martes, 24 de marzo de 2015

Del Toro & Hogan: Nocturna

TORO, Guillermo del; HOGAN, Chuck: Nocturna [Trilogía de la oscuriridad, I], Madrid, Suma de letras, 2009. 550 pág. 23 cm.
ISBN:
978-84-8365-148-3.
Precio:
22 Euros.
Descriptores:
Terror. Fantasía apocalíptica.
Últimamente no suelo tomar libros de las bibliotecas. Entre mi voracidad compradora y el hecho de que el trabajo (que, irónicamente incluye la actividad de bibliotecario) y los estudios me dejan poco tiempo, suelo restringir mis lectura a libros comprados, sin acercarme a las bibliotecas a por otros nuevos.

Si en este caso he hecho una excepción es porque recibí de Nocturna críticas bastante duras que hicieron que no me atreviese a comprar la obra. Por ahí se dice que Del Toro, habituado al lenguaje cinematográfico, ha hecho una novela como quien hace el guión de una película de acción, compuesto de breves planos de 20 segundos encadenados entre sí sin demasiada hilazón argumental.

Algo hay de eso (por ejemplo en el episodio, completamente desvinculado del resto, en que se contempla el eclipse desde una estación orbital), pero no es muy distinto de lo que muchos autores hacen últimamente: novelas polifónicas compuestas de secuencias hiperbreves. El hecho de añadir páginas de separación entre capítulo y capítulo ayuda a convertirlo en un tocho, que es lo que vende hoy día.

Personalmente, las pegas que le pongo a la novela son otras, en general derivadas del hecho de que se trata de una obra destinada a ser un best seller y que, por tanto, utiliza todas las recetas de los best seller americanos, hasta el aburrimiento o la desesperación del lector.

Por ejemplo, ese afán por hacer más reales a los personajes (¿en un libro de vampiros?) diciendo las marcas de todo lo que llevan (¿es realismo o es product placement?). Es cierto que a veces te hace decir, "vale, este tío se ha documentado porque sabe cuál es la marca buena de equipos de diálisis" (¿quizá es que en los equipos médicos las marcas buenas no tienen línea B, como sí tienen en la informática?), pero hay casos absurdos como cuando, al describir a un personaje que no volverá a aparecer, se insiste en comentar que la sudadera que lleva bajo el chaleco reflectante tiene el logo de los Mets. Si lleva el chaleco reflectante y es de noche, ¿cómo carajo se ve de qué equipo es la sudadera? O cuando se insiste en que la bolsa de deportes del cazarratas (que no sabemos si es ancha, estrecha, corta, larga, de bandolera, de mano, mochila, roja, verde o grafito) es de Puma. Le preguntaré a mi amigo Pedro, negociante de contratos publicitarios de tal marca, si se pagó o no se pagó a Hogan y Del Toro por meter esa frase.

La incorporación de los detalles tecnológicos que hace obsoleto a este libro (quizá sea un guiño irónico que los autores se regodeen en la obsoleta tecnología de los 80 de la tienda de Setrakian) provoca los momentos más chirriantes del libro, dado que cada término se traduce de manera distinta en cada región, y mientras que quien estas líneas escribe es español, la traductora ha elegido (creo que con acierto) el español que habla el propio Guillermo del Toro. Que un español no sepa lo que es "halar", es mera ignorancia; pero que no sepa lo que es "teatro en casa" no se debe a su propia ignorancia del idioma, sino a que a este lado del atlántico un teatro es el lugar donde actúan los actores... las películas se ven en el cine. Por eso digo que la aparición de tecnología ayuda a que chirríe la traducción.

Por lo demás, la obra se lee estupendamente. La saqué ayer a las 15:30 de la biblioteca; la empezaría a las 16:30 y no pude parar de leerla; de hecho, tuve que forzarme a hacer una pausa de un par de horas para las tareas domésticas y luego no volví a mirar el reloj hasta bien pasada la media noche. Esta tarde he devorado las 150 páginas que me quedaban.

¿Qué la hace interesante? En primer lugar, el planteamiento novedoso del vampirismo, que convierte a los vampiros en una especie de superzombis mutantes parasitados con mente de colmena: el summum de la serie Z reunida a través de todos sus géneros. En segundo lugar, el enfoque del conflicto: los vampiros son una plaga y hay que exterminarla. Por eso se elige a un médico, un cazavampiros y un exterminador como protagonistas. En tercer lugar, claro está, que he visto la serie The Strain, basada en esta novela (el título original de la cual es, de hecho, el mismo de la serie).

¿Cuáles son las diferencias con la serie? En primer lugar, encuentro bastante menos multicultural la novela que la serie. En la serie, Agustín "Gus" Elizalde tiene un papel mucho más importante que en el libro. También es mayor su vinculación con el malvado Eldritch Palmer. La niñera Neeva es asimismo un personaje totalmente secundario y desaprovechado en la novela. Por otra parte, aunque sabemos que Nora y Vasily Fet no son de origen anglosajón, no se insiste demasiado en sus antecedentes culturales (no me refiero a la "cultura" como sustituto políticamente correcto de "raza", sino a lo que un antropólogo quiere decir cuando habla de cultura). Setrakian es, entonces, el único de los protagonistas cuyo trasfondo cultural (en realidad debido más a su edad que a su origen europeo) "funciona". Y es una lástima, porque la serie es un canto a ese melting pot neoyorkino y a la capacidad de personas de distintos oficios, edades y creencias para enfrentarse a un peligro común —creado precisamente por uno de esos varones blancos anglosajones—.

En segundo lugar, no aparece el ayudante ex-nazi de Palmer. Este ayudante es un elemento importante en la serie, no solo porque es otro enemigo personal del viejo Setrakian, sino también porque explica cómo el viejo Eldritch, que ha visto el horror en que se convierten los vampiros, puede creer que él no acabará siendo una criatura desprovista de cerebro como los infectados, ni una masa horrenda como el Amo Serdu. En el libro será el cantante Bolívar quien encarne al infectado próximo a convertirse en vampiro mayor, pero al ser un recién creado no tiene el mismo peso que en la serie. En tercer lugar, y sin querer desvelar más de lo que ya he desvelado, el despliegue CSI originado por la aparición de la hacker (no recuerdo su nombre) en la serie es aquí suplantado por las habilidades más pedestres de los diversos personajes. Así, el plano de la casa del cantante, puertas "secretas" incluidas, lo obtienen de la revista People. ¿Para qué necesitas hackers, cuando los famosetes ventilan toda su vida privada a los cuatro vientos?

Si buscáis un libro profundo, con personajes bien construidos, diálogos chispeantes y descripciones detalladas,... ¡leed algo de Garcia Márquez, carajo! Pero si queréis pasar unas horas en la oscura Nueva York del eclipse, donde habita el mal reptante, donde los vampiros anidan, donde los héroes se juegan el pellejo por salvar a la Humanidad del desastre, id a la librería o biblioteca más cercana y hacéos con un ejemplar de Nocturna, de Guillermo del Toro.