lunes, 7 de abril de 2014

Integrando (unas coplillas)

(Unas coplillas jocosas y festivas sobre un aspecto un poco triste de la vida actual. Si usas una tecnología distinta a la de tus amigos, les da pereza llamarte...)

Se ha ido a vivir mi primo
a una buhardilla
que no puedan las madres
subir las sillas.

Lee iris su cerradura
porque no quiere
si algún vecino es tuerto
que allí le entre.

Y solo se habla
con los amigos
que tienen WhatsApp.

Ya no va por el centro
que se ha ido fuera:
Allí aunque hay autobuses
ninguno llega.

Te invita a barbacoas
cuando le insistes
que te has hecho vegano:
¡Pero qué dices!

Y solo se habla
con los amigos
que tienen WhatsApp.

Siempre se une a la moda
cuando es segura.
Nunca se ha anticipado
(¡vaya aventura!).

Así que no le enseñes
tecnología,
que le parece cosa
de teología.

Y solo se habla
con los amigos
que tienen WhatsApp.

jueves, 27 de marzo de 2014

Final de la historia

Fuma un último cigarrillo mirando el paisaje urbano que entra por la ventana. Ella mira su espalda recortada a contraluz y sabe que se irá, pero tiene la esperanza de volver a verlo. Él aplasta la colilla contra el mismo cenicero que compartieron tantas madrugadas y, sin decir nada, se encamina hacia la puerta.

Ella hace amago de levantarse, pero quizá piensa que es tarde y, sin decir nada, vuelve a quedarse sentada mientras él, que no la ha visto, toma su abrigo y se va.

Quizá podría haber dicho algo; haber gritado ¡te dejaste el tabaco! No creo que hubiera sido buena idea. Tampoco debe creerlo ella, porque espera a oír el portazo antes de comenzar a llorar en silencio.

Pequeño egoísmo.

No es que el mundo gire conmigo. Es que en este momento soy yo quien hace girar el mundo, quien lo agita. Los sentidos —vista, oído, incluso el tacto— actúan por sí mismos, mueven por sí mismo el cuerpo. Yo no veo, no escucho, no toco sino el todo. Extático, debería salir de mi, volcarme, aprovechar la ocasión para acercarme a otro cuerpo humano. Pero no estoy aquí, sino en las luces, la percusión machacona, la melodía ondulante. Estoy en otra parte. Y si por casualidad estoy en ti, perdóname, pero no me doy cuenta.

Podría ser un esclavo de la técnica, de la regla, de la disciplina. Quisiera serlo, pues esa es la verdadera danza. Soy un esclavo del instinto. Pero este animal que me lleva tiene instintos inusitados y le basta con irrigar el cuerpo de endorfinas a través de ese pequeño fracaso que es el arte por el arte.

Quisiera bailar contigo, créeme. Pero al final, incluso así, estaré solo.

Y no creas que me enorgullezco de este pequeño egoísmo, o que lo utilizo como excusa. Soy consciente de que el mundo se me acaba y me rodea la soledad de las multitudes. Pero ¿cómo salir fuera, si yo mismo he ido construyendo, capa a capa de nácar, el caparazón que me rodea?

No te aflijas por mi, sin embargo. Escucha la música. ¿No crees que es el momento de que volvamos a la pista de baile?

miércoles, 26 de marzo de 2014

Borges y los borgianos

Pierre Menard escribió en cierta ocasión que un ejército de monos tecleando al azar acabaría algún día por producir las obras de Borges. La frase no era original, pero todos sabemos que para el señor Menard la originalidad estaba sobrevalorada. En cualquier caso, los monos tendrían un gran trabajo para llenar los anaqueles de la biblioteca de babel, y aquel que los recorriese eligiendo cuidadosamente las páginas correspondientes al genial ciego terminaría probablemente por extraviar el sendero.

