un universal, pruebe a hacer la señal de "OK" delante de un griego), no puedo juzgar si actuaban bien o mal. Los decorados son muy simples y dan la impresión de haber rodado en una fábrica, o quizá en los sotanillos de una universidad.

La de 1972 es mucho más artística, aunque a veces eso causa una gran lentitud. Casi me desespero por el lento paso de los títulos de crédito. Inicia la trama en casa de Kelvin, que ha invitado a Berton para hablar sobre lo que vio en Solaris, así como sobre el experimento de Gibarian con los rayos X. Así conseguimos información sobre el extraño comportamiento de Solaris sin necesitar visitar la biblioteca espacial. No me gusta la elección de un protagonista bajito, aunque en cuanto entra en el primer pasillo de la estación espacial, estrecho y con el techos bajos comprendemos que un astronauta alto no sobreviviría. Curiosamente, el resto de la estación espacial tiene pasillos amplios, quizá para facilitar el movimiento de la cámara. Al final de la película "aparecen" islas en Solaris (a lo largo de toda la novela se nos ha hablado continuamente de la existencia de tales islas), pero eso sirve para motivar el final poético con Kelvin en la superficie del planeta.

En la elección de actores, la versión de Soderberg hace una concesión a lo políticamente correcto: Sartorius ya no es el prototipo de científico loco, alto y calvo, que era en las dos películas rusas, sino una mujer de color. Esto compensa cierto sesgo de género y racial que había en la novela: resulta curioso que la primera película rusa fue en parte escrita por una mujer, a la cual ni se le pasó por la cabeza incluir cosmonautas de sexo femenino. Los decorados son futuristas a la usanza actual, y no retrofuturistas; en este sentido han resistido mejor el paso del tiempo. La trama resulta más lenta que en Tarkovski (¿dije ya que me quedé dormido?) y menos comprensible que en Kemarskyi.

En cualquier caso, Solaris es una de esas obras en que la novela es muy superior a la adaptación cinematográfica, por bueno que sea el director de esta.

sábado, 24 de septiembre de 2016

Ursula K LeGuin: La mano izquierda de la oscuridad.

LeGUIN, Ursula K.: La mano izquierda de la oscuridad. Barcelona, Minotauro, 2000. 329 págs.
ISBN:
84-450-7387-7
Descriptores:
Ciencia ficción. Ficción sociológica

«Escribiré mi informe como si contara una historia pues me enseñaron siendo niño que la verdad nace de la imaginación...» Así comienza este libro, que adopta la forma de un informe del explorador Genly Ai sobre la posibilidad de unir el planeta Gueden a la Ecúmene formada por los humanos del universo conocido.

Gueden, llamado Invierno por los primeros exploradores, es habitado por humanos con una peculiaridad única en el universo: no hay género ni sexos fijos, los órganos sexuales y el deseo aparecen solamente, y de modo cambiante, cada veintiséis días, durante el período de estro (allí llamado kemmer). Esto ha producido una sociedad especial, sin tabúes sexuales (pues la mayor parte del tiempo carecen de deseo), sin división sexual del trabajo (puesto que todos pueden quedar embarazados), sin monogamia y con cierta tendencia a la matrilinealidad (reconocen a los hijos habidos en otros pero valoran más los «hijos de carne» por ellos paridos).

Además, las circunstancias biológicas y climatológicas del planeta han impedido el nacimiento del estado-nación capaz de librar guerras devastadoras (aunque son frecuentes las escaramuzas de saqueo), y de la aviación (no existen aves ni insectos voladores).

En la primera parte del libro hay un interesante análisis de dos sociedades hipotéticas: una monarquía premoderna basada en el concepto del honor y un sistema comunista (nunca es llamado así) que parece haber surgido espontáneamente de una mezcla de espíritu colaborativo innato, burocracia incipiente y paranoia. Sin embargo, lo más interesante del libro son los capítulos del último tercio de la obra, una larga travesía del protagonista a lo largo del círculo polar del planeta, durante la cual su hasta entonces observación participante devendrá en plena comprensión empática y amor.

El libro está lleno de reflexiones, y me gustaría entresacar unas cuantas:

"No, no hablo del amor, cuando me refiero al patriotismo. Hablo del miedo. El miedo del otro. Y las expresiones de ese miedo son políticas, no poéticas: odio, rivalidad, agresión." (Estraven a Genly Ai en los primeros capítulos. Aquí "político" tiene el sentido de fuerza ejercida sobre un grupo que le damos los antropólogos).

"-¿No entiende aún , Genry, por qué perfeccionamos y practicamos la profecía?
-No
-Para mostrar que no sirve de nada tener una respuesta cuando la pregunta está equivocada." (El tejedor Faxe a Genly Ai, explicando el concepto de nusud o ignorancia. Poco después dirá que "La ignorancia es el campo del pensamiento. Lo indemostrable es el campo de la acción").

"La luz es la mano izquierda de la oscuridad, y la oscuridad es la mano derecha de la luz. Las dos son una, vida y muerte, juntas como amantes en kemmer, como manos unidas, como el término y el camino." (Balada de Tormer. Muestra el concepto de complementariedad armónica básico en la sociedad del planeta, a través del mito del hombre unido a su sombra).