jueves, 15 de mayo de 2014

Pequeño análisis de la propaganda electoral...

A mi casa han llegado a lo largo de la tarde de ayer los envíos de propaganda electoral de PSOE y PP (a casa de mis padres ha llegado la de un tercer partido, pero no he estado pronto para hacerme con ellos). Es una buena ocasión para analizar (no sé si antropológicamente, lingüísticamente o simplemente desde el sentido común) los mensajes que los partidos envían al ciudadano, porque es un espejo de lo que empresas de mercadotecnia, partidos y sociedad española en general piensan sobre el españolito medio y su capacidad de movilización de cara a estas elecciones.

1. Ausencias importantes.

Del mismo modo que algunas antorchas en el entierro de César, en la carta del PP el nombre del candidato a a presidente de la comisión europea brilla por su ausencia. Y en la del PSOE cuesta encontrarlo y, desde luego, no aparece ninguna nota que explique su trayectoria. Es curioso, porque muchas de las decisiones europeas se quedan en la comisión y no llegan a pasar al Parlamento. Por ejemplo, según un documental que circula por la red (La mentira de las bombillas de bajo consumo en RTVE.es), la decisión de acabar con las bombillas convencionales, así como las cantidades límite de mercurio a incluir en las mismas, fueron aprobadas sin supervisión del parlamento europeo, a nivel de Comisión.  Así que, ya que por esta vez parece que se elegirá al Comisario Europeo que decida el grupo más votado (y no por arreglos políticos, compadreo, negociaciones sobre la nacionalidad del comisario, pactos Cánovas-Sagasta u otros arreglos revestidos de dudosa legitimidad democrática), sería un detalle que apareciera el nombre del candidato.
Mensaje del candidato del PP

Mansaje del presidente del PP

Mensaje de la candidata del PSOE
Otra ausencia importante es el programa electoral (¿El pro... qué?). Esa ausencia tiene un origen más difíciil de comprender para quienes no conozcan el márketing. Las cosas no se anuncian por lo que son, sino por las emociones que suscitan (algo que los literatos llamaríamos su lírica, pero que teóricos como  Christian Salmon llaman storytelling, traducible como "narración" o simplemente "mentira"). Para anunciar un café instantáneo, no podemos decir que se prepara en segundos (bueno, parece que desde hace unos años sí se puede), sino que nos lleva a un mundo mágico y extraordinario donde un pescador se enfrenta a un mundo hostil gracias a su taza de café caliente. Del mismo modo, bancos y compañías energéticas se anuncian con cualidades a menudo en las antípodas de su producto real. Así que no es de extrañar que, en lugar de programa, el PP proponga "seguir en la buena dirección", sin decir cuál es esa dirección ni por qué es buena: "Está en juego seguir avanzando o volver a la crisis", "el Partido Popular [tiene] la capacidad necesaria para [...] seguir construyendo la Europa próspera y solidaria (!) que queremos y defender tus intereses". Por su parte, el PSOE propone "un renacimiento del europeísmo [...] Recuperar la Europa con rostro humano a la que siempre hemos deseado pertenecer", sin indicar qué se propone para recuperar ese rostro humano.

2. El miedo a la abstención

Una de las principales diferencias entre los dos mensajes electorales es la importante presencia del miedo a la abstención en el mensaje del PP. Gran parte de la misiva (casi todo el espacio que firma Mariano Rajoy, y los primeros dos párrafos firmados por Miguel Arias Cañete) reflejan ese miedo. Más que a votar al PP, se anima al elector a votar ("Las decisiones que se adoptan en la UE tienen cada vez más incidencia en nuestra vida diaria", Cañete; "Más del 80% de las decisiones que se toman en Bruselas tienen impacto en nuestras vidas", Rajoy), y a procurar que el partido votado sea grande ("Hacen falta proyectos sólidos, sustentados por partidos fuertes", Cañete; "Sólo partidos grandes como el Partido Popular tienen capacidad para influir en la UE", Rajoy). Dejando aparte lo absurdo de algunos planteamientos (por ejemplo, lo importante no es cuántas de las decisiones que se toman en Bruselas afectan a España, puesto que casi todas deberían afectarnos; lo importante es cuánto de la legislación española está forzado por decisiones europeas), se hace evidente el miedo a que el electorado no vote.



3. El rostro humano

El mensaje del PSOE es en esto diferente, dejando el miedo a la abstención para un pequeño párrafo al final del texto. Se centra en atribuir a los partidos de derechas la deriva europea hacia el neoliberalismo, olvidando que dicha deriva es anterior a las últimas elecciones al parlamento europeo y procede al menos de la penúltima legislatura, si no de antes. Al fin y al cabo, ¿no fueron ambos grupos parlamentarios europeos los que eligieron a Durao Barroso presidente de la comisión? ¿No fueron ambos los que elevaron a presidente del Banco Central Europeo a quien, al elevar los tipos intentando evitar una inflación brutal, causó la ruina de tantas y tantas familias y pequeñas y medianas empresas? En fin, que el PSOE se ampara en el viejo truco de atribuir las culpas al otro ("o gobierna la derecha y los poderes financieros, o gobierna la izquierda para devolver Europa a los ciudadanos"), en un juego de enfrentamiento a dos bandas al que se ha acostumbrado al españolito. Aunque ha desaparecido la referencia a la necesidad de elegir un partido grande, ni siquiera se menciona la posibilidad de no hacerlo, con una arrogancia más sutil que la empleada por el PP, pero no por ello menos orgullosa.