A Facebook llegué porque muchos de mis amigos habían ido dejando los blogs o MSN Spaces y mudándose allí. Fui feliz una temporada: allí me reencontré con O (que había dejado ICQ) y hallé una comunidad para compartir apuntes e inquietudes con otros alumnos de la Uned (hoy esa comunidad se ha mudado a Telegram). Quisiera dejar Meta, pero numerosas entidades se obstinan en informar de las cosas solo a través de Facebook e Instagram, y a mis amigos no hay quien se los lleve de Whatsapp, así que mi cuenta de Facebook sigue existiendo, durmiente, para volver de vez en cuando.
¿Por qué llegué a Twitter? A Twitter llegué para ejercer el derecho a la pataleta en una época en que los servicios técnicos ya se estaban enmarronando y la administración comenzaba a ignorar los cauces habituales de comunicación (noticias en webs oficiales, respuesta a instancias, etcétera). Esperaba el sitio casposo y vociferante al que iban los periodistas a pescar cotilleos con que llenar esas columnas de "lo que pasa en Twitter" con que, como antropólogos de sillón leyendo cómodamente las notas de sus informantes, nos daban la lata en el periódico. Pero me quedé porque el primer día encontré por un lado un grupo de escritores muy animados que me invitaron a unirme a una convocatoria, y por otro, varias cuentas que proponían retos literarios. Hubo un momento, no tan lejano (2017 o 2018 quizás), en que fui feliz en Twitter.
Hui a Mastodon sin saber que estaba huyendo. Seguía a un profe de historia que escribía una columna semanal en Twitter, y cuando huyó a Paquita (nodo hoy desaparecido), me quedé con la referencia. Poco a poco, más y más gente de Twitter se iba yendo hacia el Fediverso. Así que emigré a Paquita, pero solo con la idea de echar un vistazo.
Encontré una comunidad muy acogedora. Y aunque echaba de menos los juegos literarios de Twitter (seguro que en Mastodon hay una comunidad de juegos literarios, aunque no la he encontrado, a pesar de seguir a varios escritores), comenzó a gustarme estar en un lugar donde veía lo que yo quería ver, en vez de que un algoritmo me obligara a perderme las actualizaciones de gente a la que seguía.
La deriva de X hizo que en diciembre de 2023 descargase mis datos y borrase muchos de mis tuits. Dos años después, acabaría borrando todo y cerrando mis cuentas. Porque llegué a tener tres cuentas en Twitter: una pensada para ser más reflexiva y menos personal, otra pensada para ser personal (aunque por pereza al final no la usaba y ponía lo personal en la primera) y otra para publicar una serie de ficción. ¡Cuánto tiempo había dedicado a recopilar "stories" con lo mejor de cada mes! Ahora, los tuits duermen juntos y revueltos en mi disco duro.
Mastodon ha sido un lugar bastante seguro, desde que me incorporé (alrededor de 2023). Llegué poco antes que una bandada de aficionados al K-Pop —los "patitos"— protagonizaran una migración en masa que los llevó primero a Mastodon y luego —creo— a Bluesky. Venían huyendo de amenazas sufridas en X (antes Twitter). Después de ellos, he visto llegar muchos grupos en busca de una paz que no encuentran allí.
En los recientes días ha habido una turbulencia en el Fediverso en español centrada en la disputa entre varios nodos de Mastodon. Esa turbulencia ha llevado a bloqueos mutuos entre servidores. Puede parecer una medida extrema, y al principio me lo pareció. Pero hay que tener en cuenta que casi todos los usuarios de Mastodon han llegado huyendo del clima agresivo que vivieron en X. No es que tengan la piel fina: tienen heridas. Y si tienes heridas, es normal que no aguantes una avispa en el culo. He tardado en comprenderlo, y pido perdón a quienes yo mismo pudiera haber herido con mis comentarios (gracias a la magia de las feed RSS, esta entrada de blog se republicará en Mastodon). Estamos aquí para querernos. Estamos aquí para cuidarnos.