Por eso parece oportuno que sea el propio Borges quien reconstruya las obras de Pierre Menard y de tantos y tantos sabios que pueblan aquel otro universo que no es sino una biblioteca.

martes, 25 de marzo de 2014

Buscando una historia

Hace tiempo que en mi cabeza no hay una sola historia que merezca la pena. O quizá las hay, pero intuidas. Cuando por fin salta una, es pueril, trivial. Y si por casualidad es profunda, entonces no logro encontrar el tono y me pierdo en divagaciones descriptivas que no vienen al caso.

Quizá algún día deba apuntarme a un taller literario para lograr infundir vida a mis historias, hacerlas salir de mi cabeza y caminar ante los demás. Pero en parte me da miedo: como decía Martí, «Mi pena es mi hija, mi hija / no me la han de ver jamás». Sí, quizá me de miedo poder contar lo que tengo en la cabeza.

Mientras tanto, dejo pasar el tiempo aporreando el teclado, escribiendo insulseces en este blog y en otros lugares y, sobre todo, dejando de vivir. Y es que para narrar hay que vivir ants, o eso dicen los norteamericanos. Claro que, bien pensado, tan importante es el descubrimiento de la juventud y la vida que valió elogios a Ferlosio, Marsé, Mañas y tantos otros como el de la vejez y la muerte que se los valió a Landero. Y a este paso, no me quedará otra que empezar a cantar el gozo de haber dejado irse los mejores años y las energías de la mocedad.

Por qué nos gusta Agatha Christie

Debe de ser que nos gusta la sorpresa. Aunque sepamos que nos engañan, que al final el asesino será quien menos esperamos. El primer muerto de la historia, el propio detective, todos los sospechosos en masa. ¡Es un truco tan viejo! Lo que cuesta, realmente, es que nos sorprenda.

Nos gusta Agatha Christie por lo mismo que nos gusta Amenábar. Por más que sea poco original (ya hicieron lo mismo M. Night Syamalan en El Sexto Sentido y Philip K. Dick en Ubik), al final no caes en la cuenta de que el protagonista está muerto desde el principio. Es la sorpresa, la voluntad de sorpresa. Al final, lo que nos gusta de Agatha y de sus seguidores es que consigan hacernos olvidar que ya sabíamos como acababa la obra.

viernes, 21 de marzo de 2014

Notas

Apruébeme, profesor,
profesor, apruébeme.

Con la sonrisa en los labios
como si no te importara,
vas repartiendo derrotas.
Sabes en tu interior
que el alumno ha suspendido,
www pero que tú has fracasado
. Apruébeme, profesor,
profesor, apruébeme.

(17/3/2014, 16:00)

jueves, 20 de marzo de 2014

Cítricos

Cuando eras niño
no pelabas la naranja:
la cortabas por la mitad
y sorbías con fruición cada hemisferio,
cada casquete polar de la naranja.
Pero luego creciste
y algún compañero de colegio
te afeó la conducta
así que aprendiste a pelar cítricos.
Hoy vives solo, y en soledad recuerdas
aquellos momentos del colegio ante tu postre,
pero ni aun así te atreves
a sorber la naranja:
¡Fuerza de la costumbre,
qué poderoso es tu imperio!
(17/3/2014, 16:00)

miércoles, 19 de marzo de 2014

Mi arqueología personal

Repasando archivos antiguos. Ha sido mi pasatiempo esta semana, un pasatiempo un poco extraño, por lo inútil. Reencuentro aquellas creaciones de las que estuve orgulloso y que hoy son simplemente correctas. Encuentro los errores del pasado, como los cientos de faltas de otrografía —tildes sobrantes de mi avengraf, a la vez que el léxco impecable —¡imposible llegar hoy a esas alturas!— de alguno de mis cuentos. ¿La trama? La trama vacía, como siempre, pues nunca he conocido a fondo el corazón humano.
(16/3/14, 20.55)

Omega 3

Ya hasta krill comemos.
¿Es que no habrá ningún ser de la creación
que no caiga
bajo nuestras fauces?