miércoles, 23 de julio de 2008

Mensaje enviado a autocontrol

Hoy, al leer El País, he vuelto a ver un anuncio parecido a este. La verdad es que me tiene frito el hecho de que los publicistas ni se molesten en comprobar si la "letra pequeña" es realmente legible. Y hacen mal, porque alguien podría denunciar su campaña y hacer que la retiren, perdiendo semanas de trabajo.

Así que, aprovechando que últimamente dan mucho la lata los de autocontrol, les he enviado mi DALP (Derecho a la pataleta) del día. Es fácil hacerlo y, la verdad, el código deontológico está tan lleno de buenas palabras que prácticamente se puede coger a cualquier anunciante por cualquier cosa. Sólo necesitáis Ceder Gratuitamente Una Plétora de Datos Personales™, sobre cuyo uso no se informa claramente en la web.



Estimados señores:

El motivo de esta queja es el cada vez más frecuente recurso a utilizar tipos de letra minúscula en medios cuya resolución en insuficiente para dar una imagen de ellos.

En el archivo adjunto pueden ver una imagen del anuncio de Simyo aparecido el día de hoy (23/7/2008) en la edición madrileña del diario El País.


Observarán en las versiones de alta resolución sin pérdida de calidad (ver más abajo) que la "letra pequeña" de la parte superior del anuncio ("PVP válido para portabilidades. Incluye impuestos indirectos") es claramente legible, mientras que la letra pequeña de la parte inferior (debajo de "Para prepago y contrato") es completamente ilegible.

Pero lo que hace que sea ilegible no es el tamaño (aunque está en un cuerpo muy pequeño: 1 milímetro, más o menos 2,83 puntos) sino la escasa resolución del medio empleado (aproximadamente 5 puntos de entintado de medio tono por milímetro, unos 127dpi, lo que produce caracteres de 5x5 puntos en el mejor de los casos). Esta escasa resolución impide su lectura completamente, convirtiendo el texto en un conjunto de puntos borrosos.

Para comprender lo que quiero decir, escriban un documento con letra de cuerpo 8 (seguirá siendo legible) y luego mándenlo a un fax antiguo con resolución estándar de 150 dpi (producirá un texto ilegible): un efecto parecido al de pintar una miniatura usando la brocha gorda.

Este hecho hace que se vea comprometida la regla C, "Exigencia de Veracidad", del código de Conducta Publicitaria, especialmente en lo que atañe a su punto 14.2, "Precio" ("La indicación del precio en la publicidad exige que sea completo o se establezca presupuesto o modo de fijación del mismo.").

Es especialmente grave que en la "letra pequeña" que regula las cláusulas del terminal aparezca la expresión "Impuestos indirectos incluidos", mientras que el servicio telefónico no incluye el IVA (según informa en la web, y, se supone, informan también estas dos líneas de cuerpo 3).

Es cierto que las leyes establecen la tipografía de los anuncios en proporción al tamaño de los mismos, pero sería de desear que los creativos, antes de remitir un anuncio a un medio, comprobasen cuál es el cuerpo de letra mínimo que dicho medio puede imprimir, especialmente si se trata de un anuncio en color, donde es más común que haya problemas debidos a la resolución o a la compresión con pérdida de calidad.

Pues el problema no lo he visto tan sólo en este anuncio de Simyo, sino en diversos anuncios anteriores, y últimamente se va a agravar con la TDT (que ejecuta una compresión de pérdida de calidad sobre los fotogramas, desfigurando totalmente el texto que aparece a gran velocidad sobre el televisor).

Atentamente,

José G. Moya Yangüela


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NOTA
Puesto que en la en la versión comprimida mediante jpeg no se observan claramente las características de la imagen, pueden obtener una versión TIFF no comprimida (11 Mb) en el siguiente enlace:
http://publidenuncia.apagada.com/albums/ours/AnuncioSimyoElPa%C3%ADsMadrid20080723_P44.tif

Asimismo, pueden obtener una vista de detalle en el enlace:
http://publidenuncia.apagada.com/albums/ours/AnuncioSimyoElPa%EF%BF%BDsMadrid20080723_P44_detalleHiRes.tif
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jueves, 17 de julio de 2008

¿Otra liberalización es posible?

