lunes, 8 de agosto de 2005

Bodas a la italiana, según Horterolo

Como acabo de deciros, este es un momento propicio para dejar hablar a Horterolo, que se ha quedado impresionado al ver cómo se celebran las bodas en Italia, al menos en el sur.
Los españoles estamos castrados por esa maldita costumbre según la cual nadie se levanta de la mesa hasta que acaben todos. Por ello, ingerimos plato tras plato en un banquete pantagruélico, y sólo comenzamos a bambolear nuestra barriga hinchada al ritmo de música tropical o (en el peor de los casos) pasodobles cuando estamos a punto de naufragar en el vinoso ponto de los digestivos, a menudo tras un vals que abren los contrayentes. Los italianos, en cambio, consideran normal levantarse y bailar entre plato y plato, hacer el brindis por los novios en la mesa de los homenajeados, o incluso obligarles a bailar. Eso viene muy bien porque, como en Italia no se puede fumar en los restaurantes, ofrece la posibilidad de echar un cigarrito en el jardín del "Bodas-Bautizos-Comuniones" que corresponda.
A Horterolo le gusta esta manera de celebrar los matrimonios, pero, aun así, le ha encontrado un defecto: una vez han bailado y comido hasta caer rendidos, los italianos pasan al café-copa-y-puro y comienzan a apalancarse. Justo cuando a Horterolo le estaban empezando a entrar ganas de echarse un bailable.

Draculín podría...

Draculín podría contar muchas cosas, pero mejor se calla. Así que dejo hablar a Horterolo.

miércoles, 27 de julio de 2005

Cerrado por vacaciones

Mañana volaré (con permiso de la autoridad competente, y si el overbooking no lo impide) a Roma, desde donde realizaré un trayecto automovilístico hasta Apulia. Por dicha razón, es improbable que escriba en este blog antes del 8 de agosto, día en que (si el vendedor de mi futura casa acepta la oferta que le haré esta tarde) quizá me quede a negociar hipotecas y otros, y en caso contrario, partiré sin la menor tardanza hacia la cordillera ibérica.

Felices vacaciones para vosotros.

Al listillo que me está leyendo con el sniffer: no te molestes en localizar mi IP para robar mi casa, porque no se queda vacía.

La leyenda del servidor maldito

Quizá sepáis que en mis ratos libres me dedico a cosas tan absurdas como traducir programas de ordenador. Ese extraño vicio se ve afectado todos los años por diversas incidencias en mi ordenador (disco duro corrupto, conexión a internet desconfigurada, pereza por instalar linux) o en algún miembro del equipo (vacaciones, cambios de trabajo o residencia, períodos de mayor intensidad laboral, maternidad). Suelo quejarme de esos problemas al otro administrador de los proyectos, que, curtido en la disciplina europea oriental, me suele responder algo así como: "Yo trabajo 10 horas al día y cambio de país de residencia todos los años, así que no te quejes. Los latinos sois unos informales".
Sin embargo, últimamente me estoy empezando a dar cuenta de que esos problemas no son nada si los comparamos con la imposibilidad de poner el resultado del trabajo a disposición del público.
Cuando empecé las traducciones trabajaba con Sourceforge. Sourceforge es una red muy conocida y ofrece muchas facilidades a los equipos de trabajo. Sin embargo, sus servidores están muy saturados. La última vez que envié una traducción al área de descargas de sourceforge, el FTP me dio un timeout después de enviar los primeros 40.000 bytes (para que os hagáis una idea, una descarga de ese tamaño cabe en un viejo Commodore 64). Mi compañero de Europa del este me sugirió que, puesto que se trataba de una traducción para xoops, comenzase a usar dev.xoops.org
La mayor parte de las traducciones se realizaban online, en un servidor de pruebas en el que también estaba hospedado mi propio portal educativo, "Nepenthes", que nunca llegó a funcionar porque la falta de público no me motivó lo suficiente como para añadir más actividades (y viceversa). El caso es que aprendí a usar sftp (ftp seguro) justo antes de que un rayo acabase con aquel servidor. Tuve suerte: podía haber perdido los datos antes de volcarlos a mi ordenador.

En cuanto a dev.xoops.org, el lunes envié mis traducciones definitivas, con diversas correcciones en cuanto a la estructura de los ficheros (además, añadí un módulo que se nos había pasado por alto). El martes decidí asignar tareas para realizar en agosto (mientras yo me iba de vacaciones) y traté de entrar en dev.xoops.org para buscar las direcciones de los nuevos miembros de nuestro equipo. Ante mi sorpresa, apareció un mensaje que avisaba de que el servidor había recibido un ataque de hackers, y que el administrador había decidido aprovechar tal ocasión para hacer una nueva instalación. Mis datos, a la porra.
Suerte que tengo copia en el disco duro, pero, teniendo en cuenta que mi último disco duro no llegó a durar un año... no sé si fiarme.

lunes, 25 de julio de 2005

Otra cagadita de El Mundo

Por último, en esta serie rápida de artículos sobre lo visto/oído este fin de semana, un comentario sobre el artículo de El Mundo sobre el sexagésimo aniversario de la matanza de Hiroshima, que alude a las compensaciones del gobierno japonés a los afectados pero ignora su actuación con los Coreanos, que ya comenté hace unos meses.

De tableros mágicos y otros.

Hace unas semanas comenté, indignado, que el diario El Mundo estaba dedicando una página diaria a promocionar su juego "Sudoku", utilizando un formato propio de las noticias (para ponderar la bondad de esa actividad, téngase en cuenta que la directiva europea "TV Sin Fronteras" prohibe que las TV mezclen información con publicidad). Mi hermana y yo pensamos: ¿qué leches quieren vender? Porque, ciertamente, dedicar una página diaria a publicitar la inserción de un nuevo pasatiempo resultaba un poco absurdo. Después, hace unos días, llegó la versión "con premio" del pasatiempo. La cosa parecía un poco más explicable.
Este viernes, finalmente, vi que El Mundo ha publicado, a través de su editorial "La esfera de los libros", una serie de tomos con los pasatiempos que aparecieron en el Times, que se anuncia con página completa. Se puede resumir así: Un mes de autopromoción, para acabar cagándola con el eslogan de "La esfera...": "Libros para ser leídos".

Y es que si es difícil considerar que un crucigrama es una "lectura", más aún es pensar como lectura en una secuencia de 81 dígitos.

Mochilas mortales

Coincidiendo con el día de Santiago, se celebra la festividad autonómica de Galicia. Por esa razón, se ha decidido proteger a las autoridades congregadas en la Seo más famosa de España impidiendo la entrada de quienes porten mochilas. Porque todo peregrino que se precie se limita, como ya sabemos, a llevar el bordón y una calabaza con agua. Ya puedo imaginar la noticia: "Envidiosa de los últimos éxitos en brutalidad policial de los británicos, la policía nacional ha ordenado disparar esta mañana a un grupo de individuos —barbudos y extranjeros, no hay más que decir— que portaban mochilas y extraños bastones." Santiago y cierra España.