Otra cosa que estoy pensando si comprar o no es la tele. Por un lado, me da perezón. Por otro, para vivir solo, acompaña mucho una tele.
Y ya que la compro... Quizá la compre de pantalla plana, no sé. La verdad es que había visto ofertas desde 1000€, y se me hacían caras para un artilugio inútil como es un televisor. Sin embargo, desde un tiempo a esta parte empiezo a ver ofertas como un televisor plano de 32" (más grande que mi tele de la salita de casa de mis padres, aparato que se me hace demasiado grande para una estancia que no es mucho mayor que mi salón) por 800€.
Y en cierto momento, he caído en la cuenta de que una tele panorámica de 32" es más pequeña que una tele convencional de 32". Me explico: parece ser que hay seres humanos que tienen muy desarrollada la visión lateral, pero los miopes sufrimos un efecto túnel que nos hace ver mejor en las pantallas cuadradotas. Si a esto le añadimos el hecho de que una tele panorámica de 32" tiene menor superficie que una tele convencional de 32", parece necesario tratar de averiguar cómo determinar las equivalencias.
Voilá. Aquí tenéis una tabla de equivalencias de tamaño para teles panorámicas y convencionales
miércoles, 28 de junio de 2006
Comprando muebles y cositas...
Como parece que hoy o mañana terminan de pintar mi piso, he aprovechado un viaje a un centro comercial para comprar la cama (un canapé abatible en madera, relativamente barato para ser en madera, y un colchón de muelles con revestimiento exterior de látex) y los electrodomésticos. El que más me preocupaba era la nevera: había visto, hacía un tiempo, una oferta estupenda en el Boulanger de Parque Oeste Alcorcón; pero hoy no la he localizado, así que me he ido a Urende, donde ha resultado que estaban de oferta las neveras, y me he comprado un modelo parecido al que mi madre tiene en casa. La lavasecadora la tenía ya fichada, en el mismo Urende: una Otsein/hoover que seca 5 kilos, como la candy alise, pero que tiene el tambor más grande (porque lava hasta 7 kilos), lo que me inspira más confianza en cuanto a secado. Sin embargo, hay una pega: consume más.
Por todo lo que he comprado he pagado algo más de 2000€, lo que a mi hermano, al que le he comentado la jugada posteriormente, no le ha parecido caro (pero estoy seguro de que podía haberme ahorrado dinero). En fin, que he dejado las visas temblando. Menos mal que no me he decidido por comprar, también, un sofá...
Por todo lo que he comprado he pagado algo más de 2000€, lo que a mi hermano, al que le he comentado la jugada posteriormente, no le ha parecido caro (pero estoy seguro de que podía haberme ahorrado dinero). En fin, que he dejado las visas temblando. Menos mal que no me he decidido por comprar, también, un sofá...
martes, 27 de junio de 2006
Un día de la vida de Iván Denísovich
Alexandr Soljenitsin, Un día de la vida de Iván Denísovich
Plaza & Janés, 1970
155 págs.
Un día en la vida de Iván Denísovich es, junto con Archipiélago Gulag, la obra más conocida de Soljenitsin (cuyo nombre es en ocasiones transcrito como Solzhenitsin: sospecho que suena Solyenitsin, pero esa transcripción no se suele ver por estos lares). De la segunda obra, que es un ensayo, había leído sólo la mitad, por razones editoriales (conseguí el primer tomo de una edición barata en dos tomos), pero lo suficiente como para reírme un rato: ¡Soljenitsin, catapultado a la fama por la propaganda americana, criticaba métodos de tortura que luego serían empleados (legalmente) por los americanos en Irak! Era para desternillarse. Por eso, cuando al hacer limpieza de libros apareció esta novela, decidí leerla.
Un día de la vida de Iván Denísovitch retrata la rutina de un campo de concentración allá por el año 51. Así lo indica el autor al final del libro:
Ha pasado un día, un día que nada ha venido a oscurecer, un día casi feliz.
De estos días, cuando termine su condena, habrá pasado tres mil seiscientos cincuenta y tres. Los tres de más, a causa de los años bisiestos...