He pasado meses pensando en algún símil que me permita expresar mi opinión sobre el asunto, y al final he hallado uno.

Imaginad que el gobierno decide expropiar los edificios que albergan los hoteles, y crear con ellos un Gestor de Infraestructuras Hoteleras. Desde ese momento, cada empresa hotelera (e incluso pequeñas empresas aventureras que aprovecharían la ocasión) se limitará a ofrecer servicios hoteleros: la limpieza, el servicio de habitaciones, el restaurante, y otros servicios de valor añadido. De manera que Martín Martínez, de viaje a Madrid, podría contratar un hotel de cinco estrellas con NH (por poner un ejemplo de cadena económica) y acabar alojado en el Ritz.

¿Absurdo? Sí, probablemente. Todo el mundo sabe que, aunque el coste en personal, limpieza y demás acaba siendo finalmente mucho mayor, la construcción (o compra) y mantenimiento del edificio y mobiliario tienen también un gran peso. Además, la ubicación es importante: una cadena que haya conseguido un hotel en primera línea de playa, o en el centro económico y financiero de una gran ciudad, no estaría conforme con poder operar en otros hoteles y que a cambio otras compañías usen ese hotel privilegiado.

Es curioso que, en cambio, a nadie le suenen extrañas las siguientes ideas:

  1. Las compañías eléctricas venden su red al estado. A partir de entonces, pasan a gestionar únicamente la venta de energía (sea producida por ellas o comprada a terceros) al consumidor, y dejan de crear redes eléctricas interurbanas. A continuación, el operador de la red podrá achacar la causa de los apagones a las compañías, y éstas al operador de la red.

  2. Las compañías ferroviarias interurbanas, cuyos vehículos y redes ya fueron expropiados por el estado en el pasado, se desglosan en una compañía estatal que gestiona redes ferroviarias y estaciones y otra que opera vehículos sobre dichas redes. A continuación, se abre la posibilidad de que nuevas compañías operen vehículos (primero para el transporte de mercancías, después de pasajeros) sobre dichas redes. Se espera algún tipo de norma reguladora, de forma que las líneas de alta velocidad no estén ocupadas por un un servicio de tren histórico a 50 km/h operado por un consorcio de compañías aéreas y de autobuses. Es más: probablemente la liberalización deje una sola compañía por línea, como ocurre en el sector de los autobuses, cuya liberalización no comporta el problema del par infraestructura/servicio (*)
  3. . Este monopolio por trayectos es justamente lo que se quiso evitar en el caso de las eléctricas.

  4. Las compañías telefónicas no venden su red al estado, aunque se cede el monopolio del cable a una compañía por un tiempo reducido. Se designa, sin embargo, una compañía que tendrá la obligación de prestar los servicios telefónicos mínimos y de llevar el cable de teléfono a casa de cada abonado; los abonados tendrán que pedirle instalación la línea a dicha compañía o al operador de cable, y a continuación podrán cambiarse de operador sin ninguna penalización, aunque la primera compañía les haya puesto la línea gratis. Con esto se supone que se incentiva la inversión en la construcción de redes propias.



Si el mayor obstáculo histórico para la construcción de líneas ferroviarias, eléctricas y telegráficas fue la propia construcción de la línea, ahora es papá estado, o en muchos casos una compañía ex-monopolística la que se hace cargo del mantenimiento y ampliación de la línea. La liberalización se extiende solamente a los servicios (en muchos casos, meras reventas de servicios) sobre un coste de infraestructuras previamente tarifado (por un operador monopolístico, o por un oligopolio que no puede operar en Kartell pero lo es de facto. La competencia, por tanto, es una mera competencia en precios, no en productos, pues muchos de los elementos que inciden sobre la calidad final (tipo de vías en ferrocarril, resistencia a fallos de la red en electricidad, calidad de la línea en telefonía) no dependen ni pueden depender de la empresa proveedora.
Hágase aquí énfasis en que, en el caso de la telefonía, sí es posible que haya redes propias, pero no hay un incentivo real para desarrollarlas, pues el coste mayor, el de poner un cable a cada piso de cada barrio, sólo es soportado por una compañía (prueben a que cualquier compañía que no sea Telefónica o el operador de cable de su región ponga un teléfono a un piso que no tiene línea de teléfono).

