jueves, 10 de diciembre de 2015

Louis-Ferdinand Céline: Viaje al final de la noche

CÉLINE, Louis-Ferdinand: Viaje al final de la noche. Edhasa, 2003. 573 pág.
ISBN
84-350-0893-2.
Descriptores:
Novela francesa. Biografías imaginarias. Primera Guerra Mundial. Colonialismo.

Había oído hablar mucho de este libro, pero nunca lo había leído; por ello, al verlo en el bibliometro lo saqué sin pensármelo.

En la euforia alcohólica de una noche de verano, una pareja de amigos se presentan, sin pensarlo, en el banderín de enganche del ejército. Entre quince y veinte años después, la aventura termina en una borrachera a la orilla del Sena. Entre ambos momentos, una continua sensación de miseria y derrota que no deja al protagonista ni siquiera en los momentos más alegres.

Ferdinand Bardamu, apaleado por la vida en Verdún, en las colonias africanas, en Estados Unidos y -por supuesto- en los suburbios de su París natal, nos muestra su visión de la humanidad, una visión cínica, amoral, anómica y descarnada; y sin embargo profundamente humana. Lo mejor del libro es quizá esa prosa ágil, impactante, de Céline, llena de oraciones breves y a menudo sentenciosas en que se recurre a la jerga más sórdida para crear una extraña sensación de lirismo:

"Había muchos lloros en toda la feria, por los niños pisoteados, aquí y allá, entre las sillas, sin querer, y también por aquellos a los que enseñaban a dominar los deseos, los inocentes e inmensos goces de montar una y mil veces en el tiovivo. Hay que aprovechar la verbena para formar el carácter. Nunca es demasiado pronto para empezar. No saben aún, esos monines, que todo se paga. Creen que es por simpatía por lo que las personas mayores detrás de las taquillas iluminadas incitan a los clientes a gozar de las Maravillas que atesoran, dominan y defienden con sonrisas vociferantes. No conocen la ley, los niños. A tortazos se la enseñan los padres, la ley, y los defienden contra los placeres."

El aspecto más negativo de la obra es quizá el absoluto pesimismo que destila; de hecho, no sé cómo me puede haber gustado tanto esta obra, si su atmósfera recuerda tanto, en tantas ocasiones, sl decadente mundo de El astillero, de Onetti, obra que recomiendo no leáis a menos que seáis inmunes a la depresión.

El enigmático título de la obra, por su parte, es explicado en el centro de la obra de esta manera:

"Ánimo, Ferdinand —me repetía a mí mismo, para alentarme—, a fuerza de verte echado a la calle en todas partes, seguro que acabarás descubriendo lo que da miedo a todos, a todos esos cabrones, que debe de encontrarse al fin de la noche. ¡Por eso no van ellos hasta el fin de la noche!"

El final de la noche representa todo el dolor de la vida, esa copa que los burgueses acomodados no osan apurar, pero que en la clase obrera y la media-baja (Bardamu es hijo de una pequeña comerciante) forma parte del menú de todos los días.