¿No veis algo raro en este final? Parece que el autor no sabe cómo terminar una novela, y lo resuelve recurriendo a la moraleja. Finales como éste están periclitados desde la novela de tesis de la década de 1870 (cuyas convenciones, por otra parte sigue constantemente el autor: narrador omnisciente, intromisiones constantes del narrador... ¡parece que estemos leyendo Doña Perfecta, de Galdós!).
Por otro lado, de la afirmación que cierra la obra se ha de deducir que, si el día que se relata es un día de rutina, el sano prisionero que nunca va a la enfermería se pasará cosa de tres mil mañanas yendo a la enfermería; el prisionero mal alimentado obtendrá ración doble ¡en comida y cena! todos los días; el fumador enganchado al tabaco, que fuma de prestado, comprará todos los días dos vasos de buen tabaco negro.
Y es que no se puede construir una novela de tesis a partir de las fatigas que se toma un prisionero para, por un día, obtener placeres que son cotidianos en el mundo exterior, (recurso utilizado a menudo en novelas y cine bélico y carcelario) para luego hacer una afirmación que implica que los obtendrá cada jornada. En el final del libro, el autor revienta toda la atmósfera que había conseguido en pasajes como este:
—Ya es mediodía —afirma Shújov—. El Sol está en lo más alto.
—Si
está en lo más alto —tercia el capitán—, no es mediodía; es la una.
—¿Por
qué? —pregunta Shújov, estupefacto—. Todos los viejos dicen que, cuando el Sol
está en lo más alto, es la hora de comer.
—Tal vez lo digan los viejos
—replica el capitán—. Pero, más recientemente, se publicó un decreto, y cuando
el Sol está en lo más alto es la una.
—Un decreto ¿de quién?
—Del
Gobierno soviético.
El capitán se aleja con sus angarillas, y, por otra
parte, Shújov no tiene ganas de discutir. Pero ¿es posible que hasta el mismo
Sol se someta a sus decretos?
De todos modos, damos al autor el beneficio de la duda, ya que hemos leído la obra en una de esas traducciones indirectas que tanto proliferaron en la edición española hasta las últimas décadas del siglo XX: podría ser que la censura, combinada con el traductor, hubiesen desfigurado la obra. Los artificios narrativos, en todo caso, están a años luz de los que utilizan otros autores criados en el bloque del Este.
Plaza & Janés, 1970
155 págs.
Un día en la vida de Iván Denísovich es, junto con Archipiélago Gulag, la obra más conocida de Soljenitsin (cuyo nombre es en ocasiones transcrito como Solzhenitsin: sospecho que suena Solyenitsin, pero esa transcripción no se suele ver por estos lares). De la segunda obra, que es un ensayo, había leído sólo la mitad, por razones editoriales (conseguí el primer tomo de una edición barata en dos tomos), pero lo suficiente como para reírme un rato: ¡Soljenitsin, catapultado a la fama por la propaganda americana, criticaba métodos de tortura que luego serían empleados (legalmente) por los americanos en Irak! Era para desternillarse. Por eso, cuando al hacer limpieza de libros apareció esta novela, decidí leerla.
Un día de la vida de Iván Denísovitch retrata la rutina de un campo de concentración allá por el año 51. Así lo indica el autor al final del libro:
Ha pasado un día, un día que nada ha venido a oscurecer, un día casi feliz.
De estos días, cuando termine su condena, habrá pasado tres mil seiscientos cincuenta y tres. Los tres de más, a causa de los años bisiestos...
¿No veis algo raro en este final? Parece que el autor no sabe cómo terminar una novela, y lo resuelve recurriendo a la moraleja. Finales como éste están periclitados desde la novela de tesis de la década de 1870 (cuyas convenciones, por otra parte sigue constantemente el autor: narrador omnisciente, intromisiones constantes del narrador... ¡parece que estemos leyendo Doña Perfecta, de Galdós!).
Por otro lado, de la afirmación que cierra la obra se ha de deducir que, si el día que se relata es un día de rutina, el sano prisionero que nunca va a la enfermería se pasará cosa de tres mil mañanas yendo a la enfermería; el prisionero mal alimentado obtendrá ración doble ¡en comida y cena! todos los días; el fumador enganchado al tabaco, que fuma de prestado, comprará todos los días dos vasos de buen tabaco negro.
