lunes, 17 de marzo de 2014

Diez años ya

(Esto debería haberlo escrito hace una semana, pero entonces andaba yo corrigiendo exámenes y realizando otras tareas igualmente inútiles)

Diez años ya. Y aunque no hay nada que celebrar, sigo vivo. Diez años que han pasado de un tirón, a pesar de todas las crisis, a pesar de todos los muertos. Diez años en los que hemos perdido muchas cosas, hemos ganado alguna, y, como se dice en España, no podemos quejarnos.

Diez años ya que estallaron las bombas y que, sacudido por un espíritu de civismo que pronto desaparecería en mi, como en tanta y tanta gente, sentí que debía hacer algo. Y como no valía para otra cosa, me puse a escribir. Y escribí, aunque no llegué al lema latino del nulla dies sine linea. Mo: muchos días me quedé mudo, no dije nada. Por discreción. Por pereza. Por falta de tiempo. Por escasez de imaginación. Pero he de reconocer que saqué de mi interior más cosas de las que pensaba.

De vez en cuando, algún conocido del mundo real leyó estas líneas. De vez en cuando, fui yo quien hizo conocidos gracias a ellas. Muchos desaparecieron de mi vida: no supe seguirles la pista, o ellos no quisieron que se la siguiera. A todos los recuerdo con cariño.

Reconozco que mi blog está aquejado de cierto déficit de atención: no me centro en nada, no dedico a ningún asunto la menor profundidad. Pero a cambio, tiene la dudosa cualidad de ser persistente: no sucumbí a la tentación de cerrarlo para abrir otro distinto; es más, de los muchos que tengo abiertos es realmente el único al que dedico algo de tiempo.

Por eso, quien quiera seguirme, me puede localizar. Quizá sea un peligro: mi carta de presentación, cuando cambié de trabajo este verano, fue mi blog. Espero que no leyesen en él ninguno de los artículos más raros. Etiquetados están, así que son fáciles de encontrar. Y es curioso que a veces diga las verdades aquí, en este medio abierto, que puede leer todo el mundo sin contraseña, y no en facebook, donde tengo una cuenta con nombre imaginario y —hasta que tuve que poner mi dirección real para que otros no abriesen una cuenta con ella— correo electrónico falso.

Estos días estoy en uno de mis habituales ciclos depresivos, así que os atormentaré más a menudo con artículos diversos. Es una promesa fácil de cumplir, pues los tengo ya escritos en papeles, y solo es cuestión de decirle a blogger que cuelgue uno cada día, mientras yo tengo mis reuniones de evaluación.

Felicidades a todos los que habéis aguantado vivos estos 10 años que pasan del 11 de marzo de 2014, y felicidades, también, a todos los que habéis nacido desde entonces.