jueves, 18 de mayo de 2017

Hablando con el tonto...

Hablando con el tonto (dicho sea con cariño) en la parada del autobús, respondo una y otra vez a sus obsesivas cuestiones.

El tonto y yo no nos distinguimos tanto. Él pregunta continuamente las mismas cosas; curioso, todo lo observa y todo lo comenta. Los que no nos consideramos tontos nos diferenciamos, quizá, en el filtro: dejamos de expresar nuestras dudas absurdas y nuestras creencias; evitamos hablar de ellas al primero que pasa. Por eso nos gusta facebook, quizá. Porque en facebook podemos repetirnos una y otra vez y comentar nimiedades con cualquiera —"la luna, qué bonita está", dice el tonto— sin que nos tomen por locos.

La próxima vez que te cruces con un tonto, pregúntate si te estás contemplando a ti mismo.

Una versión previa de este artículo se publicó originalmente en mi perfil de Facebook.

sábado, 22 de abril de 2017

Albert Sánchez-Piñol: La piel fría

Sánchez-Piñol, Albert: La piel fría, Barcelona, Edhasa, ISBN: 84-35-008-92-4 (ISBN13: 9788435008921); 283 páginas.
Descriptores:
Aventura. Fantasía.
Precio de lista:
17.79 Euros -- (según Agencia Española del ISBN; leído en una biblioteca).

Catalogando libros para la biblioteca de mi instituto, leí la contratapa de este y no pude resistirme a catar la primera página, a lo que siguió un impulso irresistible de devorar el libro entero. Se trata de una historia que comienza como un libro de aventuras exquisitamente escrito y se convierte después en una novela fantástica que reflexiona sobre el amor y el odio, como ya anuncian las primeras frases:

Nunca estamos infinitamente lejos de aquellos a quienes odiamos. Por la misma razón, pues, podríamos creer que nunca estaremos absolutamente cerca de aquellos a quienes odiamos.

Los primeros capítulos del libro están escritos con una prosa maravillosa, que no sé cuánto deberá al autor y cuánto a la traductora, Claudia Ortego Sanmartín (el libro está escrito en catalán, y el hecho de que no lo haya traducido el propio autor indica la preocupación de éste por conseguir la perfección en el resultado). Me admira especialmente la descripción, completamente minuciosa y completamente neutra, neorrealista casi, de la caseta del observador meteorológico donde el lector adivina que ha pasado algo horrible.

Por lo demás, si la influencia lovecraftiana que se nos anuncia en la contratapa se limita prácticamente a la presencia de cierto horror que no quiero desvelar, en cambio Stevenson y Conrad se hacen fuertemente presentes en el tema de la lucha entre la civilización y la barbarie, en la que el europeo descubre que no siempre lleva la razón. Esto, a pesar de la relativa ausencia de aventuras. Yo encuentro un cuarto autor con el que compararlo: se trata de Philip J. Farmer, aunque no puedo explicar el porqué sin reventar el argumento.

La construcción de la trama es muy cuidadosa, aunque flojea cerca del final (por ejemplo en las escenas de alcoholismo insuficientemente motivadas). Pero entonces se recupera maravillosamente en una conclusión que, a pesar de ser inevitable, el lector ya no espera, y que redondea completamente el libro, haciendo que en una segunda lectura nos demos cuenta de que todo estaba ya ahí, desde el principio.

Por eso es difícil asignar este libro a un género, ya que aunque mezcla aventura, terror y fantasía en realidad me recuerda más a esa ciencia ficción especulativa que no nos habla de otros mundos, sino de nosotros mismos. Como hacen siempre las grandes obras.

domingo, 12 de febrero de 2017

Robert A. Heinlein: La luna es una cruel amante.

Heinlein, Robert A.:La Luna es una cruel amante, Factoría de ideas, ISBN: 978-84-9800-848-7 ?? [Según www.mcu.es; versión Kindle distribuida por Amazon, basada en Heinlein, Robert A.:La Luna es una cruel amante. Arganda, Factoría de ideas, 2009, ISBN 9788498005035, 352 págs.]
Descriptores:
Ciencia ficción. Política Ficción. Rebeldes.
Precio de lista
9.99 Euros -- conseguida gratis con las ofertas de Kindle para Samsung.

La Luna es una cruel amante es una de las tres novelas de Heinlein que yo considero básicas. Su argumento desarrolla una insurrección independentista en la Luna desde el punto de vista de la estrategia política, lo que permite a Heinlein desarrollar su filosofía ética basada en el rechazo a todo gobierno, a toda norma, a toda ley que no se base en la asunción de la responsabilidad completa de cada individuo sobre sus propios actos. Aunque hay un par de guiños a la ciencia ficción dura (al fin y al cabo, Heinlein era ingeniero, y lo demuestra con el cálculo de la energía producida por la caída de una carga desde la Luna a la Tierra), el principal rasgo futurista de esta novela, aparte la elección de escenario, es su protagonista: un ordenador. Ese papel protagónico de la computadora le permite preguntarse sobre los riesgos de una sociedad cerrada en que un solo cerebro lo controla todo. Algo muy actual para una novela escrita en los 60 (aunque la idea ya está en otros autores de la época).