En el caso de la telefonía UTMS (3G) ocurre algo similar (aunque en este caso son cuatro los oligopolistas que han de compartir esa red por la cual previamente han pujado cantidades millonarias). Y, hablando de concesiones de espectro electromagnético, recuerdo que en televisión ocurre últimamente algo parecido (¿daban las concesiones de la TDT licencia para revender los canales, como ha ocurrido con los de Net TV, o para emitir un 100% de publicidad, como ocurre en tres canales de teletienda pertenecientes a sendas operadoras?).

No sé si en Estados Unidos el modelo será similar, aunque sospecho que lo es en el caso de Amtrack. ¿Se hubieran tomado tanto trabajo la General Pacific y la Union Pacific si hubieran sabido que una compañía menor habría podido trasladar sus propios trenes sobre la vía transoceánica? El caso es que este socio-liberalismo, tan defendido por quienes luego se quejan del poder de papá-estado, apesta. Apesta porque hace cargar al sector público (en los casos 1 y 2) con una responsabilidad económica y de desarrollo de infraestructuras que, ante el consumidor, aparece como propia de otras empresas. Empresas que, a continuación, y salvo ver de cerca la quiebra, se negarán a cualquier intervención del estado.

Me da la impresión de que, si el liberalismo clásico era la ley de la jungla, este liberalismo actual no es muy diferente, pero Tarzán le deja un rifle al león.



Notas
(*) Es característico de este proceso el hecho de que, aprobado el plan anterior, algunos ayuntamientos, operadores de la red viaria municipal de uso público, hayan establecido monopolios sobre los autobuses turísticos que pueden rodar en dichas redes, lo que puede parecer contradictorio con la política liberadora.

viernes, 27 de junio de 2008

Sobre las bombillas...

La noticia surgió el miércoles, creo, pero yo no quería hablar sobre nada nuevo antes de haber escrito el famoso artículo 1000 (que luego descubrí que era el 998, porque Blogger cuenta los artículos que están en "borrador"; tendré que des-borrar esos dos artículos). La noticia, digo, llenó de gozo ecologista varios hogares este miércoles, pero se trata de un gozo infundado.

Para justificar la subida de la luz (subida que es perfectamente justificable si tenemos en cuenta que, a pesar de la ley de Carnot, varios medios han publicado últimamente que un trayecto de 100 kilómetros en vehículo eléctrico cuesta un tercio de lo que costaría en vehículo propulsado por combustión de hidrocarburos), el congreso ha aprobado unánimemente un proyecto de ley para extinguir el uso de las bombillas tradicionales (bombillas incandescentes), "salvo en casos en que sean imprescindibles" (todavía no he leído qué casos sean esos).

Para explicar la medida, ocupó la pantalla el ministro del ramo, que explicó que, según las estadísticas, el 20% del consumo eléctrico se va en iluminación. Sí señores: a pesar de mis protestas cada vez que cambian la hora aduciendo ahorro energético gracias a la luz, parece que el electrodoméstico que más horas pasa encendido es la bombilla, y no el frigorífico y el arcón congelador, el televisor de cada habitación, el ordenador compartiendo archivos, el router que te cambia la IP si lo apagas y te fastidia, la impresora y el escáner que no tienen "apagado duro", y que se estropean o se desconfiguran si los desenchufas, la wii, la play y la xbox (al menos la primera me consta que tampoco tiene apagado duro), el pvr, el disco externo del pvr (no lo apagues, que entonces no graba), el vídeo, el DVD (este sí lleva apagado duro porque es de marca cutre), los tres terminales inalámbricos, el cargador de baterías, el móvil cargando...