Y es que no se puede construir una novela de tesis a partir de las fatigas que se toma un prisionero para, por un día, obtener placeres que son cotidianos en el mundo exterior, (recurso utilizado a menudo en novelas y cine bélico y carcelario) para luego hacer una afirmación que implica que los obtendrá cada jornada. En el final del libro, el autor revienta toda la atmósfera que había conseguido en pasajes como este:
—Ya es mediodía —afirma Shújov—. El Sol está en lo más alto.
—Si
está en lo más alto —tercia el capitán—, no es mediodía; es la una.
—¿Por
qué? —pregunta Shújov, estupefacto—. Todos los viejos dicen que, cuando el Sol
está en lo más alto, es la hora de comer.
—Tal vez lo digan los viejos
—replica el capitán—. Pero, más recientemente, se publicó un decreto, y cuando
el Sol está en lo más alto es la una.
—Un decreto ¿de quién?
—Del
Gobierno soviético.
El capitán se aleja con sus angarillas, y, por otra
parte, Shújov no tiene ganas de discutir. Pero ¿es posible que hasta el mismo
Sol se someta a sus decretos?
De todos modos, damos al autor el beneficio de la duda, ya que hemos leído la obra en una de esas traducciones indirectas que tanto proliferaron en la edición española hasta las últimas décadas del siglo XX: podría ser que la censura, combinada con el traductor, hubiesen desfigurado la obra. Los artificios narrativos, en todo caso, están a años luz de los que utilizan otros autores criados en el bloque del Este.
lunes, 26 de junio de 2006
Fin de semana de San Juan...
Para el fin de semana de San Juan teníamos pensado un plan estupendo: despedida de solteros de Juan y Mer, con fiesta en la playita incluida. Hasta el último momento estuve cruzando los dedos para ver si podría participar, y al final pude.
Quedamos a las tres de la tarde en Plaza de Castilla para vestirnos de árabes y "secuestrar" a los dos novios, que estaban previamente avisados de nuestras intenciones. Al final, el atascazo del viernes nos obligó a realizar el "secuestro" en otro lugar, y casi que lo preferí, pues vestirse de terrorista, aunque sea con armas evidentemente de pega, delante un juzgado, me da un poquito de mal rollo.
Los "secuestradores" disfrazamos a los novios, y vestidos todos de árabes y montados en una furgoneta (y precedidos de otro coche en que iban otros dos compinches), salimos al atasco de la carretera de Valencia coreando "¡Arabia! ¡Arabia!". En aquel momento, la selección española estaba jugando contra el país asiático.
Me ahorraré los detalles del viaje, realizado en las condiciones habituales para tal tipo de eventos (ocultación del destino, pistas falsas, etcétera). A la llegada a Benicàssim (tardía: nos comimos varios atascos) nos pusimos los bañadores, cenamos lo justo para empapar las copas y partimos a la playa poco después de las doce (con lo que nos perdimos los fuegos artificiales). Ocupamos una fogata huérfana de campistas, y la alimentamos con troncos de las hogueras que se iban abandonando alrededor. Estuvimos cantando, acompañando por las guitarras de dos de nuestros amigos, y aguantamos hasta las mil.
Al día siguiente (por la tarde; por la mañana nos dedicamos a dormir) el plan consistía en vestir de horteras playeros a los dos novios y encaminarse a la playa. Para obligarles a pasear su lamentable indumentaria (él con gorra, pelo en pecho postizo, flotador, bañador slip y sandalias de plataforma; ella con un bañador para cincuentona, que le quedaba evidentemente grande, manguitos y sandalias horteras) les obligamos a vender artículos de playa. Salieron con éxito de la prueba gracias a matrimonios jóvenes que, evidentemente, habían sufrido en sus carnes pruebas parecidas.
Por la noche, Güigüi (la cabecilla de la despedida) montó un Trivial Pursuit temático que había preparado utilizando placas de Suelo de Tatami generosamente donado por un amiguete que trabaja en el ramo. La verdad es que tuvimos suerte de que cupiera en la habitación. Las preguntas temáticas se referían a bricolaje-hogar, datos sobre los novios, datos sobre la pandilla y datos sobre el pueblo donde veraneamos.
