jueves, 5 de febrero de 2026

Lo de las redes

Siempre me ha parecido una tontería el término 'nativos digitales', no solo por que lo inventara una persona sin aparente autoridad académica y fuera inmediatamente aplicado a toda una generación sin distinción de lugar de nacimiento o clase social, sino porque yo mismo, aunque no nací en una "sociedad digital", tuve mi primer libro sobre ordenadores antes de los siete años, jugué con maquinitas antes de los diez, tuve mi primer ordenador antes de los trece y programé desde ese momento. Cuando estaba en segundo de carrera uno de cada cinco alumnos entregaba trabajos mecanografiados con máquina dactilográfica (es decir, con la Olivetti); el resto usaban ordenador. Mi profesor de ese año me decía que prefería que pusiera cursiva y dibujara las tildes sobre el papel a que usara una tipografía con tildes y sustituyera la cursiva con subrayado. Cuando salí de la universidad, cuatro años después, y me postulé a mi primer trabajo, se esperaba que tuviera Word 6.0 y correo electrónico.

Para llevar tanto tiempo con ordenadores, tardé bastante en tener conexión a internet, y fue cosa más de mis hermanos que mía misma, aunque acabé pagando yo la conexión cuando por fin pasamos, un par de años después, al ADSL para no tener la línea ocupada. Mi primera red social fueron las news, que, como me enseñaron en un curso de internet, eran fundamentalmente para el porno. Tengo que reconocer que navegué los índices de alt.binaries.*, pero no lo de los de esa categoría de alt.binaries.

En las news se insistía mucho en la netiqueta. Quizá fue el primer sitio donde vi el concepto de netiqueta, antes de verlo en los foros. Y también se insistía en la precaución. En es.comp.virus evité, por poco, caer en la ingeniería social del "Gran Oscarín". Después de las news, con la "web 2.0", llegaron los foros (los primeros que visité fueron de ayuda informática y de mascotas) y finalmente, hacia 2004, los blogs.

Y después, de repente, todo el mundo fue migrando de MSN Spaces y myspace a facebook, los periodistas comenzaron a darle a twitter tanta importancia o más que al mundo real, y empezaron a usar Whatsapp los conocidos que antes te mandaban mensajes de móvil (que como parte del estándar GSM también son digitales, aunque a veces haga falta recordarlo).

Y como culmen, las empresas que antes proporcionaban una cuenta de correo electrónico y alojamiento web con la tarifa de conexión dejaron de proporcionarlo a sus clientes, con lo que estos migraron sus correos a gmail y hotmail,y abandonaron sus páginas web o las metieron en google.

Los adolescentes de hoy han crecido en un mundo en que las redes sociales han reemplazado a la web. Si quiere saber cuándo hay un curso gratuito en tu centro juvenil, mira su perfil de instagram. Si quieres saber cuándo son las fiestas de tu pueblo, únete a su grupo de Whatsapp. Si quieres saber lo que dice el presidente del gobierno sobre las redes sociales, hazte una cuenta en X, y verás que X es malo, pero Sánchez no se ha migrado aún a Mastodon ni a Pleroma.

Los adolescentes de hoy no solo se exponen a sí mismos en redes sociales, sino que a menudo han crecido ya expuestos por sus propios padres y por sus colegios. Dedican mucho tiempo a las pantallas, pero es que los adultos también dedicamos mucho tiempo a las pantallas. Es cierto que como adultos somos responsables de nuestros actos, mientras que los menores requieren protección (por eso no se les permite beber alcohol ni fumar). Pero, ¿realmente es posible restringir el uso de redes por los adolescentes?

Se plantean, a mi juicio, dos problemas.

El primero es que las redes sociales tienen como una de sus utilidades permitir la comunicación entre personas conocidas. Mi hermano, por ejemplo, se comunica con su hijo por whatsapp desde que este tuvo su primer móvil, aunque el niño no tenía edad para usar Whatsapp. La cosa hubiera sido diferente, quizá, si los SMS no hubieran sido desde el principio una mierda disfuncional y extremadamente cara (en 1999 valía lo mismo enviar un SMS que una postal; la tecnología MMS solo consiguió encarecerlos aún más). El nuevo protocolo de mensajes telefónicos, si de verdad es gratuito, podría ser una solución en este caso.