En Internet he visto algunos comentarios que hablan del pobre estilo del texto y escaso desarrollo de los personajes. Es cierto; Heinlein utiliza un lenguaje relativamente coloquial salpicado con la jerga procedente de otros idiomas (en concreto el ruso) que se espera que se hable en una colonia penitenciaria internacional. Y se sacrifica el desarrollo de los personajes a favor de la trama. Personalmente, estoy aburrido de esos libros pretenciosos que desarrollan mucho los personajes pero en que realmente no hay narración alguna; si quiero un libro de personajes, elijo a Flaubert o a Clarín, no un libro de ciencia ficción. Por otro lado, en muchas obras (literarias, de cómic o cinematográficas) los intentos por crear un perspectivismo de personaje polifónico acaban, tras páginas y páginas (o minutos y minutos) de cháchara vacía, en una serie de diálogos que repiten tópicos y personajes no planos sino planísimos. Por ello prefiero que los personajes no estén desarrollados y la trama sí a que ninguna de las dos cosas valga la pena.

Por último, un comentario sobre la edición electrónica de Amazon. Al ver esta novela en las ofertas de Kindle para Samsung (aparecen en la versión de Kindle de la tienda Samsung), decidí descargarla, aunque sospechaba que la traducción podía flojear, como en otras ediciones de Factoría de Ideas. De hecho, en la tienda Kindle hay comentarios en ese sentido. Pero, frente a lo que decían los comentarios, no he tenido dificultades para comprender la traducción, y solo he visto tres o cuatro fallos gramaticales, casi todos al final. Sí hay bastantes erratas, casi todas consistentes en la partición de un párrafo o en el cambio de tipo de letra, algo que creo que es perfectamente asumible, dado el papel del papel.

martes, 7 de febrero de 2017

El papel del papel

El papel se va a acabar. Acaban con él las administraciones públicas, las compañías que nos facturan a fin de mes, los patrones que expiden nuestras nóminas. Sustituyen esos documentos por otros "totalmente válidos como prueba", pero que solo podemos recuperar mientras somos clientes o empleados y que pierden, además, su valor probatorio en cuanto sus firmas digitales (en los casos en que existen) caducan. Plazos, por lo general, muy cortos.

Pero en esta sociedad del sin-papel, curiosamente, digitalizamos. Y digo curiosamente porque digitalizamos documentos digitales, previa impresión. Hay casos curiosos. No hace demasiados años, la Real Academia escaneó los fondos de una editorial y los reeditó a partir del OCR. La gracia está en que aquella editorial había nacido en los años 90, época en que el proceso de impresión era ya digital, y que su labor era la edición crítica, es decir, la fijación de los textos originales carácter por carácter. Así, cualquier en una sola letra contaba. A un filólogo como yo, el proyecto de la RAE le sonaba extraterrestre. Como si yo mismo hubiera metido en mi escáner el ejemplar de la 2ª edición de "El sí de las niñas" que anda por casa de mis padres, y a partir del ReadIris (es lo que se llevaba por aquel entonces), sin comprobar ninguna fuente secundaria, hubiera presentado una edición como tesis doctoral. ¡Toma ya!

Pero la cosa no es de chiste. Si era tan ridículo el uso del escáner por parte de instituciones como la Academia o revistas fundadas después de los 90 que siempre han exigido originales en formato electrónico a sus autores, ¿por qué lo seguimos haciendo?

Principalmente, porque, al igual que pasaba con los originales en papel de las obras de siglos pasados, nadie se molesta en conservar el original electrónico. O al menos no se molestaba hasta hace poco tiempo. Y de forma secundaria, porque, a pesar de que insistamos en conservar copias digitales, los formatos no duran para siempre.

El otro día me topé con el problema mirando un archivo antiguo escrito en mi ordenador. Hacia 2004, en un intento de mejora de mi productividad, comencé a escribir mis documentos en un Macintosh IIci de principios de los años 90, para después imprimirlos en mi PC. En aquella época, Microsoft-Word para Windows no sabía traducir los documentos de Mac, pero el Novell Wordperfect 8.1 para Linux (la única versión gratuita de WordPerfect que he conocido) traducía con la misma facilidad el WordPerfect para Mac y el Microsoft-Word para Mac. Así que yo escribía en un Mac e imprimía en un PC, sin mayores problemas.

Sin embargo, en mi ordenador actual no hay ningún programa que ni siquiera identifique adecuadamente el formato de aquellos archivos (que, puesto que se escribieron en un Mac, no poseen extensiones, pues las extensiones son una absurda idea de MS-DOS que no se convirtió en estándar de facto hasta la llegada de Windows 3.1). Gracias a la manía de los programadores de Word (y enemigos de WordPerfect en general) de separar la capa de texto y la capa de formato, que el archivo se hizo con Word y puedo leer su texto. Pero no puedo convertirlo. Para hacerlo, tendría que desempolvar el 486 que tengo en mi trastero...