No, señores, lo que más gasta (una quinta parte del consumo!) es la iluminación. Tampoco se nos dice si la encuesta está hecha sobre hogares, sobre oficinas o sobre el total global (evidentemente, iluminar cada calle de Madrid cuesta un congo, y antes de que lleguen los autobuses o el metro llegan las farolas a cada calle: la farola la paga el urbanizador, pero su luz suele ser del ayuntamiento). Cuesta creerlo, pero si existe realmente esa encuesta (y no se elaboró, por ejemplo, en la anterior crisis del combustible, allá por los 70), habrá que admitir, contra lo que dije en su día, que la electricidad sigue siendo básicamente lo que era a principios del siglo XX: luz.

En cualquier caso, tienen sus Señorías que considerar que no siempre el ahorro viene por lo evidente. Ejemplo número 1. En mi comunidad de vecinos, las lámparas de la escalera son bombillas de bajo consumo. Las lámparas están temporizadas y son independientes para cada tramo de escaleras. Y, sin embargo, no ahorran electricidad: gastan mucha más. ¿Por qué? Porque la gente como yo, que en condiciones normales es capaz de bajar de un segundo a un bajo usando las escaleras (y la casa sólo tiene tres pisos), se decide por el ascensor en cuanto ve que el mezquino temporizador no permite siquiera dar vuelta a la llave y bajar el primer tramo de escalones. Por no gastar 60 Watios durante 1 minuto, gastamos 3000 durante 30 segundos. El ahorro es evidente.

Y lo mismo les puede suceder con las bombillas fluorescentes compactas, alias de bajo consumo. Es cierto que su duración es mayor, y su consumo mucho menor, pero, ¿han tenido en cuenta que como residuo son mucho más peligrosas que las otras? ¿Han tenido en cuenta que mientras las pilas, que ya no contienen mercurio, son depositadas en contenedores específicos, poca gente se toma la molestia de llevar las fluorescentes compactas a un punto limpio?

Además, las fluorescentes compactas no son adecuadas cuando se requiere iluminación instantánea. Por ejemplo, un frigorífico, que en principio podría beneficiarse del hecho de que las bombillas de bajo consumo no emiten calor, necesita una iluminación instantánea, para que el usuario cierre pronto la puerta.

Por otro lado, muchas bombillas fluorescentes todavía no se han beneficiado de los últimos avances en sus hermanos mayores, los tubos fluorescentes. Estos tubos, tan denostados por el parpadeo y la extraña gama de colores proporcionados por sus versiones más antiguas, han mejorado mucho en los últimos años, y deberían ser la opción a considerar (pues, a diferencia de la versión compacta, no tiras a la vez el tubo y su cebador). Y hay una opción última: la tecnología LED, que tímidamente está tratando de desplazar al sector más derrochador de las bombillas incandescentes (se trata de las halógenas, que en sus montajes habituales gastan mucho más, pero de las que nadie dice nada negativo), sin demasiadas posibilidades. Evidentemente, no se puede sustituir una minihalógena de 50W con un juego de led de 5 W pero, ¿y un juego led un poco mayor?

jueves, 26 de junio de 2008

Artículo 1000

El aprendiz de arqueólogo se acerca a la cripta y pregunta a su maestro acerca del contenido de la pequeña caja metálica que le pidió que descifrara. Con una mirada entre la indiferencia y la insatisfacción, éste le responde:
—Vidas. Sólo vidas.
—Pero, maestro —replica el osado aprendiz, quizá el mejor alumno pero también el más impertinente—, ¿no son las vidas los ladrillos con que se construye la historia?

El gran investigador no contesta a su discípulo; se limita a hacer una seña que podría ser una invitación para que le siga. Entra en el archivo y atraviesa salas y más salas cubiertas de estantes llenos de urnas metálicas como la que el joven le llevó; de cilindros gruesos y finos, de contenedores de almacenaje dentro de los que —según le han contado— hay pequeños rollos plásticos o placas planas y frágiles del mismo material. Finalmente, abre una puerta blindada y le hace pasar al sanctasanctórum, una sala fría pero muy seca donde se guardan objetos fabricados en un quebradizo tejido llamado papel. Hay quien dice que existe otra sala aún más secreta en que se guardan auténticos lienzos de tela pintada.