Al día siguiente, recogimos todo y fuimos a la playa. Lo primero fue el "reparto de regalos": utensilios horteras de tienda de "todo a cien" que los novios debían colocar en su hogar cada vez que fuéramos a visitarlos. Después de la playa, nos comimos una paella (tras la cual los que no íbamos a conducir nos tomamos varios chupitos de licor de naranja) y cogimos los coches de vuelta a Madrid.
En casa de los novios les esperaba una gran putada, que yo conocía pero casi había olvidado tras horas de atasco: El suelo de entrada y comedor estaba cubierto de vasos de plástico llenos de agua (afortunadamente, el cubo de la fregona estaba cerca) y la cama, los inodoros, toda la comida de la nevera y los utensilios de cocina estaban envueltos en película de plástico transparente, de esa que cuesta tanto romper. La verdad es que la cosa nos explotó en las manos, porque, excepto en mi caso, estaban todos suspirando por un lugar donde orinar desde hacía más de una hora. Así que quienes habían envuelto los inodoros descubrieron que el pecado llevaba dentro su penitencia.
En fin, este fue mi fin de semana. ¿Y el vuesto?
Quedamos a las tres de la tarde en Plaza de Castilla para vestirnos de árabes y "secuestrar" a los dos novios, que estaban previamente avisados de nuestras intenciones. Al final, el atascazo del viernes nos obligó a realizar el "secuestro" en otro lugar, y casi que lo preferí, pues vestirse de terrorista, aunque sea con armas evidentemente de pega, delante un juzgado, me da un poquito de mal rollo.
Los "secuestradores" disfrazamos a los novios, y vestidos todos de árabes y montados en una furgoneta (y precedidos de otro coche en que iban otros dos compinches), salimos al atasco de la carretera de Valencia coreando "¡Arabia! ¡Arabia!". En aquel momento, la selección española estaba jugando contra el país asiático.
Me ahorraré los detalles del viaje, realizado en las condiciones habituales para tal tipo de eventos (ocultación del destino, pistas falsas, etcétera). A la llegada a Benicàssim (tardía: nos comimos varios atascos) nos pusimos los bañadores, cenamos lo justo para empapar las copas y partimos a la playa poco después de las doce (con lo que nos perdimos los fuegos artificiales). Ocupamos una fogata huérfana de campistas, y la alimentamos con troncos de las hogueras que se iban abandonando alrededor. Estuvimos cantando, acompañando por las guitarras de dos de nuestros amigos, y aguantamos hasta las mil.
Al día siguiente (por la tarde; por la mañana nos dedicamos a dormir) el plan consistía en vestir de horteras playeros a los dos novios y encaminarse a la playa. Para obligarles a pasear su lamentable indumentaria (él con gorra, pelo en pecho postizo, flotador, bañador slip y sandalias de plataforma; ella con un bañador para cincuentona, que le quedaba evidentemente grande, manguitos y sandalias horteras) les obligamos a vender artículos de playa. Salieron con éxito de la prueba gracias a matrimonios jóvenes que, evidentemente, habían sufrido en sus carnes pruebas parecidas.
Por la noche, Güigüi (la cabecilla de la despedida) montó un Trivial Pursuit temático que había preparado utilizando placas de Suelo de Tatami generosamente donado por un amiguete que trabaja en el ramo. La verdad es que tuvimos suerte de que cupiera en la habitación. Las preguntas temáticas se referían a bricolaje-hogar, datos sobre los novios, datos sobre la pandilla y datos sobre el pueblo donde veraneamos.
Al día siguiente, recogimos todo y fuimos a la playa. Lo primero fue el "reparto de regalos": utensilios horteras de tienda de "todo a cien" que los novios debían colocar en su hogar cada vez que fuéramos a visitarlos. Después de la playa, nos comimos una paella (tras la cual los que no íbamos a conducir nos tomamos varios chupitos de licor de naranja) y cogimos los coches de vuelta a Madrid.
