miércoles, 3 de octubre de 2012

Sin paga, nadie paga

Sin paga, nadie paga. Dirección de Alberto Olivares. Obra original de Dario Fo adaptada por Carla Matteini. Reparto: Pablo Carbonell, María Isasi, Marina San José, Carlos Heredia e Israel Frías. Teatro Infanta Isabel. 13 € (oferta de Letsbonus, precio normal 22€). El teatro es el espectáculo que peor se publicita: la mitad de los anuncios van dirigidos a gente que ya conoce las obras en cuestión, y la otra mitad son tan cutres que desaniman a los posibles espectadores. Y esa es una de las cosas que ayudan a que las salas estén continuamente vacías, incluso en un momento en que ya no es tanta la diferencia de precio entre teatro y cine. Pasaba yo por la calle barquillo cuando vi el cartelón del Teatro Infanta Isabel. El título resultaba atractivo y me convencí por completo cuando vi, en la letra pequeña, que era una adaptación de la obra de Fo (corolario: de haber mantenido el título original, me habría convencido antes). La obra de Fo es una comedia de humor absurdo que comienza con un grupo de mujeres asaltando un supermercado y llevándose la comida sin pagar. Una de las mujeres se da cuenta, una vez llega a casa, de que su marido pondrá el grito en el cielo cuando descubra lo que ha hecho. Así que decide ocultarle todo, y ahí comienza el embrollo. La adaptación ha actualizado el texto para reflejar la crisis actual y lo ha adaptado a la situación española, con algunas referencias a los sucesos de los últimos años. Entre los pocos cambios que he detectado (suelo leer la obra todos los años con mis alumnos) están la reducción del número de policías y su sustitución por otros personajes, así como la adición de pantomimas que no están en el texto pero que el texto sin duda pide, como el "blues" que cantan Pablo Carbonell e Israel Frías. El reparto tiene una actuación magnífica, quizá sobreactuada por exigencias del guión. Los movimientos de los personajes no dan un respiro y el pobre espectador se ve continuamente incapaz de contener la carcajada, a pesar de la dura situación que viven los personajes. Pues eso es lo único malo de la obra: que el público se vaya a casa con la sensación de que la comedia negra no está en el escenario, sino en la vida real.