domingo, 6 de abril de 2008

Malos días...

Me prometí a mí mismo no volver a amargaros la existencia con discursos pesimistas y propagación del odio; el tipo de mensajes que he relegado a otro blog, cuya dirección nunca he publicado. Pero hay días que uno se siente mal, muy mal, y que desearía gritar a los cuatro vientos que está harto, que ya vale, que no puede ser así.

Hay días en que uno comprende al viejecillo que promete la salud eterna a los viajeros de la línea 55, y al espectro, en otro tiempo humano, que farfulla y grita por las calles de Carabanchel Bajo.

Este viernes tuve un día malo. Especialmente malo, pero sólo corolario de una semana en que probablemente nada me había salido bien. Como todos los viernes, fui a comer a casa de mis padres y traté de relajar mi ira para poder realizar las actividades de un curso en línea que termina la semana próxima. Casi había conseguido tranquilizarme mediante la concentración en las tareas, cuando me llama mi mejor amigo. Al oír el tono de su voz, ya supe lo que iba a decir. Vaya si lo supe. Pero no quise darme por enterado hasta que pronunció las palabras. Despedido, después de una campaña de acoso y derribo durante tres meses, y en el momento en que él pensaba que la situación ya se había tranquilizado.

Y pensaba que era yo quien había tenido un mal día...

viernes, 28 de marzo de 2008

Ragtime

Mientras decido si leer algo nuevo, releo la novela Ragtime de E. L. Doctorow a la que dediqué en su día una breve reseña. En los dos días que he estado en casa de mis padres (martes y hoy, viernes), he devorado esta novela. Y, pese a la mayor velocidad de lectura, encuentro ahora cosas que probablemente se me pasaran la primera vez que la leí.

Si hay algo que caracteriza la novela (dejando aparte la acción de los personajes, sincopada como una pieza de rag, y la reconstrucción histórica manejando como personajes a celebridades de la época), es la sensación de absoluta soledad que desprende la abigarrada sociedad de la Nueva York de comienzos del siglo XX. Padre, Madre, Hermano Mayor, Hijo, todos esos personajes anónimos (no he hecho comprobaciones históricas, pero parecen los únicos no basados en personas reales, a excepción de Tateh, cuyo nombre significa "Padre", y de su anónima hija) se encuentran absolutamente aislados unos de otros.
Por otro lado, encuentro ahora fuerzas para citar los pasajes de la novela que más me gustan, como éste:

Al muchacho le encantaba todo lo que procediera de la basura. Se tomaba su educación de forma peculiar y llevaba una vida intelectual absolutamente secreta. Tenía el ojo puesto en los diarios árticos del Padre, pero no intentaría leerlos a menos que a éste hubieran dejado de importarle. En su mente, el significado de algo residía en el hecho de que hubiese sido abandonado.

Dos páginas más allá, al hablar del interés del niño por los relatos mitológicos que de su abuelo, pone la guinda el autor: "El niño consideraba a su abuelo un tesoro desechado."

Os dejo con un poco de Rag, y los retratos de algunos personajes

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Fotos de algunos de los personajes citados en la novela:
Evelyn Nesbit"
Harry K. Thaw
Emma Goldman
Houdini
J. P. Morgan

martes, 25 de marzo de 2008

tostada de crema de cebolla

Lo vi en un programa de cocina de los que reponen en la emisión satelital de telemadrid a las horas que toca película en la emisión terrestre, y me pareció bastante sencillo. Lo que no avisaban es que el rendimiento de la crema es bastante exiguo (con 3/4 de cebolla sólo pude untar un bocadillo pequeño, de unos 10 cm).

Ingredientes: 3/4 de una cebolla mediana, 6 cucharaditas de azúcar, 1 cucharada margarina (sería mejor mantequilla, pero no tenía a mano).

1) Cortar la cebolla muy finita.
2) Derretir la margarina en una sartén.
3) Rehogar la cebolla.
4) Batir la cebolla con el azúcar.
5) Untar la tostada.

Por cierto: ¿tostada, tosta, o tostá? Lo clásico en Madrid era la media tostada, pero los cocineros parecen amigos del vocabulario exótico...

domingo, 23 de marzo de 2008

Ursula K. LeGuin: Historias de Terramar


LE GUIN, Ursula K.: Historias de Terramar. Edición completa, Minotauro, 2006

ISBN: 9788445076217 (no aparece en Agencia Española del ISBN)
Descripción física: 1 volumen; 1117 p.;24 cm
Género: Espada y Brujería; Fantasía épica
Precio: 28€ en la Casa del Libro.

