lunes, 3 de noviembre de 2014

Laura Gallego: Finis Mundi

Laura Gallego: Finis Mundi.. Editorial SM. ISBN 978-84-348-7011-6. 252 págs. Juvenil (a partir de 10 años). Histórico-Fantástico. Edad Media. Juglares.

Empecé a saber de Laura Gallego por dos alumnas del IES Isabel la Católica (ahora tendrán 25 años) que eran fanáticas de cierto automovilsta asturiano y de esta autora. Y poco a poco empecé a observar que no eran casos aislados. Laura Gallego es una muy popular novelista en la franja infantil y juvenil, y si triunfa será por algo.

Finis Mundi, la primera novela de esta escritora, no es tan consistente como otras obras posteriores. Se nota que la autora está buscando su voz, y que todavía no se manejan completamente las artimañas que permiten cerrar las tramas dejándole al lector voraz ese regusto que le inclina a correr a la librería y comprar el volumen siguiente de una saga. Pero ya es un gran libro.

Un monje escapa de un monasterio arrasado por los atacantes. Con él lleva un códice que habla del inminente fin del mundo. La salvación de la Tierra depende de que encuentre tres objetos mágicos escondidos en lugares especiales. Pronto se une a un juglar que le enseñará a recorrer el mundo con cierta seguridad y le ayudará a reconocer los lugares mágicos de los que habla el libro. En el camino, un grupo misterioso se enfrentará a ellos, intentando que fracase su misión; pero también encontrarán nuevos aliados. Ese es, a grandes rasgos, el argumento del libro.

El libro está dividido en tres partes, cada una encabezada por una cita latina, un tópico de la época, en la que se da el tono de lo que ocurrirá: el mundo envejece, las ruinas crecen, el fin del mundo se acerca. En cada parte la "búsqueda" del objeto mágico nos acercará a distintas maravillas del mundo medieval y, en el caso del último eje, pre-medieval. Pero se observa cierta brusquedad en la introducción del elemento didáctico, que no cala en el lector (aunque a quien esto escribe no le ha parecido más brusca que en la aplaudida Los Pilares de la tierra, donde a cada paso le explicaban a uno lo que era una ojiva, como si no lo supiera). Quizá por ese didactismo exagerado se ha clasificado el libro para una edad tan temprana, a pesar de alguna alusión (velada, eso sí) al destino que aguarda a toda juglaresa.

A pesar de su didactismo, el libro se lee muy fluidamente y mantiene enganchado al lector (he de confesar que lo leí prácticamente de un tirón, y si detuve la lectura fue porque a altas horas de la madrugada consideré que debía trabajar al día siguiente). Aparecen ya los trucos de novela negra con los que Laura Gallego nos deleita en todas sus obras de fantasía medieval, introduciendo pistas falsas acá y allá para despistar al lector y mantener la intriga. Pero falla la construcción del final, un final que parece artificial, un deus ex machina que arruina la construcción tan perfecta de una trama en que todo encajaba hasta el momento. Y que además no gustará al lector... pero sí a quienes defienden a capa y espada la novela juvenil transmisora de valores, como si los clásicos que los profesores de literatura mandamos leer no estuvieran cargados de machismo, racismo y defensa de la desigualdad social (a pesar, por supuesto, de lo que dice en los catálogos de las editoriales).

En cualquier caso, es un libro recomendable. Si ya habéis leído otros de Laura Gallego quizá esperéis más, pero si no habéis leído nada de ella, es una buena introducción a su obra.

(Este texto será compartido también en mi cuenta de Vingle)

lunes, 22 de septiembre de 2014

Ezequiel, 18

Dice Ezequiel que el hijo no cargará con las culpas del padre, ni el padre cargará con las culpas del hijo. Pero no todo el mundo es religioso.

Un hombre camina por una calle oscura. A lo lejos, la puerta iluminada de un bar en una esquina. El hombre tiene el aspecto cabizbajo y miope de la persona que nunca rompería un plato. A la puerta del bar, un obeso cliente, jugando con su móvil y llamando a ratos a una hija que ha de estar a la vuelta.

Al pasar junto a la taberna, el viandante hace un quiebro para esquivar un patinete azul, tirado en mitad de la calle, apenas visible para quien acaba de salir de un lugar iluminado y aún no ha acostumbrado su vista a la penumbra que filtran las farolas a través de las hojas de los árboles. De los labios del viandante no sale una queja, no asoma una mala palabra; su sorpresa es muda y no busca ofender a nadie. A pesar de ello, a su espalda suena el tripudo:

—Mira que no ver el patinete... ¡ciego!