—Estoy seguro —dice— de que, en nuestro camino, hemos pasado junto a dos o tres obras maestras de la literatura, de la pintura, de la música, del cine. También es posible que junto a ellas se almacenen mil, dos mil fotografías que nos permitan comprender los detalles de la arquitectura de aquellos que nos precedieron. Sin embargo, el archivo comprende billones de objetos, cada uno con millones de inscripciones, muchas de más de mil palabras.
»Si nuestros antecesores no hubieran usado tanta variedad de materiales, o si tuviéramos tiempo de introducirlos todos en la rejilla positrónica, quizá sería posible eliminar los registros duplicados, o averiguar, a partir de ellos, los gustos de los antiguos. Alguna vez se ha propuesto, pero con miles de planetas por excavar, y cientos, incluso miles, de ciudades excavables por planeta, la tarea desborda el presupuesto del Ministerio de Retrospección. Eso sin contar con la necesidad de reconstruir los alineamientos magnéticos de las cajas de almacenamiento, y la configuración fotónica de los rollos de celuloide y el papel.
»Además, conocer los gustos de nuestros antepasados no es demasiado útil. Aunque en los registros del siglo XX terrestre hay muchas alusiones sobre un tal Bergman, alabado por la gente de su tiempo, sólo se ha conservado, con innumerables copias, una obra de Spielberg y una película erótica casera de título y autor desconocidos.
»Parece que, a finales del siglo XX o principios del XIX, hubo un giro cultural. Nuestros tatarabuelos dejaron de interesarse por la literatura, el cine, la música o la prensa hechas por profesionales y empezó una era de Amateurismo. Durante 300 años, desaparecen todos los registros históricos y son reemplazados por chismorreos: mensajes privados, fotografías familiares, diarios personales —a veces con más de mil artículos—. A eso se une la desaparición de todo archivo fiable: los ciudadanos, que no hacían ascos a ser grabados en posturas comprometedoras, exigían, en cambio, que los censos se borrasen a los 50 años.»

Después de sus palabras, el maestro devuelve la urna metálica al aprendiz, que la lleva hasta el estante correspondiente. Después de rotularlo, lo abandona al polvo durante otros 20 años.

En la cara superior de la urna —un viejo disco duro de 1000 terabytes—, una traviesa alma del pasado había holografiado el Romance Sonámbulo, confiado en que los arqueólogos del futuro pudieran distinguirlo de una etiqueta.

martes, 24 de junio de 2008

Arqueología Industrial...

No me apetecía dedicar a este tema la que va a ser entrada 999 del blog, pero se trata de un asunto que me indigna.

En España nos tenemos por muy protectores del patrimonio histórico, pero luego, actuamos como nos da la gana. Especialmente cuando se trata de actuar sobre un edificio laico (recuérdese el caso del edificio desprotegido para construir sobre él un pastiche que mantuviera las líneas del vecino Banco de España, Dios y el Euribor lo hundan en la miseria, o las recientes des-protestas que quieren convencernos de que el ya lejano caso Sagunto fue un mero despropósito electoralista).

Pues bien, nuestro interés por las antigüedades llega a su mínimo cuando se trata de objetos y edificios industriales, ya sean linotipias de una empresa pública que en lugar de enviarse al Museo de Ciencia y Tecnología (¿tiene sede ya?) se envían a la chatarra, ya se trate, como en esta ocasión, de los escasos residuos del neomudéjar industrial, demolidos para hacer una macrooficina.

Es posible que sostengáis (probablemente con razón) que el neomudéjar fue, desde su comienzo, de mal gusto. Un pastiche propio de la cultura tercermundista —o si preferís, periférica— que fue la española a finales del siglo XIX y durante buena parte del siglo XX (quizá todavía lo sea). Supongo que triunfó porque el neomudéjar, basado en el uso de ladrillos, aunaba pretensiones estéticas y baratura. En cualquier caso, buena parte de los edificios más bellos de Madrid (se trata de un superlativo relativo, y por tanto no excluye la fealdad) se construyeron en este estilo. Y casi todos ellos han sido objeto de rehabilitaciones bárbaras, como la Central Eléctrica del Mediodía (actual CaixaForum), en que se construyó una estructura sobre el tejado, se cegaron las ventanas originales y se abrió una nueva (si el edificio no tenía suficiente luz o superficie para construir un centro cultural, lo más respetuoso hubiera sido construir otra cosa).

