martes, 11 de octubre de 2011

Movilizaciones, mentiras y cintas de vídeo (4)

Mentira n.º 4: “Esto es por dos horas”.



El punto anterior nos lleva al aspecto más polémico. Lo que ha molestado a los profesores, dicen los medios, es que trabajaban 18 horas y ahora trabajarán 20. Eso no es del todo cierto.

Por un lado, esas horas son horas lectivas. Recordemos que los presentadores del telediario no trabajan sólo la hora y media que salen en pantalla, tres cuartos de hora al mediodía y otros tres cuartos por la noche. Un abogado no factura sólo las horas que ha estado hablando con su cliente o compareciendo ante un juzgado. Del mismo modo, un profesor no trabaja sólo las dieciocho, diecinueve, veinte o veintiuna horas que imparte docencia directa ante un grupo de alumnos, sino que luego tiene que vigilar pasillos, llamar a padres, asistir a reuniones semanales, corregir, preparar clases, etcétera.

Por un lado, el sistema era antes flexible. Los institutos procuraban que cada profesor impartiese el mínimo legal de horas de clase, siempre que eso permitiera que el departamento cubriese todas sus necesidades sin tener que recurrir a la contratación de más profesores. Conozco a compañeros que no dudaron en impartir 21 horas (el máximo legal) para poder hacer desdobles o apoyos en el aula.

Por otro, en el curso anterior aumentó enormemente el número de centros en que los compañeros impartían 21 horas, pero esto se hizo con un procedimiento distinto al actual: la estimación, centro por centro, del número de profesores necesario.

Ahora, la medida se ha tomado en sentido inverso. Es más fácil aumentar el número de horas a todos los profesores que hacer una optimización de recursos centro a centro. Pero la vía fácil acarrea consecuencias inesperadas, como la necesidad de hacer escoger a funcionarios de carrera entre cobrar medio sueldo en un puesto de trabajo a media jornada o quedarse en su casa cobrando el sueldo entero pero renunciando al complemento de destino.

Y esta medida, además, ha generado una inseguridad jurídica, pues en las instrucciones de comienzo de curso no se dice qué hacer con las reducciones de jornada que por ley deben disfrutar aquellos que impartan más de 18 horas de clase. Porque lo que no han dicho Lucía Figar y Esperanza Aguirre es que si tenemos más horas de clase, estaremos menos tiempo en el centro de trabajo. La letra de la ley y diversas sentencias judiciales dicen que debe ser una reducción de 4 horas (es decir, trabajar 33.5 horas en lugar de 37.5, 33.5 en el centro de trabajo), mientras que la interpretación que se está haciendo llegar de manera no escrita a los centros aboga por una reducción de 2 horas (de 37.5 a 35.5, 25 de ellas en el centro de trabajo). Puesto que la primera interpretación dejaría a los centros sin personal para cubrir ausencias del profesorado y vigilar pasillos, muchos directores están acogiéndose a la segunda, pero se arriesgan a reclamaciones masivas.

Vídeo n.º 4


(En realidad, es una presentación)