El segundo es: ¿qué redes sociales? ¿Todo son redes sociales? Téngase en cuenta que en la época actual el software distribuido físicamente está en vías de desaparición, y casi todas las tiendas de software virtual incluyen una parte "social" dedicada a pedir ayuda, comentar, encontrar amigos con que jugar, etcétera. Además, los propios programas (incluso los educativos) suelen tener características sociales. Del mismo modo que antes de Hotel Habbo estaba Second Life, antes del metaverso estaba Minecraft. La gracia de muchos juegos a los que juegan los adolescentes está en que permite la interacción no solo en forma de acciones del juego, sino también verbal. Y precisamente por eso la vida de muchas profesionales de los e-sports es un infierno. Finalmente, la propia educación usa redes sociales de uno u otro tipo, por ejemplo el Teams escolar de un aula es una red social, aunque sea una red social moderada y segura. O educaMadrid, plataforma educativa de mi comunidad autónoma, que permite el envío de mensajes entre iguales (aunque se pueden bloquear), y donde sabiendo el handle de un alumno se le pueden enviar mensajes a su correo.

Por todo ello, soy poco optimista con las medidas del gobierno. Especialmente porque Sánchez ha demostrado que legisla mucho pero no consigue que su legislación surta efecto (que es lo que debería evaluarse en el ejecutivo). Mientras tanto, espero que la ultraderecha no aproveche la ocasión para azuzar las hordas de adolescentes y veinteañeros cobijados bajo pabellón de OnePiece que en otros lugares del mundo han defendido la libertad de la red y la democracia. Pero me temo que lo harán, porque son capaces de hacerles creer que libertad es lo que venden ellos.

lunes, 2 de febrero de 2026

Tim Powers: Las puertas de Anubis

Tim Powers: Las Puertas de Anubis, (lugar a completar) : Círculo de Lectores, 1990. (a completar) páginas.
ISBN:
8422632217
Precio
Comprado de segunda mano, tres libros por 5 euros. Ignoro el precio original.
Descriptores:
Fantasía. Steampunk. Antiguo egipto. Romanticismo inglés. Viajes en el tiempo.

Sabía que Las Puertas de Anubis era, junto con Homúnculo de James Blaylock, uno de los libros iniciadores del SteamPunk en los años 80. Sin embargo, no lo había leído nunca. Al verlo en un puesto del Rastro de Madrid me abalancé sobre él (lo que supuso la ominosa obligación de hacerme con dos libros más para aprovechar la oferta).

En realidad, sería muy exagerado llamar Steampunk a Las puertas de Anubis, porque en él apenas aparece la sociedad industrial del siglo XIX. Hay alguna referencia a los hospicios-taller donde los pobres realizaban trabajos forzados, hay referencias a la bolsa, pero poco más. En cambio, quienes disfrutasen con El secreto de la pirámide (Young Sherlock) seguramente apreciarán la aparición de cultos egipcios más o menos nigrománticos.

El argumento es el siguiente: un experto en literatura romántica inglesa es enviado a principios del siglo XIX con un grupo de turistas temporales que desean presenciar una improvisada charla que Coleridge impartió en una taberna londinense. Por razones que no voy a contar aquí, el profesor de literatura se queda varado en el pasado y debe encontrar una puerta temporal que permita su regreso. Pero, mientras tanto, desposeído de dinero, se verá obligado a conocer los bajos fondos londinenses, sobre los que impera un misterioso personaje que camina sobre zancos. A la vez, una criatura monstruosa que se convierte en hombre-lobo aterrorizará la ciudad.

Hasta ahí, el argumento más o menos sin spoilers.

La obra permite a Powers desplegar su erudición sobre literatura romántica inglesa (por ejemplo, saber dónde estaba Byron cada día de 1806) y, de paso, engañar al lector para que crea en la autenticidad de un poema apócrifo llamado "las doce horas de la noche" cuyas estrofas forman el esqueleto de la narración. En ese sentido, me ha dado ganas de intentar leer a los románticos ingleses, de quienes tan poco he leído (los españoles, por lo menos, suelen ser un peñazo). Aunque la erudición histórico-literaria del protagonista hace aguas cuando resulta que desconoce el destino de los mamelucos, tantas veces descrito en documentales televisivos.

Los personajes son entrañables, aunque quizá hubiera sido deseable que se diera más espacio a Jacky, coprotagonista del libro. Sería deseable que se le diera un papel relevante al final del libro, y no fuera mera comparsa. Los antagonistas, esa dualidad de hechicero y su copia (o quizá copias ambos) son también de carne y hueso, y a veces el lector desearía que no fracasaran tan estrepitosamente.

Y hasta ahí puedo leer. Pensé en su momento (es decir, una semana atrás) haber incluido algunas observaciones con spoilers en esta pequeña reseña, pero, la verdad, ya se me han olvidado.