Llama la atención que, frente al éxito de otros clásicos de espada y brujería a veces menos conocidos, como Crónicas de Narnia o La Brújula Dorada, haya pasado casi desapercibida la reedición en un solo volumen del clásico de Ursula K. Le Guin, Historias de Terramar, a pesar del estreno de la adaptación cinematográfica de Goro Miyazaki y de la emisión televisiva de una miniserie sobre la saga, todo alrededor de las navidades pasadas.

El volumen ahora editado por Minotauro (la fecha de crédito es de 2006; no lo he visto en librerías hasta finales de 2007 y su ISBN no figura en la base de datos de la Agencia Española, aunque sí en el depósito legal) comprende las novelas mayores de la saga: Un mago de Terramar, Las tumbas de Atuan, La costa más lejana, Tehanu y En el otro viento, dejando de lado los libros de relatos breves. Esto permite apreciar fácilmente la evolución de este mundo a lo largo de los treinta años de redacción, así como una cierta simetría en la construcción de los relatos (a pesar del hecho de que el plan inicial de la obra constaba sólo de los tres volúmenes dedicados a la Gesta de Ged).
Nunca he creído en la existencia de una literatura femenina (como tampoco en una literatura de cojos o de mancos, aunque cojos y mancos escritores haya habido famosísimos). Sin embargo, leyendo los libros de Terramar se aprecian similitudes conotros libros de EyB escritos por mujeres (de hecho, varias partes me han traído recuerdos de Olvidado Rey Gudú, de A. M. Matute). No sólo es que los libros impares tengan por protagonista a una mujer —una mujer que ejerce de tal, sin intentar arrogarse un rol masculino—, sino que el relato abandona en muchas ocasiones lo épico para centrarse en la psicología de los personajes y en una especie de perspectiva intrahistórica.

La primera novela del volumen, Un mago de Terramar, nos presenta a Gavilán (Ged), personaje recurrente en novelas posteriores, y define el funcionamiento del mundo en que sucede la acción: Terramar (Earthsea), un archipiélago rodeado de mar abierto, más allá de cuyos confines las leyes del mundo cambian. En las islas de Terramar, y especialmente en Roke, existe la magia, pero sólo pueden utilizarla aquellos que han nacido con un don y, además, conocen los nombres verdaderos de las cosas. Pues hay un antiguo lenguaje, ya sólo dominado por los dragones, en el que hablar es hacer. Sin embargo, el poder de los magos se ve limitado por la necesidad de conservar el equilibrio, pues en caso contrario pueden suceder grandes desastres (como veremos en las novelas tercera y quinta). Un último e importante elemento que se nos presenta en esta primera novela son los poderes terrestres, piedras (o quizá lugares) capaces de dominar a las personas y absorber su don mágico.

Las Tumbas de Atuan nos presenta una aventura de Gavilan previamente mencionada en Un mago de Terramar: el robo del Anillo de Errek-Akbé, que forma parte del tesoro de Atuan. Por eso, sorprende al lector que la mayor parte del libro se dedique a describir la preparación de Arha, la Devorada, como Suprema Sacerdotisa de Atuan, un lugar cuya aridez contrasta bruscamente con el carácter marítimo de Terramar. Solo cuando nos hayamos contagiado de la atmósfera opresiva de normas y tabúes que rodea a la protagonista aparecerá la acción, e incluso entonces el libro seguirá siendo muy distinto del primero de la saga.

El tercer libro de la trilogía inicial, La costa más lejana, es de nuevo una aventura marcada por el movimiento y la acción, en oposición al estatismo del libro de Arha. Un desequilibrio en la Magia ha anulado los poderes de casi todos los magos; Gavilán, ahora convertido en Archimago, deberá buscar sus causas indagando en los confines del archipiélago, hasta llegar a la costa más lejana, Selinor, hogar de dragones, y más allá, al tenebroso mundo de los muertos que se nos presentó por primera vez en Un mago de Terramar. De ahí regresará Ged privado de sus poderes, al contrario que su joven acompañante. Ello permite cerrar la Gesta de Ged, el imaginario ciclo que narraría la recuperación del esplendor pasado de Terramar gracias a Gavilán.

Tehanu es, como en parte Las Tumbas de Atuan, una novela doméstica, sin apenas acción, que nos presenta a una Tenar abuela, acompañada de una jovencita, su hija adoptiva, cuya vida ha sido marcada por el maltrato. Junto a Tenar acude un Gavilán anciano y privado de poderes que nos abre un tema que reaparecerá en la siguiente novela (aunque ya estaba presente en la anterior): la sensación de inutilidad del hombre que ha perdido su profesión.