Pues bien, leo el viernes en un diario gratuito (Diario Qué, edición Madrid, 20 de julio de 2008, página 5 [pdf]) un artículo sobre la ventajosa y benéfica construcción de una sede empresarial en el sur de la ciudad. Y, junto a él, veo la fotografía de un edificio neomudéjar con el pie "se derribará este edificio", así, sin explicación alguna.

La explicación está en un artículo anterior del mismo diario, que lamentablemente no leí: el 23 de abril de 2008, en la misma página (la 5) del diario aparecía un artículo [pdf] en que se avisaba de que se iba a derribar la sede de CLH, sede cuya fotografía, que mostraba el estilo neomudéjar, aparecía debajo. No vi la fotografía y por tanto no pude mandar ninguna carta a la corporación municipal, que parece ya ha decidido que traer a Madrid a los empleados de Repsol repartidos por diversos lugares de la Comunidad bien merece derribar un edificio histórico... y aumentar la huella energética de la capital. Pues no se olvide que, además de derribar este edificio, ensancharán las calzadas de Méndez Álvaro para facilitar el tráfico rodado. Postura muy consecuente con la política de peatonalización de Gallardón.

jueves, 19 de junio de 2008

Windows Live se toma en serio a los usuarios!!!

Aunque creo que al final no escribí un artículo sobre ello, siempre me pregunté por qué le daban el Príncipe de Asturias a Google, ignorando que este motor, que nos cae tan simpático, tampoco tiene una funcionalidad muy distinta de Yahoo! o MSN Windows Live!, o de los diversos buscadores por ellos absorbidos.

Me viene esto a la mente ahora que recibo, como muchos otros usuarios, el siguiente mensaje de Windows Live, respuesta a mis plegarias:

Quizá hayas recibido un mensaje de correo electrónico indicándote que Microsoft planea retirar el protocolo DAV que usa Outlook Express para tener acceso a Windows Live Hotmail. Como respuesta a los comentarios de los clientes solicitando más tiempo para evaluar soluciones alternativas, hemos decidido posponer la retirada de este protocolo y estamos investigando otras alternativas para tener acceso a Windows Live Hotmail a través de Outlook Express. Es decir, si usas Outlook Express para tener acceso a tu cuenta de Windows Live Hotmail, podrás continuar haciéndolo después del 30 de junio. Nos encargaremos de informarte cuando dispongamos de planes adicionales y con la debida antelación para que la transición se realice de la manera más adecuada.


No he podido sino responder con un "Gracias" en mayúsculas y con cuerpo 36...

Vacaciones...

Finalizado el curso escolar, quedan sólo las evaluaciones antes de que comiencen mis vacaciones. La mañana de hoy no ha sido para mí tan estupenda como para mis alumnos (al final, se me han ido las ganas de observar las actuaciones de mis tutorandos en el festival colegial) y ha tenido un remate amargo con la aparición de dos alumnos (uno de ellos, en realidad, ex-alumno desde enero) ridiculizándome a la salida del instituto. Supongo que las vacaciones, el alcohol o los petardos se les habían subido a la cabeza, aunque, por otro lado, no estaban muy lejos de su actitud habitual. Pero he llegado a casa, he dejado los bártulos y he pensado: ¡qué diablos! no vamos a dejar que nos amarguen el que suele ser el día más estupendo del curso escolar.

Para celebrar el acontecimiento cambiaré, como solía ser mi costumbre, la imagen de mi perfil, de modo que el playero horterolo sustituirá de nuevo al vampiro draculín (incluso en el blog alternativo y draculinesco "cartas del vampiro"). Además, esta entrada hace la 997 de mi blog y, aunque todavía no he preparado nada, espero celebrar la milésima entrada antes de agosto, con algo interesante...

A niños, niñas y docentes, felices vacaciones. A los opositores, suerte. A todos los demas... «Madrid en verano y sin familia, Baden-Baden...»