...Algo que probablemente ninguna editorial haría. Nadie en su sano juicio va a guardar esos antiguos disquetes o los ordenadores capaces de leerlos. Así que sólo nos queda el papel, el papel conservado en las bibliotecas universitarias, que podemos digitalizar en cualquier momento (es la ventaja de la copia dura o copia física).

Pongámonos ahora en la piel de los investigadores del futuro. Cuando quieran consultar las leyes que han estado en vigor en el período actual, ¿podrán hacerlo en Internet? ¿se habrán borrado los archivos por ser obsoletos? ¿Seguirá habiendo, dentro de 100 años, equipos capaces de leer archivos PDF? ¿Y de verificar las firmas? Si los servidores de verificación de las administraciones públicas emiten firmas que duran 6 meses o un año, ¿cómo puede demostrar alguien, llegada la hora de su jubilación, que la historia de vida laboral que imprimió diez años atrás es verídica? ¿O que recibió un nombramiento como funcionario interino diez años atrás?

Es muy fácil conseguir el orwelliano propósito de reescribir cotidianamente el pasado si todos los medios se convierten en electrónicos o si, como he leído recientemente, se comienzan a imprimir los periódicos en papel que se borre automáticamente a los cinco días (hace unos años, la tienda Thinkgeek vendía una pluma cuya tinta se borraba al cabo de unas horas: tuvieron la precaución de advertir sobre las consecuencias legales de emplearla para firmar cheques). ¿Somos conscientes de los riesgos? ¿O es que hay quienes ven en estebug una feature?

Cada vez estoy más seguro de que el futuro será digital y virtual, numérico y falso.

sábado, 21 de enero de 2017

Cómo: Pasar aplicaciones del segundo monitor al primero en Windows.

Edición 26/2/2017 - Lee esto primero

Juraría que había probado esto pero no me había funcionado...:

Con Tecla Windows + Flecha lateral se puede mover la ventana a la izquierda, centro o derecha de la ventana, sin importar que previamente estuviera maximizada.

En caso de que haya varias pantallas, se irá moviendo de pantalla en pantalla.

Así que la solución de abajo se puede cambiar por:

Pulsa Windows + hasta que la ventana deseada aparezca en tu pantalla.


POST ORIGINAL:

A pesar de que Windows 10 soporta múltiples escritorios virtuales, aparentemente no se puede enviar un escritorio a cada pantalla: solo se puede "extender" la pantalla para que ciertas aplicaciones (pongamos por caso chrome viendo Netflix o HBO en la tele) salgan por la pantalla secundaria.

Así que la posibilidad de alternar de un escritorio a otro se queda muy reducida con respecto a lo que ocurre en Linux, donde muchos gestores de ventanas muestran en una ventanita pequeña a qué monitor o escritorio se ha ido cada aplicación, para que la pasemos al monitor que tenemos encendido en ese momento.

Una alternativa a esto, que conocemos quienes empezamos a usar Windows en los 90 antes de tener un ratón, es manejar las ventanas «a ciegas» con el teclado.

Pongamos por caso que yo tengo mi escritorio extendido a dos pantallas, y que la última vez que encendí mi ordenador llevé Chrome a una pantalla secundaria (por ejemplo una televisión) para ver una película, pero ahora quiero encender solo la pantalla pequeña. Al abrir Chrome, la aplicación sale en la pantalla grande, que está apagada. ¿Cómo pasar Chrome a la otra pantalla?

La solución viene con el uso del teclado. El ratón es un dispositivo muy interesante, pero solo podemos usarlo correctamente si miramos la pantalla. En cambio, el teclado puede usarse sin pantalla (¿quien no ha tocado música en un ZX-Spectrum con la tele apagada? ¿quién no ha usado Ms-DOS conectado a una impresora matricial que hacía de pantalla?).

  1. Seleccionamos la aplicación cuya ventana queremos mover (ALT-TAB o pulsando en el icono de la barra de tareas)
  2. Pulsamos ALT-ESPACIO. (ALT-ESPACIO significa "abre el menú estándar Windows de la ventana").
  3. Pulsamos "R". En la traducción de Windows vendida en España, "R" corresponde a restaurar. Si estamos en otro país quizá tengamos que comprobar con una ventana que se abra en la pantalla normal qué letra corresponde a "restaurar" en nuestra traducción de Windows.
  4. Con la anterior acción, hemos restaurado la ventana (en caso de que estuviera maximizada, esto es imprescindible para poder moverla).
  5. Ahora, pulsamos de nuevo ALT-ESPACIO para volver a llamar al menú de la ventana.
  6. Pulsamos "M". En la traducción de Windows vendida en España, "R" corresponde a restaurar. Si estamos en otro país quizá tengamos que comprobar con una ventana que se abra en la pantalla normal qué letra corresponde a "restaurar" en nuestra traducción de Windows.
  7. Finalmente, mantenemos pulsado "Flecha izquierda" o "Flecha derecha", según si en la lógica de Windows la pantalla apagada está situada a la derecha de la actual (flecha izquierda para llevar la ventana a la actual) o a la izquierda (al revés). Esto moverá la ventana hacia nosotros.

Espero que haya sido útil a alguno de vosotros