martes, 4 de septiembre de 2012

Terror de la A a la Z: Raúl

Raúl se cansa de esperar a Jacinta, así que, sin hacer caso a su hermana Olga, se levanta de la mesa y se encamina hacia la cocina, dando de camino una patada disimulada a Ken. El pasillo es relativamente largo para un niño como él, que todavía ha de ponerse de puntillas para girar las llaves de la luz, pero ofrece sin duda interesantes posibilidades: todas esas puertas de cuartos de los mayores que le está prohibido explorar. Delante de la habitación de su madre hay un charco, como si el perro de sus primos se hubiera orinado. Pero el color es distinto. Antes de que se agache a observarlo más detenidamente, aparece su madre. Su cara tiene un matiz extrañamente pálido.
—¿Dónde están tus hermanos?
—Jugando en la salita. ¿Vamos a merendar?
—Primero daremos un paseo. Os compraré un bollo por el camino. Ve a avisar a tus hermanos, y me esperáis en el portal.
Es muy probable que a Raúl le extrañe el lugar donde ha de esperar a su madre: ¿no sería más lógico que fuera ella a buscarles? Pero la perspectiva de comer un bollo es, sin duda, atractiva. Así que se da la vuelta y busca a sus hermanos:
—Mamá ha dicho que nos vistamos para dar un paseo, que nos comprará un bollo por el camino y que la esperamos en el portal.
—Pues tendríamos que recoger esto.
—Mamá no ha dicho nada de recoger.
—Entonces, ¿no hay que recoger? —tercia el menor de los hermanos.
—Si no recogéis, os arriesgáis a que entre Jacinta y lo pise todo.
La advertencia de Olga parece convencer a sus hermanos, que se afanan en guardar los juguetes, de cualquier manera, en una caja. Después, se dirigen en grupo a la entrada para ponerse los abrigos.
—¿Dónde está mamá?
—Ha dicho que la esperamos en el portal.
—Pero a ella no le gusta que estemos en el portal.
—Pues es lo que me ha dicho.
Olga, Raúl y Teo abren la pesada puerta de madera. Una mano infantil oprime el pulsador de la luz. El eco del relé se propaga por la escalera. Al segundo intento, una vaga luminiscencia amarilla permite distinguir los empinados escalones embaldosados que bajan hacia la oscuridad del portal.