El paseante dobla la esquina y desaparece.

Al cabo de unos minutos, un grito agudo. Una niña, un ojo reventado por un llavín en él clavado. El hombre del bar, que corrió hacia ella con una urgencia que tira de su sangre, ve al miope, pequeñito y cabizbajo, sonreír con otro sangriento llavín en las manos.

miércoles, 30 de julio de 2014

Formato obsoleto...

Sucede que me compré 12 gigas de cómics en humblebundle y quiero guardarlos en alguna parte. No es que necesite realmente guardarlos: en cualquier momento podría volver a descargarlos sin pagar más, pero ¿y si se pierde mi contraseña? ¿y si quiebra la compañía? ¿y si se estrella un meteorito gigante contra la Tierra? Más vale tener una copia que no esté en la nube.

Así que voy al VIPs a conseguir DVDs porque ando bastante escasito de ellos. De camino, pienso en la posibilidad de comprar CDs. La radio del coche no tiene reproductor de mp3 ni entrada de línea, y aunque a veces es posible hacer que el teléfono móvil le envíe su música por FM, no siempre funciona el truco, especialmente en las áreas llenas de emisoras como Madrid. Así que para oír los mp3 en el coche hay que grabarlos en CD. Probablemente tendré CDs a montones en casa, pero estoy convencido de que en cualquier momento se dejarán de fabricar. Eso es lo que me decide a comprarlos.

En el VIPs solo hay DVDs de los caros, los regrabables (podría ser peor: el otro día estuve en la FNAC y no había ninguno). Los CDs, mezclados con ellos en la pila, son de la misma marca, pero obviamente son CD-R (lo que me indica que todos los compradores de CD están en la misma situación que yo). Voy con uno de cada a la cajera y, después de mirarlos un rato, ella me dice:
—No lo entiendo. Unos valen seis euros y los otros dieciséis.
—No hay problema. Sé que son distintos y quiero uno de cada.
Aunque ella no aparenta tener menos de veinticinco años (claro está que el trabajo envejece, así que puede que me equivoque), me pide que le explique la diferencia.
—Unos son para música, los otros son para datos.
Ella misma deduce que los de datos serán más caros porque tendrán más capacidad. Así que lo que falla es, simplemente, que llegó a la tecnología demasiado tarde para saber la diferencia. Debe de ser que realmente los CDs sí están obsoletos.

martes, 17 de junio de 2014

desorden

Ahora que empiezo a tener tiempo libre, debería dedicarme a arreglar el completo desorden en que se ha convertido mi vida. No es solo la tabla de planchar que lleva meses sobre la mesa de comedor, ni la mesa de despacho convertida en mueble multifunción sobre el que lo mismo como que corrijo unos exámenes o uso el ordenador. No es tampoco esa caja llena de libros de los estantes desmontados a la espera de que algún día la compañía de seguros venga a pintar el piso. No es la mierda que se está acumulando peligrosamente desde que no me queda tiempo libre en las tardes siquiera para pasar la escoba. Es el desorden de mi vida.

Cuando el cotidiano despiste se convierte en desorden, el desorden en caos y el caos en frustración porque nada sale a derechas (y cómo puede salir a derechas si no hay manera de saber lo que uno está haciendo, potque está tratando de atender a mil estímulos ninguno estimulante), entonces ha llegado la hora de pararse un momento y pensar qué habría que arreglar el desorden, el maldito caos de la propia vida.

Pero primero empezaré por limpiar un poco.

sábado, 7 de junio de 2014

Lo que dijo el coronel

Años después, ante el pelotón de fusilamiento, dijo el coronel:

—¡Fuego!

Era firme partidario de la pena de muerte.

viernes, 6 de junio de 2014

Lo que dijo el Ladrón

Dijo el ladrón:

—Últimamente hay mucha competencia. Aquí todos se creen que son de mi condición.

jueves, 5 de junio de 2014

Lo que dijo el Intelectual Progresista

Dijo el Intelectual Progresista:

—Los que nos gobiernan deberían ser honrados. Tengamos valores, seamos honestos.

Acababa de colgarle el teléfono a su tío, el que le metió en el departamento de la universidad.