La novela En el otro viento cierra el ciclo explicando la causa del funcionamiento de la magia en Terramar: el equilibrio no es tal equilibrio, es una especie de pacto que permite a los hombres del archipiélago tener unos poderes que, en otras tierras, son de dominio exclusivo de las deidades. Toda esta liquidación del sistema mágico produce cierto malestar en el lector, al que se priva de la magia y de la esperanza. También hay una ruptura con una convención de los libros anteriores: una trama está protagonizada por un mago, pero es un mago de aldea, más cercano a Tenar o al viejo e inutil Archimago que a los magos de Roke, y además está atormentado por una maldición; en otra trama paralela, el Rey, Tenar y Tehanu tratan de contener la amenaza de los dragones, que parecen haber abandonado los confines de Terramar. Y por tanto, ya no hay la alternancia de protagonista masculino / protagonista femenino de los libros 1 y 2 (ni siquiera la alternancia nuevo personaje masculino-nuevo personaje femenino que se da en los libros 3 y 4, pues junto con el mago de aldea se nos presenta a un personaje femenino importante, Omr Iriam). A pesar de todo esto, es un buen cierre a una saga en la que he visto grandes logros: entre otros, la mejor explicación etológica del comportamiento de los dragones.

¿A qué edad recomendar este libro? Por un lado, el lenguaje es sencillo pero no simple: como es habitual en el género, aparece un vocabulario rural, botánico y zoológico que pueden desconocer los lectores, pero que no les debería ser difícil de asimilar. Por otro, el tono moral de la obra infunde toda una serie de valores (el esfuerzo, la responsabilidad, la alegría por el trabajo bien hecho) a la vez que hace reflexionar sobre realidades del mundo, como en una parábola sin moraleja evidente. A diferencia de El Señor de los Anillos o Taron y el Caldero Mágico, el sexo no se escaquea de la narración (al menos en la cuarta novela); pero, frente al sensualismo banal de las sagas de Conan o Eric de Melniboné, es tratado con naturalidad, y con el mismo cuidado se maneja la violencia. Finalmente, el elemento de volumen: 1100 páginas distribuidas entre 5 novelas son algo asequible para un joven, al menos si se lee cada novela por separado. Por ello, puede ser un interesante libro para jóvenes lectores hartos de Harry Potter, si bien el libro 2º no creo que guste a los más pequeños de la casa. Aunque, quién sabe, siempre se puede probar...

miércoles, 12 de marzo de 2008

Fiebre antes de vacaciones

No sé por qué, pero siempre me pasa lo mismo. Me pongo enfermo en días en que no es conveniente faltar al trabajo. Por ejemplo, en época de exámenes. O, por ejemplo, el día antes de vacaciones, en el que todo el mundo examina con cien ojos los papeles del médico.

Esta mañana me desperté con la cabeza como un bombo. Inicialmente, lo achaqué a que sólo había dormido siete horas (seis, si tenemos en cuenta que llevaba una hora en duermevela cuando me levanté). Sí, había síntomas, como un aliento un poco más cálido de lo habitual, pero esos síntomas también siguen a las parrandas nocturnas y a la falta de sueño. Los pulmones me molestaban, pero llevan molestándome una semana. Además, hoy no podía faltar: tenía que hacer el examen a un grupo y a los alumnos que habían faltado el día del examen en otros. Así que me tomé una aspirina y un poco de vitamina C y salí a trabajar, fiando mi destino a la hora de atención a padres, en la que podría sacar un hueco para trasfundirme un café solo.

Mejor que no hubiera ido, porque para lo que hicieron en el examen, más valía haberlo arrojado a la trituradora de papeles (dos semanas diciendo "esto cae en el examen" y nadie copiándolo es lo que tienen). Había quedado para comer con un amiguete, y esperaba sacar fuerzas después para irme a casa de mis padres, visitar a mi médico de toda la vida (en mi casa no tengo el catálogo de la sociedad médica, y no se me ha ocurrido que podía consultarlo por internet) y dormir una buena siesta. Pero no he podido ir más allá de mi propia casa.