En casa de los novios les esperaba una gran putada, que yo conocía pero casi había olvidado tras horas de atasco: El suelo de entrada y comedor estaba cubierto de vasos de plástico llenos de agua (afortunadamente, el cubo de la fregona estaba cerca) y la cama, los inodoros, toda la comida de la nevera y los utensilios de cocina estaban envueltos en película de plástico transparente, de esa que cuesta tanto romper. La verdad es que la cosa nos explotó en las manos, porque, excepto en mi caso, estaban todos suspirando por un lugar donde orinar desde hacía más de una hora. Así que quienes habían envuelto los inodoros descubrieron que el pecado llevaba dentro su penitencia.
En fin, este fue mi fin de semana. ¿Y el vuesto?
viernes, 16 de junio de 2006
Lista de canales locales...
He iniciado en mi wiki una lista de canales locales. De momento es de sólo-lectura, y circunscrita a lo que se ve desde casa de mis padres (en mi piso aún no tengo tele). Gran parte de los canales que he incluido se ven sólo con los cuernos (otros NO se ven cuando pongo los cuernos, caso de Telemadrid), por lo que supongo que en mi lista están también las frecuencias para otros barrios. Quizá os ayude a sintonizar vuestro televisor...
Blancas.
Cultivo una rosa blanca
En julio como en enero
Para el amigo sincero
Que me da su mano francaY para el cruel que me arranca
El corazón con que vivo
Cardo ni ortiga cultivo
cultivo una rosa blanca
Supongo que ese es el significado de las famosas rosas blancas por la paz: la reconciliación. Es una idea maravillosa, en la que en otro tiempo creí. Actualmente, he perdido esa ilusión. Aunque sigo teniendo una paciencia exagerada, dejé ya de ofrecer rosas blancas o poner la otra mejilla. Llevan demasiado tiempo fustigándome con sus espinas...
Preparando septiembre...
Si sentís que la cagásteis en selectividad, o simplemente queréis saber qué tipo de criterios de corrección usarán para evaluar vuestros exámenes, probad esta búsqueda de Google que he encontrado casualmente (después de buscar en la red un texto de Machado):
«AÑO Palabra-de-Materia + "Servicio de pruebas de acceso" + "inurl:www.ucm.es" + "OPCIÓN A"»
Ejemplo:
«2006 Castellana "Servicio de pruebas de acceso" inurl:www-ucm-es "OPCIÓN A " site:www.ucm.es»
La respuesta será un modelo de examen de selectividad (no el examen que ha caído en selectividad, sino un modelo) de la UCM (válido para cualquier universidad de Madrid) para la materia seleccionada. Es una manera interesante de obtener los exámenes como texto PDF, ya que en las web de "futuros alumnos" de las universidades de Madrid los exámenes están simplemente escaneados. Además, hay interesantes datos para la corrección que harán que dichos exámenes os sirvan como "ejercicios resueltos".
Si lo que queréis son todas las pruebas disponibles, obviamente podéis eliminar los criterios de Año y Materia, pero tendréis que decirle a google que incluya todos los resultados disponibles ("Repetir la búsqueda e incluir todos los resultados omitidos").
«AÑO Palabra-de-Materia + "Servicio de pruebas de acceso" + "inurl:www.ucm.es" + "OPCIÓN A"»
Ejemplo:
«2006 Castellana "Servicio de pruebas de acceso" inurl:www-ucm-es "OPCIÓN A " site:www.ucm.es»
La respuesta será un modelo de examen de selectividad (no el examen que ha caído en selectividad, sino un modelo) de la UCM (válido para cualquier universidad de Madrid) para la materia seleccionada. Es una manera interesante de obtener los exámenes como texto PDF, ya que en las web de "futuros alumnos" de las universidades de Madrid los exámenes están simplemente escaneados. Además, hay interesantes datos para la corrección que harán que dichos exámenes os sirvan como "ejercicios resueltos".
Si lo que queréis son todas las pruebas disponibles, obviamente podéis eliminar los criterios de Año y Materia, pero tendréis que decirle a google que incluya todos los resultados disponibles ("Repetir la búsqueda e incluir todos los resultados omitidos").
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