Al principio pensé que había sido el chupito de moscatel, o los tres tanques de cerveza que bebimos haciendo tiempo en el atiborrado local, o la indiscutible sensación de saciedad producida por un entrecot como dios manda. Intenté quedarme en la cama escribiendo en el portátil, pero no conseguí siquiera subir a flickr unas fotos que llevaba, desde hace días, en mi móvil. Dejé el ordenador sobre las cajoneras del ropero y eché una cabezadita. Eran las seis. Me desperté a las siete: miré la hora e, incapaz de moverme (estaba suspirando por el termómetro, guardado en el armarito del baño) me volví a dormir. Finalmente, conseguí levantarme casi a las ocho. Me puse el termómetro: 37.8°C. Busqué un libro y llené la bañera con agua muy caliente. Finalmente, decidí que era incapaz de leer mientras me bañaba. Me di unas friegas con alcohol para que el calor limpiara la mucosidad de mis pulmones y después me duché, terminando con agua fría para bajar la fiebre.
Después, me vestí y bajé a comprar paracetamol, previa consulta sobre la conveniencia de tomarlo 12 horas después de haber consumido ácido acetil salicílico.

Lo peor de la fiebre no son los delirios, la inapetencia, la sensación de vaciedad e incapacidad para hacer nada. Lo peor, para mí, es que te vuelve imbécil (incluso más de lo que ya eres). Así, esta mañana me descubrí decidiendo si era conveniente echar el cargador del móvil en mi abrigo (por si iba esta tarde a casa de mis padres, de donde partiré de vacaciones pasado mañana, si sigo vivo), pero estuve a punto de salir de casa sin llaves. Y esta tarde me he dado cuenta, mientras bajaba las escaleras hacia la farmacia, de que llevaba la camisa desabrochada debajo del jersey. Por no mencionar otras gilipolleces más habituales, como mi decisión de no poner un parte al imbécil de M, que ha estado tocándome las pelotas un buen rato, o la de hacer finalmente una repesca a 1ºA, grupo al que amenacé con no hacer repesca si se portaban mal lunes o martes (cosa que hicieron, ambos días).

Aun así, me enfrento al terrible dilema: trabajar mañana (día en que, además, entro tres cuartos de hora antes que el resto de la gente) o quedarme en casa y tener que someterme al espectáculo desagradable y torturante de la visita al médico.

Probablemente, iré mañana a trabajar. Ya os dije que la fiebre me vuelve gilipollas.

martes, 11 de marzo de 2008

Cuatro años

Cuatro años después, ya van casi 1000 artículos en esta bitácora. Las actualizaciones se han hecho menos frecuentes, es cierto, y también lo es que mis hábitos de navegación han hecho que menos gente me visite. Pero me alegro de haber conseguido sacar adelante, durante tanto tiempo, al menos uno de mis proyectos.

lunes, 10 de marzo de 2008

Más cotilleos sobre mis referrer

Los podéis ver si pincháis sobre el contador (ese contador que ha poco que llegó a 70.000 visitas). Son los referrer, las páginas de las que proceden mis visitantes. A menudo contienen interesantes palabras de búsqueda (si montáis un blog y le ponéis un contador, os aconsejo que examinéis dichas palabras). Y, casi siempre, la conducta del visitante.

¿Por qué alguien entró desde la Xunta de Galicia buscando información sobre un libro, buscó la página de comentarios y luego salió sin escribir nada? ¿Por qué hace años que aparecen visitas que buscan "ventajas de la escritura" (y yo creo que son anteriores a la fecha del artículo así titulado)? ¿Por qué hay visitantes interesados en simutrans, pero se quedan en los artículos más antiguos, sin pulsar la etiqueta que los llevaría a otros más modernos? ¿Por qué sigue viniendo gente buscando valoraciones críticas de Tristana, y luego hacen click y se van al Rincón del Vago, página que debería tener un mayor pagerank? ¿Por qué vienen personas buscando la imagen de Dare, la honda ametralladora, sin ir directamente al artículo de Defense Review al que la imagen enlaza? (y lo que es mayor misterio, dado que el contador mutila los URL demasiado largos: ¿qué palabras de búsqueda emplean en Google Imágenes para encontrar dicha imagen?).

A veces, he tratado de usar estas palabras de búsqueda para hacer artículos que, de verdad, solucionaran las dudas de quienes me buscan en google. Pero es inútil, porque sigue apareciendo el artículo viejo, y aunque yo le añada un link con la respuesta, la gente lee el principio y se va. Es cierto que podría hacer un pequeño programa que capturase las palabras de búsqueda más habituales y guiase a otras páginas, pero no me parece muy elegante. Así que las búsquedas, queridos lectores, seguirán llevándoos a espacios vacíos.

En resumen: ¿para qué sirven los referrer sino para estos estúpidos artículos?